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martes, 31 de enero de 2012

Jorge Schussheim nos trae "La historia de Léibchick der Meshíguener."


La historia de Léibchick der Meshíguener.

Es tradición que cada pueblo tenga su loco, y el pueblo de mi papá no era la excepción a la regla.


Stanislawow se llamaba.

No! No el loco!. el pueblo!

Al loco lo conocían como Léibchick der Meshíguener, o sea Luisito el Loco.


Léibcchik no parecía judío, sino polaco: alto, con una cabellera rubia llena de bucles y ojos celestes, pero todo el mundo sabía que era judío.

Qué cómo lo sabía?


Porque no existe ni un sólo goi* polaco que entienda idish ni loco!.


Entender, dije, porque hablar, jamás.


Léibchik era mudo o se hacía el mudo para no contestar a los insultos que le proferían los idn** del pueblo cuando se les aparecía en las fiestas, sin haber sido jamás invitado a ninguna, por supuesto.


Porque no había bris, jásene o levaie*** en los cuales el mishíguener no se apareciera, como si un instinto misterioso le indicase que había comida y bronfn gratis.


Se abría la puerta y ahí estaba Léibchick con su flacura esquelética, sus botas agujereadas y el grueso capote sin el que nadie lo vió jamás.

Y un loco será un loco, pero también es un id, y entre idn se acostumbra a recibir a los pobres en la mesa para compartir con ellos el alimento.

Así que la presencia de Léibchick era aceptada en esas fiestas.


Aunque alimento es una manera de decir, porque Luisito jamás comía: todo lo que le servían lo envolvía inmediatamente en un diario viejo y lo hacía desaparecer en un santiamén en el interior del famoso capote.


Pero no vayan a creer que guardaba la bebida.

Se tomaba todo lo que tenía a mano, fuera bronfn, kvass, vishnick****: todo era bueno para Léibchick, que se lo tragaba sin respirar.


Y después, con los bolsillos llenos de comida envuelta en pedacitos de papel de diario, se iba, tan misteriosamente como había llegado, hacia su desconocida morada.

Cuarenta y ocho horas después del 1 de septiembre de 1939, los nazis entraron en Stanislawow sin otra resistencia que la de Léibchick, quién parado en mitad de la calle gritaba furiosamente ,"Guei avek! Guei zirik!" Váyanse! Vuélvanse!

Según le contaron a mi papá mis falsos y extrañados tíos Max, Mundek y Oleg, y mis queridas y falsas tías Gitcha y Ianka, sobrevivientes que se salvaron y llegaron a Buenos Aires en 1947, la ráfaga de ametralladora partío a Leibchick literalmente en dos y los tanques ni siquiera evitaron pisar su cuerpo.


Recién después que la guerra terminó, los poquísimos judíos que quedaron vivos en el pueblo pudieron reconstruir la vida secreta de Luisito el Loco, y supieron finalmente porqué estaba tan flaco y nunca comía los alimentos que se llevaba en su capote.

Era porque con ellos alimentaba a un grupo de huerfanitos a quienes alojaba, cuidaba, curaba y alimentaba a costa de su propia hambre, en un sucucho escondido que tenía en las afueras del pueblo.

Siento la obligación de contar esto, porque los que le contaron la historia de Léibchick a mi papá ya murieron, así como él, y si yo no se lo contara a ustedes, esta mínima vida tan enorme no sería recordada por nadie el día que me toque morirme a mí.

Cuéntensela a quienes ustedes quieran.


Pero que sea antes de morirse.

Jorge Schussheim


Notas:
* goi: 'gentil', no judio.En hebreo significa "pueblo"


** idn: judios/ 'id': judío(en idish)


*** bris, jasene, levaie: circuncisión, casorio, entierro


**** bronfn, kvass, vishnick: licores, vodka, licor de cerezas,ciruelas

fuente: llegó en un e-mail.

lunes, 31 de enero de 2011

Un gitano recuerda ante el Bundestag el "holocausto olvidado"




Un gitano recuerda ante el Bundestag
el "holocausto olvidado"


Berlín, 27 ene (EFE).- Un gitano holandés, Zoni Weisz, fue hoy el orador principal en el Bundestag, el parlamento alemán, a la hora de conmemorar la liberación del campo de concentración nazi de Ausschwitz hace 66 años en la jornada en la que Alemania rinde homenaje a las víctimas del Holocausto.



Y su discurso estuvo dedicado ante todo a recordar lo que él calificó como "el holocausto olvidado", en alusión al cerca de medio millón de Sinti y Roma, las grandes familias de gitanos centroeuropeos, víctimas de la maquinaria nazi.




El holocausto de los gitanos sólo ha empezado a ser desde hace poco objeto de investigación histórica, recordó Weisz, quien sobrevivió a la persecución nazi debido a una serie de casualidades.



El 16 de mayo de 1944 en una serie de redadas sus padres y sus hermanos, que vivían en la pequeña ciudad holandesa de Zutphen, fueron detenidos por las fuerzas de ocupación nazis.



Zoni Weisz, que tenía siete años, no fue detenido porque estaba de visita en casa de una tía fuera de la ciudad pero posteriormente los nazis dieron con él, y con otras nueve personas.



En el camino a Ausschwitz, en una estación donde debían cambiar de tren, un policía holandés le ayudó a él y a sus compañeros a fugarse.



Weisz sobrevivió el último año de la ocupación escondido y al final de la guerra supo que sus padres y sus hermanos habían muerto en el campo de concentración.

Pese a que Weisz asegura que su familia fue una familia normal y feliz hasta 1944, también subrayó que la persecución de los gitanos había empezado mucho antes de la llega al poder de los nazis y que en muchos países europeos no ha terminado.



"Pese al medio millón de Sinti y Roma asesinados en el tiempo del nazismo la sociedad no ha aprendido nada de ello. De lo contrario, ahora tendría un comportamiento más responsable hacia nosotros", dijo Weisz.




"Somos europeos y debemos tener los mismos derechos que los otros", agregó el superviviente del Holocausto.



Subrayó que resulta especialmente preocupante que en países como en Bulgaria y Rumanía los Sinti y Roma tengan que seguir llevando una existencia indigna.



En Hungría, según Weisz, la minoría gitana es perseguida abiertamente por
ultraderechistas con uniformes negros y en otros países de Europa Oriental existen restaurantes con letreros que dicen "Prohibida la entrada a gitanos".



El presidente del Bundestag, Norbert Lammert, subrayó que los gitanos siguen siendo "la minoría más grande y más discriminada en Europa". EFE


jueves 27 de enero,

Copyright © 2011 EFE via www.yahoo.com.mx

domingo, 31 de enero de 2010

"Auschwitz nunca fue liberado"

Por Jack Fuchs *


Para la narración de la historia –los historiadores usan aquí mayúsculas que evito– sesenta años es nada más que un parpadeo del tiempo, para un hombre es casi todo su tiempo.


De modo que un hombre, aunque sólo sea por una mínima razón de perspectiva, no habla como historiador o como filósofo, por más que el filósofo o el historiador no sean más que un hombre. Hace sesenta años que la historiografía, y casi la entera totalidad de la literatura que se ocupó de pensar el campo de concentración como objeto, viene diciendo que el 27 de enero de 1945 Auschwitz fue liberado.

Yo mismo usé esa terminología. Pero liberar supone una acción voluntaria, una decisión política, militar, una forma de intervención específica y concreta. Y no fue eso lo que ocurrió en Auschwitz. Auschwitz, del ’41 al ’45 fue ignorado por los aliados. Los campeones de la libertad, de la democracia y el progreso humano, los líderes del antinazismo estaban ocupados en asuntos de más vasto alcance: se trataba de ganar la guerra.


De conquistar hegemonía política, económica y militar en ese escenario europeo devastado por la misma lógica de la guerra. Y en la guerra, como se sabe, las personas no cuentan, no tienen valor. Los aviones aliados sobrevolaron los campos desde 1944: jamás bombardearon una sola cámara de gas, los hornos crematorios jamás fueron concebidos como objetivos militares de guerra.


Bombardearon Munich, pero no bombardearon Dachau, que está al lado, o Slesia, un verdadero objetivo militar porque allí se concentraba parte de la industria alemana de guerra, pero no bombardearon Auschwitz, a muy pocos kilómetros de distancia. Habría que decir: hace sesenta años que Auschwitz no fue liberado.


Hace sesenta años que el Ejército Rojo encontró huellas de las víctimas, barracas vacías, montañas de zapatos, de pelo humano, de anteojos, de juguetes que habían estado en manos de los niños, cadáveres sin enterrar. El general soviético Petrenko cuenta en sus memorias (Antes y después de Auschwitz) que él “liberó” el campo, pero reconoce que hasta un día antes, hasta el 26 de enero, no tenía información acerca de su existencia y que, en realidad, se dirigía a localidades cercanas cumpliendo el plan de reconquistar zonas ocupadas.


Sin embargo, durante 1941 las primeras víctimas del gas en Auschwitz fueron oficiales y soldados del Ejército Rojo, fue con prisioneros soviéticos con quienes se puso a prueba el funcionamiento maquinal de las cámaras y la incineración en los crematorios. De modo que el ejército de la revolución proletaria sabía muy bien qué era Auschwitz.


¿Cómo podía pasar inadvertido que desde el otoño de 1941 hasta noviembre del ‘44 Auschwitz había producido un millón seiscientas mil víctimas? ¿Cómo se pudo mantener ocultos los trenes con carga humana, que salían de París, de Roma, de Budapest, de Praga, de Berlín, de Viena, de Amsterdam y llegaban por la mañana con miles de personas vivas que unas horas después, más bien durante la noche, quedaban convertidas en ceniza?


No, no fue ningún secreto. No podía serlo. Porque los grandes movimientos de transporte, la enorme energía desplegada en esa máquina de muerte era enteramente visible. Los gobiernos aliados sabían muy bien lo que pasaba. Lo mismo en el frente inglés-americano que en el frente soviético.


Los ingleses se atribuyen haber “liberado” Bergen Belsen y los norteamericanos, Dachau. Pero tampoco fue así. Los ingleses y los americanos encontraron los campos. Antes de que el ejército soviético llegara a Auschwitz, los alemanes habían huido llevándose con ellos a los prisioneros en lo que se conoce como la Marcha de la Muerte, camino de Alemania.


El comandante de Auschwitz, Rudolph Hoss, fue apresado en Alemania, enviado a Polonia, juzgado y colgado frente a una de las barracas de Auschwitz en 1947. En el ’45 yo estaba en Dachau, providencialmente me habían llevado ahí desde Auschwitz, y ningún soldado americano vino a rescatarme, los alemanes nos metieron en un tren que después abandonaron a mitad de camino; literalmente, a mí me encontraron en el cobertizo de una casa de campo en Baviera.


Cuando terminó la guerra me gustaba decir que los aliados me habían liberado de Dachau. La juventud es más épica. Tardé años en comprender que no había sido así. No hubo ninguna intención de terminar con los campos. Los sobrevivientes fuimos encontrados en la ruta de los distintos ejércitos, mientras cumplían el único objetivo que se habían propuesto: derrotar a Alemania.


La prioridad, la única finalidad, diría, fue la de derrotar al nazismo, y nunca la de rescatar a las víctimas. Los aliados permitieron que durante toda la guerra la matanza se ejecutara sin obstáculos.Hoy, escribo esta nota y me es difícil retroceder en el tiempo y verme en el planeta Auschwitz (digo planeta irónicamente, para evocar la idea de que la tierra, los hombres, no podrían dar forma a una máquina semejante de muerte, pero sin embargo fue en la tierra y son los hombres), donde los SS eran dioses siniestros que decidían sobre la vida y la muerte a cada momento.Henry Ibsen dijo que la mayoría no siempre tiene razón.


Las Naciones Unidas, todas las organizaciones que preparan actos para la ocasión, la mayor parte de la prensa mundial hablan en estos días de la “Liberación” de Auschwitz, para mí se trata de una ironía de mal gusto, no puedo pensarlo de otro modo, quizá se trata sólo de una imprecisión en el lenguaje, quizá las cosas van más rápido que el lenguaje, pero no creo en esta interpretación, las palabras siguen hablando y a su modo dan cuenta siempre, fatalmente, de la verdad que ponen a cada momento en juego: las palabras y la verdad de lo que dicen y ensombrecen.


Yo pregunto (me gustaría escribir como Zola: yo acuso, pero me reservo esa gravedad y ese entusiasmo ya un poco anacrónicos), ahora, 60 años más tarde, señores: ¿por qué los campos nunca fueron liberados? Y más, pregunto: ¿es la misma persona, soy el mismo, que hace 60 años, hasta unos meses antes, caminaba, si puede llamarse a eso caminar, entre los pabellones?


En la entrada de Auschwitz hay una placa escrita en
19 lenguas (hasta 1991 ese texto no figuraba ni en idish ni en hebreo), pretende dar testimonio universal de la tragedia, como cuando el turista se pasea por Le Marais, en París y lee “aquí vivió Victor Hugo”, el turista se detiene, se estremece, dice “Ah, la casa de Victor Hugo”, y después sigue, hay muchas otras cosas para ver, se hace tarde y quiere volver a su cuarto de hotel, sacarse los zapatos y tomar una ducha.

* Intelectual, pedagogo, historiador, sobreviviente del campo de concentración y exterminio AUSCHWITZ.


Fuente: Diario Página 12

Nota del Editor I,
Este texto fue publicado en el diario Página 12 en marzo de 2005.
Recien lo encontre y decidí que debe ser publicado, por su vigencia y por ser un documento necesario.
DE LECTURA OBLIGATORIA !!!

Lic. Jose Pivín
frente al puerto de Haifa
frente al mar Mediterráneo




NOTA DEL EDITOR - II

El texto lo publique en mi Blog 'PAGINA 1-

JOSE PIVIN', en abril de 2009.

Hoy me parece necesario incluirla nuevamente

en este Blog, para darle más amplia difusión.

Su autor sabe lo que dice, lo que dijo, pues fue

uno de los sobrevivientes de ese terrible crimen
organizado por la BESTIA PARDA-NAZI, y puede
contarlo y dar su opinión sobre todos estos tristes temas.

Ya he publicado varios textos del Sr. Jack Fuchs,

a quien admiro y valoro y le deseo buena salud y
todo lo mejor !!!

Con amistad y sincera estima.

Lic. Jose Pivín
frente al puerto de Haifa
frente al Mar Mediterráneo

Israel, 1 de febrero de 2010





sábado, 30 de enero de 2010

A 65 años de la liberación del campo de Auschwitz



Aniversarios del horror
Marcos Aguinis

Para LA NACION

El 27 de enero de 1945 amaneció con una sorpresa escalofriante para las tropas soviéticas. Ingresaron en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Algunos rumores ya se habían esparcido sobre la industria de la muerte que allí se había puesto en ejecución. Pero eran demasiado alucinantes para ser creídos. En 1944, sin embargo, se había liberado el campo de Maidanek, que los confirmaba. Pero Auschwitz golpeó en los rostros y el entendimiento. Era la cúspide de una maldad inédita.

La inminente derrota impulsó la huida de los soldados nazis, que se llevaron una gran cantidad de prisioneros, para que no cayesen en manos aliadas y describiesen su martirio. Esto revela que los nazis tenían conciencia sobre lo condenable de su crimen. El Ejército Rojo sólo encontró en Auschwitz unos 5000 sobrevivientes que no podían caminar y a los que la locura del Tercer Reich no alcanzó a destruir. Pronto se supo que en esas marchas forzosas perecieron otros millares de hombres, mujeres y niños por las crueldades del invierno y las balas que dejaban en la nieve a los incapacitados de seguir caminando.

Las Naciones Unidas instituyeron el 27 de enero como el Día Internacional del Holocausto. En efecto, el 27 de enero de 1945 fue un mojón en la macabra serie de descubrimientos que convulsionó a los soldados aliados. Las noticias sobre la peor matanza de la historia humana que circularon antes de esa fecha no habían sido creídas. O se prefirió no creerlas. De ahí que la responsabilidad por el Holocausto involucre también a muchos dirigentes y pueblos que no hicieron todo lo que estaba en sus manos para impedirlo.

En enero se cumple otro oscuro aniversario: la Conferencia de Wannsee. El 20 de enero de 1942 tuvo lugar un encuentro de quince jerarcas nazis en un hermoso suburbio de Berlín para decidir la liquidación total de los judíos. Allí se labró un documento que pretendía dar muerte a los 11 millones de judíos que vivían entonces en Europa (lograron liquidar 6 millones, poco más de la mitad). Su prolija lista incluía hasta los 200 judíos de Albania, los 1300 de Noruega, los 3000 de Portugal. Números irrelevantes que ni calzaban en las teorías conspirativas del nazismo.





Pero estaban las demás comunidades, más numerosas, que comprendían desde decenas o cientos de miles, hasta millones, que estimulaban el apetito genocida. Ningún miembro de ese antiguo pueblo tendría derecho a salvarse. Antes se había insistido en una Alemania Judenrein (limpia de judíos), ahora se anhelaba la "solución final del problema judío", un eufemismo que aspiraba a un rápido y fabuloso asesinato.

La elegante casona de Wannsee ocupaba un espacio bellísimo junto al lago del mismo nombre. Tenía senderos con rosedales que en aquella nefasta jornada no se lucieron por la temperatura invernal. Las puertas eran de estilo francés y el interior lucía una decoración refinada. Las deliberaciones se realizaron en el comedor, mientras se servía un frugal almuerzo. En ese ambiente confortable se planificó, sin el menor atisbo de piedad, el mayor crimen de la historia.

Se desempeñó como jefe del encuentro el general Reinhard Heydrich, quien dedicó el primer tercio de la reunión para efectuar un análisis pormenorizado del tema. Heydrich fue herido tres meses después en Praga por la resistencia checa y murió el 4 de junio del mismo año.

En esa reunión había puntualizado que Alemania ya extendía sus dominios desde el círculo polar ártico hasta el desierto del Sahara, y desde los Pirineos hasta los Urales. En el mundo existían muchos líderes, gobiernos e intelectuales que admiraban al Führer, algunos de un modo silencioso todavía. Dijo que ésas eran las buenas noticias. Las preocupantes, en cambio, provenían de la obstinada resistencia en el frente oriental y la negativa británica a rendirse.

Era pues el momento de poner fin de una buena vez a la "cuestión judía", un tema central del nacionalsocialismo. La "limpieza" realizada hasta ese momento mediante ejecuciones, marginación y emigración, tropezaba con dos obstáculos. Primero, en lugar de disminuir el número de judíos, las conquistas del Reich lo multiplicaron de forma alarmante. Segundo, la emigración había dejado de ser eficiente, porque los países del mundo habían cerrado sus puertos.

Este último dato revela la complicidad de casi todo el planeta en la tragedia del Holocausto. Ni siquiera los países involucrados ya, y que luego se involucrarían en la guerra, tuvieron la nobleza de ofrecer amparo a las víctimas de esa irracional persecución. Después de la Conferencia de Evian (Francia) en 1939, donde los países democráticos se excusaron por no recibir judíos en fuga, los nazis redoblaron su agresividad.

En 1942, la reunión de Wannsee optó por la masacre industrial como último recurso. No sólo lo avalaba su psicótica ideología, sino la actitud del resto de la Tierra. Desde que Hitler había asumido el poder en el año 1933, había lanzado decenas de "leyes raciales" cada año, destinadas a humillar y ahuyentar judíos. Las naciones se mantuvieron indiferentes. Las protestas sólo eran manifestadas por individuos o pequeños grupos. A Berlín llegaban mensajes de que los seres que los nazis pretendían hacer desaparecer no eran queridos ni respetados por nadie. El cierre de los puertos, cada vez más firme, demostraba que los judíos no eran aceptados en ningún lugar. Adelante, pues.

Los quince jerarcas reunidos en Wannsee intercambiaron opiniones sobre el ambicioso plan. Adolf Eichmann fue encargado de tomar notas sobre lo que se iba diciendo. Hubo coincidencias en la necesidad de proceder con aplomo, eficacia y celeridad. Los papeles redactados por Eichmann fueron después corregidos por Heydrich mismo, quien se ocupó de ocultar los verdaderos y diabólicos designios mediante eufemismos que ahora no presentan dificultad para ser traducidos a su real y atroz significado.

En Wannsee hubo un alucinante contraste entre la belleza del lugar y su demoníaco objetivo. Ese modelo fue copiado en los muchos campos de concentración y asesinato que se erigieron rápidamente en todos los países conquistados. En efecto, por un lado se expandía la miseria de prisioneros tratados peor que las cucarachas, y cuyo final era morir electrificados en las alambradas, mordidos y desangrados por los perros, baleados en divertidas competencias de los guardias, gaseados en cámaras que simulaban ser duchas y finalmente convertidos en humo negro por los infatigables crematorios. Por el otro, adheridos a ese repugnante báratro, se erigían las residencias de los jefes nazis con jardines, jaulas llenas de pájaros coloridos, piletas de natación, bibliotecas y hermosos salones con piano de cola, en los que se celebraban reuniones distinguidas. Era otra muestra de la esquizofrenia que suele soplar huracanadamente en el espíritu de los fanatismos.

Durante su juicio en Jerusalén, Adolf Eichmann confesó que en la Conferencia de Wannsee se habló de forma explícita, sin guardarse palabras. No obstante, él y Heydrich maquillaron el texto para evitar expresiones comprometedoras, como dijimos unos renglones antes. El objetivo fue sellado sin vacilación. Por eso, ahora es legítimo afirmar que el monstruo se alzó a partir de esa fecha con toda su potencia y descaro. En poco tiempo logró borrar incontables comunidades judías de Europa y asesinar a millones de seres humanos.

Una pregunta llena de angustia, frente a esos dos horribles aniversarios, es si la humanidad aprendió algo o seguirá repitiendo errores. © LA NACION
fuente: DIARIO LA NACION - BUENOS AIRES, 29 DE enero 2010

miércoles, 27 de enero de 2010

Enero 27, Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto



El Holocausto - Ha- SHOA- El genocidio de 6 millones de judíos a manos de los Nazis Alemanes y Asociados

El holocausto


Por Luis Maldonado para Vanguardia – de Mexico

Hacia 1933, en los 21 países de Europa que serían ocupados por las tropas de Adolfo Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, vivían cerca de nueve millones de judíos. A partir de 1938 y hasta 1945, campos de concentración como los de Auschwitz, Majdanek, Dachau y Treblinka, entre otros, redujeron esta cifra a tres millones.

De los seis millones de seres humanos asesinados, más de tres millones murieron en los campos de exterminio de la Polonia ocupada. Hubo otras víctimas: gitanos, polacos, eslavos, prisioneros soviéticos, homosexuales, comunistas y discapacitados, entre ellas. Sin embargo, el pueblo judío fue el blanco central del exterminio nazi: dos tercios de la población judía de Europa, que incluía a millón y medio de niños, fueron aniquilados.





Eberhard Jäckel, historiador alemán, señaló inequívocamente el genocidio: “Nunca antes un Estado había decidido y anunciado, bajo la autoridad de su responsable supremo, que había que exterminar a un grupo humano determinado, en su totalidad si era posible. Decisión que ese Estado aplicó después con todos los medios a su disposición”.



Con el triunfo de los ejércitos aliados, empezó a develarse el horror del exterminio. Pero los espeluznantes detalles del asesinato metódico de millones de seres humanos tardarían en conocerse plenamente, porque el impacto inicial provocado por el hallazgo de campos y de sobrevivientes, pareció diluirse ante la euforia de la victoria. Además, la mayor parte de los que habían sobrevivido a los campos de concentración preferían no hablar del genocidio.



En 1960, la captura en Buenos Aires de Adolfo Eichmann, El Ángel Exterminador, su juicio y ejecución posterior en Israel, todo ello dispuesto por el primer ministro David Ben Gurión, reencauzaron y revitalizaron en el pueblo judío la memoria del holocausto. Y el mundo conoció a fondo atrocidades como las cometidas en las cámaras de gas de Auschwitz, donde llegaron a ser sacrificados hasta 8 mil judíos diariamente.



Más allá de la resolución 60/7 de la Organización de las Naciones Unidas, emitida el primero de noviembre de 2005, para señalar el 27 de enero como el Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto, el hecho es que hoy el recuerdo del genocidio forma parte de la identidad y la cultura de Israel.



Ya no hay disyuntiva entre olvido o recuerdo. Para la mayoría de la población judía los horrores del pasado forman parte de la biografía personal o están incorporados a la identidad colectiva. El Holocausto es, han señalado los analistas, memoria nacional institucionalizada.



Conforme pasan los años, disminuye el número de sobrevivientes. Muchos eran entonces niños, atrapados tras las alambradas de los campos de concentración. Pero en ellos, con ellos y por ellos, está la memoria.



La lección del Holocausto es universal. Otras formas de discriminación originan crímenes de odio en diferentes partes del planeta. Hace cinco años, al cumplirse 50 años del holocausto, el ex secretario de la Organización de las Naciones Unidas, Kofi Annan, nos recordó lo ocurrido en Camboya, Ruanda y la ex Yugoslavia. “El mundo ha fallado en su tarea de evitar el genocidio”, advirtió el Premio Nobel de la Paz.



fuente: diario Vanguardia – de Mexico
25/01/2010