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miércoles, 9 de abril de 2014

Víctimas no judías del exterminio nazi.




Si bien la mayoría de los condenados a muerte en las cámaras de gas de los campos de concentración nazis durante la II Guerra Mundial fueron judíos, estos no fueron los únicos que sufrieron esta condena. Los gitanos, los homosexuales, los enfermos mentales y los disminuidos psíquicos y físicos fueron otros de los colectivos afectados por las deportaciones y condenas a muerte en los campos de concentración. Los siguientes textos, extraídos del “site” que Dominique Natanson mantiene dedicado al holocausto tratan sobre este asunto.


Algunos gitanos fueron condenados a trabajos forzados en el campo III C, denominado el "campo gitano". Los demás fueron exterminados a su llegada o poco después. Los gitanos, explotados como mano de obra barata, debían trabajar en una fábrica de ladrillos, en un aserradero, y debían cavar canales de irrigación. Terminaban por morir igualmente, vencidos por el hambre y el agotamiento. Los gitanos vivían en tiendas o a cielo abierto, hambrientos y descalzos, bajo el sol y la lluvia. El alimento que recibían era aún peor que el de los otros prisioneros y los oustachis (los nazis croatas) encontraban un placer especial en golpearles y azotarles. A la caída de la noche, sacaban a algunos del campo para matarles.

Algunos prisioneros no gitanos intentaron esconder a los gitanos de los oustachis. Entre ellos había un violinista llamado Jovanovic. Pero el comandante del campo, Filipovic, le descubrió y le mató. El botiquín del campo no atendía a los gitanos. El capellán de los oustachis, apodado "padre Satán" ordenó que todos los gitanos enfermos fueran ejecutados. Algunos de los gitanos llegados a Jasenovac eran músicos. Los oustachis crearon numerosos grupos de músicos gitanos. En junio de 1.942 ellos y otros prisioneros fueron obligados a tocar en concierto. Fueron ejecutados nada más terminar.

Las condiciones de vida del campo III C eran tan terribles que se debían recoger cada mañana casi cuarenta cuerpos de prisioneros muertos por el frío. Bozidar F. Trabajaba en la lavandería del campo. Pudo ocultar su identidad. Otro gitano - un violinista llamado Vaso- tocaba en la orquesta del campo. Ellos dos fueron los únicos, junto a dos gitanos alemanes de Turingia que habían trabajado en una forja como fogoneros, que sobrevivieron a la carnicería hasta los últimos días del campo.

El exterminio en Ustice y Gradina.

Un superviviente, Dusan Culum, recuerda: " Todos los días, llegaban a Jasenovac de seis a doce vagones de gitanos. Debían desembarcar del tren ante el campo y sentarse en el suelo. El comandante del campo, Luburic, u otros responsables oustachis les señalaban el lugar donde serían instalados para trabajar. Los oustachis cogían primero a los hombres y les contaban que serían enviados a Alemania. Les hacían cantar "Bendito sea Pavelic (el jefe nazi croata)" y les embarcaban. Les hacían montar en balsas para cruzar el río hasta Ustice y les llevaban a casas cuyos ocupantes servios habían sido asesinados. Las casas estaban rodeadas de espino y formaban un pequeño campo. Después, los oustachis mataban a los gitanos a mazazos y los enterraban en los jardines. Tras haber matado a los hombres, volvían y mataban a las mujeres y a los niños".

A otros recién llegados les contaban que serían enviados a Bosnia e instalados en las tierras de los partisanos que habían huido al monte. "Que Dios os bendiga", dijo una vieja gitana al escucharlo. Los gitanos atravesaron el río para alcanzar Ustice. Los hombres fueron conducidos a la orilla, atados de cinco en cinco y asesinados. Los oustachis regresaron enseguida para matar a las mujeres y los niños. Como la capacidad de exterminio del campo de Ustice se reveló insuficiente en relación al número de prisioneros llegados a Jasenovac, se abrió un nuevo centro de exterminio en Gradina. Un grupo de hombres, mujeres y niños fue conducido directamente por tren a Gradina sin pasar siquiera por el campo de Jasenovac. Se les ordenó cantar durante el viaje las canciones que entonaban en la celebración de las bodas. A su llegada a Gradina fueron ejecutados y enterrados en fosas comunes.

Un superviviente describe el modo en que fue conducido otro convoy de mujeres y niños, en canoa, a Gradina. Los prisioneros habían cavado allí una fosa. Las mujeres fueron llevadas hasta el borde de la fosa, primero en grupos, luego una a una, para ser abatidas. Después, el grupo encargado del trabajo debió cavar otra fosa. Los vestidos de los gitanos asesinados eran enviados a un fábrica textil del campo, y de allí a una fábrica en Zagreb, cuyo propietario era Pripic. Algunos gitanos cavaban las tumbas. Cada cierto tiempo, los trabajadores de estos grupos eran abatidos, y se formaba un nuevo grupo. En 1.945 fue asesinado el último de ellos, y ningún testigo de Ustice sobrevivió.

La evasión de Jasenovac.

Simon Kotur formó parte del comando encargado de cavar las tumbas del campo III C. Según cuenta,
"450 de nosotros fueron escogidos para ser reemplazados por nuevos obreros. Nos ataron las manos y nos enviaron en lanchas para cruzar el río Sava. Pudimos distinguir un grupo de gitanos en la otra orilla, cavando nuestras tumbas. Ellos nos gritaron: "No os matarán esta noche. No hemos podido hacer una fosa tan grande para todos vosotros". Todo el día estuvimos viéndoles cavar nuestras tumbas. Mi amigo Branko me dijo: "Nos mataran mañana. Es necesario fugarse de cualquier forma". Acordamos que cuando los oustachis comenzaran a llevarnos hacia la fosa, nosotros saltaríamos detrás y huiríamos a la carrera. Los oustachis mataron a 20 de nosotros esa noche. Por la mañana, vimos a los otros gitanos cavar nuestra tumba hasta el mediodía. A las 4 de la tarde, estos gitanos, escoltados, nos trajeron un guiso. Tres horas después, los que habían tomado esta comida fueron presa de convulsiones y murieron. A las 9 de la noche, los oustachis comenzaron a reunir a los que quedábamos. Nos ordenaron desnudarnos. Stevo saltó sobre un oustachi y gritó: "¡ Corred, muchachos!" Yo pude pasar bajo la cerca y correr hacia el lugar donde el río Una confluye con el Sava. Cuatro de los nuestros lograron escapar y atravesar los campos corriendo hasta Prodsara".
Joka Nikolic también pudo escapar antes de la ejecución y esconderse entre los rosales junto al río. Más tarde, se unió a los partisanos. Volvió a reencontrarse con Janko Gommen, otro fugado de Jasenovac. Tras múltiples evasiones, los gitanos fueron puestos bajo la vigilancia de guardianes armados con ametralladoras y atados de dos en dos cuando eran conducidos a la ejecución.
Citas extraídas de Donald Kenrick y Grattan Puxon: Los gitanos bajo la opresión nazi. Centro de Estudios Gitanos, CRDP, Midi-Pyrénées, Toulouse, 1.996)


Decenas de millares de homosexuales fueron deportados por los nazis. La organización de esta deportación no fue sistemática y, al contrario que los judíos y los gitanos, la mayoría de los homosexuales no eran exterminados a su llegada al campo. En Francia decenas de homosexuales fueron arrestados, sobre todo en el este del país, en Alsacia y Moselle que eran entonces provincias alemanas.
Los arrestos pudieron ser efectuados gracias a los ficheros que había realizado la policía francesa antes del inicio de la guerra. El origen de esta deportación está en relación con el racismo: la homosexualidad era un delito porque impedía la reproducción de la pretendida “raza germánica”.

Documentos históricos:  
1. Discursos nazis sobre la homosexualidad:
Si admito que hay de uno a dos millones de homosexuales eso significa que un 7 u 8% de los hombres son homosexuales. Y si la situación no cambia, significa que nuestro pueblo será infectado por esta enfermedad contagiosa. A largo plazo, ningún pueblo podría resistir a tal perturbación de su vida y su equilibrio sexual... Un pueblo de raza noble que tiene muy pocos niños posee un billete para el más allá: no tendrá ninguna importancia dentro de cincuenta o cien años, y dentro de doscientos o quinientos años estará muerto. La homosexualidad hace encallar todo rendimiento, destruye todo sistema basado en el rendimiento. Y a esto se añade el hecho de que un homosexual es un hombre radicalmente enfermo en el plano psíquico. Es débil y se muestra flojo en todos los casos decisivos... Nosotros debemos comprender que si este vicio continua expandiéndose en Alemania sin que lo combatamos, será el final de Alemania, el fin del mundo germánico.
 Discurso de Hitler sobre la homosexualidad pronunciado el 18 de febrero de 1937.

Hay que abatir esta peste mediante la muerte
 De un discurso de Hitler del 16 de noviembre de 1940.

2. Testimonios de prisioneros de campos de concentración nazis.
En los campos, los homosexuales eran sometidos a las mismas privaciones, brutalidades, trabajos forzados, experimentos médicos... pero además llevaban un triángulo rosa por lo que eran sometidos a vejaciones aun más graves. Algunos fueron dejados a los perros de las S.S. para que los devorasen antes que a los otros deportados. 
Testimonio de Pierre Seel acerca del campo de concentración de Schirmeck.
   





En la Alemania de entreguerras, científicos racistas como K. Binding y A. Hoche desarrollaron las ideas que iban a conducir a justificar la destrucción de “vidas sin valor”, de “existencias superfluas”, de “espíritus muertos”, de “envoltorios humanos vacíos”. Esta concepción, llamada “eugenismo” se inspiró en la idea de Darwin de la “lucha por la vida” y condujo a la exterminación de “seres inferiores”: alcohólicos, epilépticos, psicópatas, enfermos, débiles de espíritu, inválidos y enfermos incurables.
A través de la prensa y de la radio los nazis fueron acostumbrando poco a poco a los alemanes a concebir y a admitir una especie de “eutanasia” para estas personas. Además también se justificaban estas muertes porque, según ellos, eran personas incapaces de desarrollar un trabajo pero que consumían los recursos, y esto era inadmisible para un país en guerra.
Este es, por ejemplo, un problema de matemáticas que resolvían los niños en las escuelas nazis:

Un enfermo mental cuesta diariamente unos 4 marcos, un enfermo 5,50 marcos, un criminal 3,5 marcos y un apprenti 2 marcos.

1.        Haced un gráfico con estas cifras.
2.        Según prudentes estimaciones, hay en Alemania 300.000 enfermos mentales, epilépticos, etc. que reciben cuidados permanentes. Calculad cuanto cuestan anualmente estos 300.000 enfermos mentales y epilépticos. ¿Cuántos préstamos a fondo perdido (no reembolsables) de 1.000 marcos se podrían hacer para jóvenes matrimonios si este dinero pudiera ser ahorrado?.
Citado pro H.J. Gamm, Der braune Kult, Hamburg, Rútten una Loening, 1962.

La solución fue simple para los nazis: Había que deshacerse de los enfermos mentales y los epilépticos.
Una circular del ministerio del Interior alemán datada el 18 de agosto de 1939 obligaba a los médicos y a las comadronas a declarar qué niños nacían con deformidades. A éstos se les mataba enseguida mediante inyecciones de morfina o de escopolamina. Se creó un comité para el estudio científico de las enfermedades graves, hereditarias y congénitas y para estudiar los modos de aplicación de este tipo de “eutanasia”.. El 1 de octubre de 1939 una carta de Hitler (datada sin embargo en 1 de septiembre de ese mismos año) autorizaba a los médicos a “proporcionar una muerte misericordiosa a los enfermos incurables, según su apreciación tan rigurosa como sea posible”. La operación de eliminación de internos de los hospitales y manicomios comenzó en octubre de 1939, disimulada bajo el nombre de “código T4” (el lugar de la central, situada en el número 4 de la calle Tierganten de Berlín). La operación comportaba la selección de víctimas por una comisión de control (que juzgaba en la mayoría de los casos sobre la información contenida en los dossieres), el traslado a uno de los seis institutos de “eutanasia” repartidos sobre todo el territorio, la ejecución mediante monóxido de carbono (las inyecciones de morfina y de escopolamina se mostraron ineficaces), la incineración y una notificación de defunción y de condolencias para las familias.

La cámara de gas del centro de exterminio de Bradenburg era así: .
La sala de la muerte, antes de su instalación, había estado camuflada como sala de inhalación. Los muros estaban sellados. Más tarde se añadió al camuflaje duchas fijas en el techo, alimentadas por canalizaciones ficticias. A lo largo del muro, a diez centímetros del suelo, corría una canalización conectada a botellas de gas. En este tubo se habían hecho numerosos y minúsculos orificios a través de los cuales el gas se expandía por toda la sala. Las botellas de gas estaban en una habitación posterior, disimuladas por un revestimiento.

 Publicado en E. Kogon, H. Langbein y A. Rückerl, Les chambres à gaz, secret d’Etat, París, Editions de Minuit, 1984.


Aunque las operaciones se desarrollaban con gran discreción, usando un lenguaje codificado, los rumores circulaban y las familias se inquietaban. Las iglesias protestante y católica se alarmaron. El 3 de abril de 1941, monseñor von Galen, obispo de Münster, denuncia estos asesinatos. Fue seguido por os obispos de Fulda y de Limburg. El 24 de agosto de 1941 Hitler ordenó oficialmente la detención del programa T4. En esta fecha las víctimas eran ya 70.273 repartidas de la siguiente manera: 9.839 en Grafeneck, 9.772 en Brandenburg, 8.601 en Bemburg, 18.269 en Hatheim, 13.720 en Sonnenstein y 10.072 en Hadamar.
En la realidad, la eliminación de enfermos mentales e incurables continuó discretamente hasta 1945. Los centros de “eutanasia” recibían además convoyes de detenidos procedentes de campos de concentración que habían sido juzgados inútiles para el trabajo. Los documentos señalan la muerte, por ejemplo, de 5.000 detenidos procedentes de Mauthausen y de otros 3.000 de Dachau. El número de víctimas estimado en esta segunda fase de la operación T4 asciende a más de 30.000. Todos los ancianos judíos internos en establecimientos terapéuticos fueron matados de esta manera. La “eutanasia” permitió a los nazis asesinar a más de 100.000 víctimas indefensas. Fue la primera vez que se realizó un exterminio biológico justificado por el concepto de “higiene racial”; y la primera vez que fueron experimentadas las cámaras de gas que luego se usaron en las exterminaciones masivas de prisioneros de campos de concentración.
El Holocausto
Proyecto Clío
 fuente; http://clio.rediris.es/fichas/Holocausto/exterminio.htm

lunes, 16 de mayo de 2011

El sacerdote católico alemán Hermann Scheipers, el hombre que mantuvo la fe en el infierno


El hombre que mantuvo la fe en el infierno

por

José Antonio Cano | Granada

Nacido en 1913, ha vivido bajo dos dictaduras, la del III Reich y la de la RDA, y fue testigo de la mayor barbarie que vio el siglo XX, la de los campos de concentración nazis. Es Hermann Scheipers, el último sacerdote católico alemán que sigue con vida de los aprisionados por Hitler, un privilegio que afirma que sólo puede agradecer a su fe y que ahora difunde, como durante una conferencia ofrecida en Granada.

En su caso, el infierno duró cuatro años, de 1941 a 1945, en el campo de concentración de Dachau, cerca de Munich. Pasó antes seis meses en la cárcel, acusado de colaborar con otros 'enemigos del Estado', los polacos católicos, "raza inferior" condenada a trabajos forzados, con los que ejercía sus labores de sacerdote, según ha explicado.

El anciano sacerdote tiene claro que, si estuvo en los campos de concentración, fue "por mantener mi fe". Como él, alrededor de otros 3.000 religiosos católicos pasaron por los campos nazis, catalogados como 'enemigos del Estado', la misma categoría que sindicalistas, socialistas o comunistas, fueron encerrados, torturados y asesinados durante el régimen hitleriano.

Antes de su traslado al campo, se le ofreció la posibilidad de librarse si renunciaba a su sacerdocio. Un oficial de las SS llegó a insultarle acerca de "las tonterías del celibato", a lo que él respondió que Hitler tampoco estaba casado. "En ese momento supe que iría al campo", relata. Lo peor era vivir "con la sensación de que podías morir en cualquier momento. Allí la vida no valía nada".

Scheipers vivió en perspectiva los primeros años del Gobierno del Hitler como "un gran engaño". Recuerda las Olimpiadas de Berlín en 1936, cuando "toda la propaganda antijudía desapareció, se escondieron los carteles, dejaron de emitirse los mensajes por radio". La diplomacia con la Iglesia Católica y el buen trato público a los obispos "formaban parte de la misma estrategia, ocultar los intereses racistas de los nazis a las grandes potencias internacionales".

En 1937, el año de su ordenación, las iglesias católicas de toda Alemania leyeron 'Mit brennender sorge' ('Con ardiente preocupación'), la polémica encíclica en alemán de Pío XI, considerada por algunos como la primera condena internacional al régimen de Hitler y por otros como demasiado moderada. Para el padre Scheipers, algo "necesario" pero que provocó que, "sin perder el respeto formal", comenzase la "persecución silenciosa" de los sacerdotes católicos, sobre todo de los más modestos, como él, la infantería.

En el campo de concentración "no podían verse las cosas en términos de buenos y malos. Era un sistema perverso que volvía a los prisioneros unos contra otros". Los 'capos' de cada barrancón "eran prácticamente obligados a pegar palizas a los otros presos, y aunque muchos dejaban de pegar cuando no los veía ningún oficial, también los había que disfrutaban con ello".

El padre Scheipers también quiso explicar el "robo" del concepto de 'Heil', palabra secuestrada por el saludo hitleriano cuyas connotaciones en alemán anteriores al nazismo la situaban más cerca del 'salve' del castellano o el 'ave' del latín. 'Heil' proviene de la misma raíz que el verbo salvar y es una de las palabras que más se repite en la Biblia. Sin embargo, "el nazismo la pervirtió, huyendo de Dios y buscando la inhumanidad".

Fuente: EL MUNDO.ES

domingo, 31 de enero de 2010

"Auschwitz nunca fue liberado"

Por Jack Fuchs *


Para la narración de la historia –los historiadores usan aquí mayúsculas que evito– sesenta años es nada más que un parpadeo del tiempo, para un hombre es casi todo su tiempo.


De modo que un hombre, aunque sólo sea por una mínima razón de perspectiva, no habla como historiador o como filósofo, por más que el filósofo o el historiador no sean más que un hombre. Hace sesenta años que la historiografía, y casi la entera totalidad de la literatura que se ocupó de pensar el campo de concentración como objeto, viene diciendo que el 27 de enero de 1945 Auschwitz fue liberado.

Yo mismo usé esa terminología. Pero liberar supone una acción voluntaria, una decisión política, militar, una forma de intervención específica y concreta. Y no fue eso lo que ocurrió en Auschwitz. Auschwitz, del ’41 al ’45 fue ignorado por los aliados. Los campeones de la libertad, de la democracia y el progreso humano, los líderes del antinazismo estaban ocupados en asuntos de más vasto alcance: se trataba de ganar la guerra.


De conquistar hegemonía política, económica y militar en ese escenario europeo devastado por la misma lógica de la guerra. Y en la guerra, como se sabe, las personas no cuentan, no tienen valor. Los aviones aliados sobrevolaron los campos desde 1944: jamás bombardearon una sola cámara de gas, los hornos crematorios jamás fueron concebidos como objetivos militares de guerra.


Bombardearon Munich, pero no bombardearon Dachau, que está al lado, o Slesia, un verdadero objetivo militar porque allí se concentraba parte de la industria alemana de guerra, pero no bombardearon Auschwitz, a muy pocos kilómetros de distancia. Habría que decir: hace sesenta años que Auschwitz no fue liberado.


Hace sesenta años que el Ejército Rojo encontró huellas de las víctimas, barracas vacías, montañas de zapatos, de pelo humano, de anteojos, de juguetes que habían estado en manos de los niños, cadáveres sin enterrar. El general soviético Petrenko cuenta en sus memorias (Antes y después de Auschwitz) que él “liberó” el campo, pero reconoce que hasta un día antes, hasta el 26 de enero, no tenía información acerca de su existencia y que, en realidad, se dirigía a localidades cercanas cumpliendo el plan de reconquistar zonas ocupadas.


Sin embargo, durante 1941 las primeras víctimas del gas en Auschwitz fueron oficiales y soldados del Ejército Rojo, fue con prisioneros soviéticos con quienes se puso a prueba el funcionamiento maquinal de las cámaras y la incineración en los crematorios. De modo que el ejército de la revolución proletaria sabía muy bien qué era Auschwitz.


¿Cómo podía pasar inadvertido que desde el otoño de 1941 hasta noviembre del ‘44 Auschwitz había producido un millón seiscientas mil víctimas? ¿Cómo se pudo mantener ocultos los trenes con carga humana, que salían de París, de Roma, de Budapest, de Praga, de Berlín, de Viena, de Amsterdam y llegaban por la mañana con miles de personas vivas que unas horas después, más bien durante la noche, quedaban convertidas en ceniza?


No, no fue ningún secreto. No podía serlo. Porque los grandes movimientos de transporte, la enorme energía desplegada en esa máquina de muerte era enteramente visible. Los gobiernos aliados sabían muy bien lo que pasaba. Lo mismo en el frente inglés-americano que en el frente soviético.


Los ingleses se atribuyen haber “liberado” Bergen Belsen y los norteamericanos, Dachau. Pero tampoco fue así. Los ingleses y los americanos encontraron los campos. Antes de que el ejército soviético llegara a Auschwitz, los alemanes habían huido llevándose con ellos a los prisioneros en lo que se conoce como la Marcha de la Muerte, camino de Alemania.


El comandante de Auschwitz, Rudolph Hoss, fue apresado en Alemania, enviado a Polonia, juzgado y colgado frente a una de las barracas de Auschwitz en 1947. En el ’45 yo estaba en Dachau, providencialmente me habían llevado ahí desde Auschwitz, y ningún soldado americano vino a rescatarme, los alemanes nos metieron en un tren que después abandonaron a mitad de camino; literalmente, a mí me encontraron en el cobertizo de una casa de campo en Baviera.


Cuando terminó la guerra me gustaba decir que los aliados me habían liberado de Dachau. La juventud es más épica. Tardé años en comprender que no había sido así. No hubo ninguna intención de terminar con los campos. Los sobrevivientes fuimos encontrados en la ruta de los distintos ejércitos, mientras cumplían el único objetivo que se habían propuesto: derrotar a Alemania.


La prioridad, la única finalidad, diría, fue la de derrotar al nazismo, y nunca la de rescatar a las víctimas. Los aliados permitieron que durante toda la guerra la matanza se ejecutara sin obstáculos.Hoy, escribo esta nota y me es difícil retroceder en el tiempo y verme en el planeta Auschwitz (digo planeta irónicamente, para evocar la idea de que la tierra, los hombres, no podrían dar forma a una máquina semejante de muerte, pero sin embargo fue en la tierra y son los hombres), donde los SS eran dioses siniestros que decidían sobre la vida y la muerte a cada momento.Henry Ibsen dijo que la mayoría no siempre tiene razón.


Las Naciones Unidas, todas las organizaciones que preparan actos para la ocasión, la mayor parte de la prensa mundial hablan en estos días de la “Liberación” de Auschwitz, para mí se trata de una ironía de mal gusto, no puedo pensarlo de otro modo, quizá se trata sólo de una imprecisión en el lenguaje, quizá las cosas van más rápido que el lenguaje, pero no creo en esta interpretación, las palabras siguen hablando y a su modo dan cuenta siempre, fatalmente, de la verdad que ponen a cada momento en juego: las palabras y la verdad de lo que dicen y ensombrecen.


Yo pregunto (me gustaría escribir como Zola: yo acuso, pero me reservo esa gravedad y ese entusiasmo ya un poco anacrónicos), ahora, 60 años más tarde, señores: ¿por qué los campos nunca fueron liberados? Y más, pregunto: ¿es la misma persona, soy el mismo, que hace 60 años, hasta unos meses antes, caminaba, si puede llamarse a eso caminar, entre los pabellones?


En la entrada de Auschwitz hay una placa escrita en
19 lenguas (hasta 1991 ese texto no figuraba ni en idish ni en hebreo), pretende dar testimonio universal de la tragedia, como cuando el turista se pasea por Le Marais, en París y lee “aquí vivió Victor Hugo”, el turista se detiene, se estremece, dice “Ah, la casa de Victor Hugo”, y después sigue, hay muchas otras cosas para ver, se hace tarde y quiere volver a su cuarto de hotel, sacarse los zapatos y tomar una ducha.

* Intelectual, pedagogo, historiador, sobreviviente del campo de concentración y exterminio AUSCHWITZ.


Fuente: Diario Página 12

Nota del Editor I,
Este texto fue publicado en el diario Página 12 en marzo de 2005.
Recien lo encontre y decidí que debe ser publicado, por su vigencia y por ser un documento necesario.
DE LECTURA OBLIGATORIA !!!

Lic. Jose Pivín
frente al puerto de Haifa
frente al mar Mediterráneo




NOTA DEL EDITOR - II

El texto lo publique en mi Blog 'PAGINA 1-

JOSE PIVIN', en abril de 2009.

Hoy me parece necesario incluirla nuevamente

en este Blog, para darle más amplia difusión.

Su autor sabe lo que dice, lo que dijo, pues fue

uno de los sobrevivientes de ese terrible crimen
organizado por la BESTIA PARDA-NAZI, y puede
contarlo y dar su opinión sobre todos estos tristes temas.

Ya he publicado varios textos del Sr. Jack Fuchs,

a quien admiro y valoro y le deseo buena salud y
todo lo mejor !!!

Con amistad y sincera estima.

Lic. Jose Pivín
frente al puerto de Haifa
frente al Mar Mediterráneo

Israel, 1 de febrero de 2010





miércoles, 27 de enero de 2010

Enero 27, Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto



El Holocausto - Ha- SHOA- El genocidio de 6 millones de judíos a manos de los Nazis Alemanes y Asociados

El holocausto


Por Luis Maldonado para Vanguardia – de Mexico

Hacia 1933, en los 21 países de Europa que serían ocupados por las tropas de Adolfo Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, vivían cerca de nueve millones de judíos. A partir de 1938 y hasta 1945, campos de concentración como los de Auschwitz, Majdanek, Dachau y Treblinka, entre otros, redujeron esta cifra a tres millones.

De los seis millones de seres humanos asesinados, más de tres millones murieron en los campos de exterminio de la Polonia ocupada. Hubo otras víctimas: gitanos, polacos, eslavos, prisioneros soviéticos, homosexuales, comunistas y discapacitados, entre ellas. Sin embargo, el pueblo judío fue el blanco central del exterminio nazi: dos tercios de la población judía de Europa, que incluía a millón y medio de niños, fueron aniquilados.





Eberhard Jäckel, historiador alemán, señaló inequívocamente el genocidio: “Nunca antes un Estado había decidido y anunciado, bajo la autoridad de su responsable supremo, que había que exterminar a un grupo humano determinado, en su totalidad si era posible. Decisión que ese Estado aplicó después con todos los medios a su disposición”.



Con el triunfo de los ejércitos aliados, empezó a develarse el horror del exterminio. Pero los espeluznantes detalles del asesinato metódico de millones de seres humanos tardarían en conocerse plenamente, porque el impacto inicial provocado por el hallazgo de campos y de sobrevivientes, pareció diluirse ante la euforia de la victoria. Además, la mayor parte de los que habían sobrevivido a los campos de concentración preferían no hablar del genocidio.



En 1960, la captura en Buenos Aires de Adolfo Eichmann, El Ángel Exterminador, su juicio y ejecución posterior en Israel, todo ello dispuesto por el primer ministro David Ben Gurión, reencauzaron y revitalizaron en el pueblo judío la memoria del holocausto. Y el mundo conoció a fondo atrocidades como las cometidas en las cámaras de gas de Auschwitz, donde llegaron a ser sacrificados hasta 8 mil judíos diariamente.



Más allá de la resolución 60/7 de la Organización de las Naciones Unidas, emitida el primero de noviembre de 2005, para señalar el 27 de enero como el Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto, el hecho es que hoy el recuerdo del genocidio forma parte de la identidad y la cultura de Israel.



Ya no hay disyuntiva entre olvido o recuerdo. Para la mayoría de la población judía los horrores del pasado forman parte de la biografía personal o están incorporados a la identidad colectiva. El Holocausto es, han señalado los analistas, memoria nacional institucionalizada.



Conforme pasan los años, disminuye el número de sobrevivientes. Muchos eran entonces niños, atrapados tras las alambradas de los campos de concentración. Pero en ellos, con ellos y por ellos, está la memoria.



La lección del Holocausto es universal. Otras formas de discriminación originan crímenes de odio en diferentes partes del planeta. Hace cinco años, al cumplirse 50 años del holocausto, el ex secretario de la Organización de las Naciones Unidas, Kofi Annan, nos recordó lo ocurrido en Camboya, Ruanda y la ex Yugoslavia. “El mundo ha fallado en su tarea de evitar el genocidio”, advirtió el Premio Nobel de la Paz.



fuente: diario Vanguardia – de Mexico
25/01/2010