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jueves, 18 de julio de 2013

18 de JULIO 1994- EL EDIFICIO 'AMIA' EN BUENOS AIRES SUFRIO UN TERRIBLE ATENTADO JUDEOFOBICO: 85 MUERTOS Y MAS DE 300 HERIDOS DE TODOS LOS CREDOS.


Atentado a la AMIA (1994-2013)
 
 
19 años sin justicia,
19 años de impunidad
No olvidamos ni perdonamos, los autores
materiales, intelectuales y encubridores
deben ser juzgados y condenados, sin
excepciones.

Nos solidarizamos y acompañamos a los
familiares reclamando justicia.


Memoria, verdad y justicia, ese es nuestro
reclamo permanente.

Dr. Ariel Gueiser  ===     Lic. Susana Gelber
Secretario             ===     Presidente
Meretz Argentina ===      Meretz Argentina

     


 
 
      
         

martes, 5 de marzo de 2013

ARGENTINA: Aparecieron tres libros inéditos de Rodolfo Fogwill, fallecido el 21 de agosto de 2010



















En uno, el autor recopilaba sus sueños. Los otros son una novela reciente y una de 1980.

Por Patricia Kolesnicov

 
El último sueño da en el corazón. “Sueño con hospitales... Italiano, París y Quilmes”, escribe Fogwill en uno de sus cuadernos. La anotación está fechada alrededor de un año antes de que lo internaran –un enfisema pulmonar– en el Hospital Italiano, donde se iba a morir el 21 de agosto de 2010. Lo enterraron –hospitales, Italiano, París – en Quilmes, donde había nacido.


“Acá el que dispone es mi papá” dice ahora Vera Fogwill, que se dio un año para leer, guardar, mirar los papeles de este escritor clave que fue Fogwill. En concreto, habla de la publicación de por lo menos tres libros inéditos que, por distintas vías, les llegaron, a ella y a su hermano Andrés, en estos meses: La gran ventana de los sueños –sueños soñados desde los 12, 13 años–; La introducción –una novela corta– y Nuestro modo de vida , una novela de 1980, que apareció en una copia escrita a máquina “con 20 páginas tachadas, todo escrito arriba, corregido”.

En el libro de los sueños, cuenta Vera, Fogwill “revisó sus cuadernos de toda la vida”. Tenía cuadernos, libretas, ahí escribía. “En el hospital tenía dos. Cuando estaba en coma, se le cae la mochilita con sus cosas, había dos cuadernos de sueños”. Hay más sueños, mandados –antes de que se evaporen– de una casilla de mail de Fogwill a otra casilla de mail de Fogwill. Y falta indagar en la computadora.

Pero lo que se publicará, en 2012, es lo que Fogwill preparó: “Manuel (Medanha) del grupo (de arte) Mondongo, aparece y me dice: ‘Tengo un libro de tu papá; él quería que hiciera uno de esos libros troquelados’. Le había llevado una bolsa con los originales escritos en servilleta, en papeles de carta, a máquina, más el libro, un año antes de fallecer. Lo que tenía Manuel decía ‘49 páginas de 171’.. ¿dónde estaba lo otro? Encontré un mail donde adjuntaba el libro. Eso es lo último que tenemos, es un año antes de su muerte”. El libro estaba armado, con índice, listo.

La gran ventana... está dedica do a cuatro personas “que desordenaron mis sueños de 1963 a 1981”. Fueron sus psicoanalistas. “En el libro –dice Vera– cuenta lo difícil que es entenderse la letra de 20 años atrás. Porque para que su mujer no lo leyera, los escribía en códigos que después no se acordaba. Dice cosas como ‘No sé qué es N+;M , me olvidé esa clave’”.

Los sueños de Fogwill tienen lo suyo: andan por ellos personajes como Kafka, García Márquez, Tomás Eloy Martínez. Y hay uno en el que el autor camina con Cristina Kirchner porque ha muerto Néstor Kirchner. Pero Kirchner murió dos meses después que Fogwill.

La novela La introducción también estaba como para salir. 

Fogwill, dice Vera, se la había mandado a su amigo, el editor –y escritor– Damián Tabarovsky. El la tenía impresa. Es un texto –informan los hijos– en el que pasan muchas cosas, a partir de que el protagonista se va a unas termas “a pensar en solitario y mantener su cuerpo en forma”. Se trata, cuentan, “de un protagonista que piensa en un montón de cosas banales para no pensar en lo que no hay que pensar”.

La novela de los 80 llegó de Chile y empezó con otro emprendimiento alrededor de Fogwill: la mediateca. La familia llevaba tiempo reuniendo en una página web – mediatecafogwill.blogspot.com – artículos, videos, entrevistas al escritor. Una noche Vera anunció la mediateca en Facebook. Cuando se despertó, 3000 personas habían visitado el sitio. Por esa ruta virtual llegó una amiga “de los 70”, blandiendo un original. “Yo tengo Nuestro modo de vida , avisó. Me dijo que papá la había refugiado durante la dictadura chilena, que siempre habían sido amigos. Que se habían reencontrado tiempo atrás y ella le dijo que tenía la novela, que si él no la publicaba la iba a subir a Internet. ‘Subila, te vas a hacer millonaria’, le dijo él. Está mecanografiada, no sabés el color de las páginas... papá no la había publicado porque decía que era ‘muy avanzada’ para este país”. 

¿De qué se trata? Ah, esa pregunta. En cada capítulo va llevándote a través de los sentidos: el olor, el tacto, el sabor... Ya es muy Fogwill, muy fuerte. Para mí, más fuerte y más violenta que las actuales. 

La familia –”Yo no quería ver la intimidad de mi papá”– no trabaja sola en la recuperación de las cosas de Fogwill. Una historiadora, Verónica Rossi, tomó la tarea. Así se encontraron, además, unas 400 cartas. “Hay cartas desde 1978. El perdía todo, pero las cartas no las perdió”, dice Vera. “Y ni te hablo de los mails”.

Hay cartas de Leónidas Lamborghini, de Héctor Viel Temperley, de César Aira, entre tantas. Y de Juan José Saer, que fue su aval para la beca Guggenheim. “Saer le dice bueno, ya te presenté a la Guggenheim, si ganás por favor no te lo gastes en blanca ; vamos a cenar, si no ganás pago yo”. 

Vera guardó, para decidir qué se hace en el futuro, muchas cosas que Fogwill coleccionaba: monedas, tickets, motores de barcos, de todo. Los papeles, en cambio, serán recopilados, analizados, ordenados en un archivo que se está organizando en el Malba: es la primera vez que el museo guarda documentos de un escritor. “Cuando esté listo –dice Vera– se puede donar a la Biblioteca Nacional, se puede hacer una Casa Museo. Veremos”.


03/08/11- DIARIO 'CLARIN'-Bs. Aires.

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Murió Fogwill, otro que hacía Pop



Escribió varias obras, entre su más conocidas, Muchacha Punk (1979) ganadora del Premio Coca-Cola y Los Pichiciegos que relata las vicisitudes de un grupo de combatientes que desertan de Malvinas.

Creador de la frase “El sabor del encuentro” pensada para una tabacalera, pero con la que se promocionó la cerveza Quilmes; entre otros trabajos, realizó una campaña para el Banco Central en épocas de garrote, “aprendiendo muchas cosas de los militares”, aún así no se salvo de falsas acusaciones que la dictadura le tendió, pasando 12 días desaparecido y 6 meses “legalizado” reivindicó su prisión declarando “en la cárcel fui el tipo más libre del mundo”. “En esa época ir preso era como ir a un hotel” Afirmaba que las centros de detención de la dictadura no eran nada con respecto a las cárceles actuales “Ahora caes a la cárcel y no sabés si vas a salir vivo. Y si salís vivo, no sabés si vas a salir vivo y sin virus porque cuando llegás siempre te sueltan al más sidoso y al más perverso para que te coja”.

Opinador compulsivo, como gorila dijo: “Videla, cuando asumió, borró de los municipios al peronismo y les puso intendentes radicales. Fue una medida muy astuta”, Sobre Sabato dijo: “me encanta. Esos diálogos de gorilas que dicen: “Che, qué malo el tiempo”. “Sí, pero lo peor es Perón, hay que matarlo.”

Sobre los desaparecidos dijo: “Esos 30.000 figurados bajo el auge alfonsinista representaban numéricamente una “minoría” del uno en mil de la población argentina de la época”.

Como una forma de tratar de salvar al nazismo, de sacarles responsabilidades, negaba las cifras del Holocausto, y hasta cuestionaba su nombre.

Admirador de la guerra de Malvinas pero crítico de los ex combatientes con los que no tuvo ninguna compasión afirmó que las asociaciones que trabajaron para mitigar el dolor fueron puestas a favor de la “desmalvinización del país”.

Cuando se le preguntó ¿Es verdad que querés servicio militar obligatorio para hombres y mujeres? ¿Para qué y por qué? , contestó: ¿Por qué? Porque la guerra es inevitable y todo civil debe tener preparación física, técnica y moral para enfrentar guerras, catástrofes y violencias sociales como las que sobrevendrán.
Se sumó al proyecto político de Aldo Rico contando “cuando leí que se definía como un soldado y coincidía conmigo en que el país debía seguir siendo malvinizado, me lancé de lleno por él”, al que después defenestró.
De las madres de Plaza de Mayo dijo: “Claro que los intelectuales son cagones, están en la cosa chiquita. Están, todavía, rindiendo culto a las Madres de Plaza de Mayo” “La organización de las Madres es una máquina como todas” “De las madres, las recuerdo pidiendo “aparición con vida” cuando era la hora de reclamar por las conquistas sociales y la riqueza” y al minuto declarar sin sonrojarse “las multinacionales son prolijas, y no pueden bancarse un escándalo en su país”

Funcional como pocos a los grupos que defienden el terrorismo de estado afirmo: “meter presos a esos viejitos no me cambia en nada. Más en un país estúpido, sin pena de muerte”

Alguna vez dijo que por su cabeza pasaron 30 kilos de cocaína. Últimamente trabajaba en la gran cloaca argentina llamada Perfil, la misma editorial que acusó a que en las marchas de Moyano se fuma “algún que otro porrito”

Alguna vez declaró “Me pase la vida en pose” y se notaba, quiso jugar la pose de provocador y terminó siendo un reaccionario. Uno de sus últimos actos fue ponerse en contra del matrimonio igualitario, pegadito a Bergoglio. Le falto afirmar como Micky Vainilla que él solo hacía Pop.

fuente: 

http://artepolitica.com/comunidad/murio-fogwill-otro-que-hacia-pop/

 

Las fotos son de Julieta Cecchi

publicadas en www.no-retornable.com.ar 

con el texto de Alejandro Soifer*

"Me pase la vida en pose".

Leer en mi Blog: 

"EL GALLO EN ALPARGATAS" 

http://el-gallo-en-alpargatas.blogspot.com

 

Lic. Jose Pivín

Editor de ambos Blogs.



domingo, 13 de enero de 2013

Borges contra la judeofobia ,por Gustavo D. Perednik
























La evocación del autor de El Aleph puede acercarnos a los aspectos más diversos de su creación. Desde una pluma vivamente argentina que recupera al gaucho, malevos y arrabales porteños, hasta un abanico universal que abarca la poesía anglosajona, el budismo, Walt Whitman, las Mil y Una Noches, Dante, Cansinos Asséns y el ultraísmo.

Siempre insatisfecho con una sola tradición, Borges, Premio Jerusalén 1971 y Premio Cervantes 1979, fue un autor universal que concibió una peculiar combinación de poemas narrativos, cuentos ensayísticos y ensayos poéticos. El escritor israelí Jaim Hazaz lo ha comparado con un rabí talmúdico en que Borges desvestía la trama literaria por medio de enfatizar no el relato de los hechos sino su significado interno. 


En la vastedad de sus inquietudes, la cultura judaica lo atrajo especialmente a partir de la Biblia, en la que se sumergió en su infancia estimulado por su abuela Fanny Haslam Arnett. Indagó desde la añoranza hebrea por Jerusalén hasta Heine y Kafka; desde el golem hasta Baruj Spinoza, cuya doctrina tradujo al relato La muerte y la brújula, que el autor denominó «un cuento judío». Le interesó especialmente la compleja identidad del judío moderno, un tema que desde su muerte hace dos décadas (14 de junio de 1896) ha sido menos considerado que otros campos de su erudición.

No estamos aludiendo a sus vastas referencias a la cultura israelita, sino a lo que podríamos llamar la judeidad, la circunstancia del hombre judío y las formas de asunción de su pertenencia. Sobre ello nos hemos extendido en otro artículo, en el que hemos planteado lo judaico en Borges como el viaje del filósofo que propone Platón: se forma intelectualmente; sale a la sociedad a retroalimentarse, y regresa a su fuente formativa. Por esas tres etapas transcurrió el Israel borgeano: Buenos Aires-Europa-Buenos Aires. 

Sus dos estaciones europeas son Ginebra y Madrid. En la primera transcurrió su adolescencia, educado en el Colegio Calvino en el que sus dos mejores amigos fueron Simón Jichlinsky y Maurice Abramowicz (huelga aclaración de origen). Precisamente la simpatía de Borges para con los temas judíos quedó por primera vez documentada en una carta a Abramowicz del 11 de octubre de 1920. 

Cuando éste murió en 1984, escribió Borges: «Las generaciones de Israel estaban en ti cuando me dijiste sonriendo: Je suis très fatigué, J'ai quatre mille ans». Esta borgeana vinculación del estado de ánimo personal del hebreo con la experiencia histórica de su estirpe fue incluida en varios de sus relatos. En el arriba mencionado se refiere a un periodista del que «Nunca sabremos si el hotel le agradó. Lo aceptó con la antigua resignación que le había permitido tolerar tres años de guerra en los Cárpatos y tres mil años de opresión y de pogroms».

Su familia se había trasladado a Ginebra a comienzos de la Gran Guerra, concluida la cual vivieron un tiempo en Madrid, en donde Borges trabó amistad con Rafael Cansinos Asséns, de quien siempre se consideró discípulo. De Cansinos no aprendió sólo poética y ultraísmo, sino la opción que el intelectual español enfrentó en los años veinte entre una España tradicionalista y judeofóbica, y otra liberal con simpatías por el judaísmo.

Su retorno a Buenos Aires coincidió con el surgimiento del nazismo, que lo llevó a un filosemitismo militante.
Ya en 1923 en el libro Fervor de Buenos Aires dice en su poema llamado Judería

«Ante el portón la chusma se ha vestido de injurias
Como quien se envuelve en un trapo.
Dios se ha perdido y desesperaciones de miradas lo
buscan. Presintiendo horror de matanzas los mundos han suspendido
el aliento.
Alguna vez proclama su fe: Dios el Eterno, Dios de
dioses, es Uno.
Y arrecia la muchedumbre cristiana con un pogrom en los puños.»

En Buenos Aires se reencontró con un íntimo amigo de su padre, el escritor de inclasificable género Macedonio Fernández (1874-1952), a quien rindió homenaje a su muerte: «Los historiadores de la mística judía hablan de un tipo de maestro, el Zaddik, cuya doctrina de la Ley es menos importante que el hecho de que él mismo es la Ley. Algo de Zaddik hubo en Macedonio.» 

Enfrentado al emergente nazismo

A comienzos de la década del treinta, el nazi Enrique Osés dirigía en Argentina el periódico Crisol, el diario El Pueblo publicaba Los Protocolos de los Sabios de Sión, y la llamada Legión Cívica amedrentaba a los judíos, comandada por el teniente general Juan B. Molina, que era nada menos que el secretario del presidente argentino, general José Félix Uriburu. 

En febrero de 1932 Molina se dirigió por escrito a sus legionarios alertando sobre los supuestos peligros que se cernían sobre el país, el judaísmo incluido: «En nuestro país los judíos suman 800.000. Verdadera máquina infernal destinada a establecer con el más grosero materialismo la tiranía del oro en el mundo. Los judíos no se asimilan. Los judíos, en todo momento y en todo lugar son 'judíos'. Entre nosotros manejan grandes empresas y enormes capitales y tienen sojuzgados muchos valores netamente nacionales». 


El semanario de la comunidad hebrea, Mundo Israelita, alarmado por la violencia retórica, solicitó a intelectuales argentinos que se expidieran sobre el peligro. En ese contexto, Borges escribe el 27 de agosto de 1932:

«Ciertos desagradecidos católicos –léase personas afiliadas a la Iglesia de Roma, que es una secta disidente israelita...– quieren introducir en esta plaza una tenebrosa doctrina, de confesado origen alemán... Basta la sola enunciación de ese rosario lóbrego para que el alarmado argentino pueda apreciar la gravedad del complot... Se trata –soltemos de una vez la palabra obscena– del Antisemitismo. Quienes recomiendan su empleo suelen culpar a los judíos, a todos, de la crucifixión de Jesús. Olvidan que su propia fe ha declarado que la cruz operó nuestra redención. Olvidan que inculpar a los judíos equivale a culpar a los vertebrados, o aun a los mamíferos. Olvidan que cuando Jesucristo quiso ser hombre, prefirió ser judío, y que no eligió ser francés ni siquiera porteño, ni vivir en el año 1932 después de Jesucristo para suscribirse por un año a Le Roseau D'Or. Olvidan que Jesús, ciertamente, no fue un judío converso. 

La basílica de Luján, para Él, hubiera sido tan indescifrable espectáculo como un calentador a gas o un antisemita.

Su magistral ironía, que arremetía contra la judeofobia, 
volvió a lucirse un año y medio después, cuando la mentada revista Crisol publicó una nota (30 de enero de 1934) en la que «acusaba» a Borges de «ocultar» su supuesta ascendencia judía.

Borges responde en abril de ese año en la revista Megáfono, nº 12 en una sarcástica definición a la que titula Yo, judío:
«...el pasado remoto es de aquellas cosas que pueden enriquecer la ignorancia. Es infinitamente plástico y agradable, mucho más servicial que el porvenir y mucho menos exigente de esfuerzos. Es la estación famosa y predilecta de las mitologías.

¿Quién no jugó a los antepasados alguna vez, a las prehistorias de su carne y de su sangre? Yo lo hago muchas veces, y muchas no me disgustó pensarme judío.... Crisol, en su número del 30 de enero, ha querido halagar esa retrospectiva esperanza y habla de mi «ascendencia judía maliciosamente ocultada» (el participio y el adverbio me maravillan).

Borges Acevedo es mi nombre. Ramos Mejía, en cierta nota del capítulo quinto de Rosas y su tiempo, enumera los apellidos porteños de aquella época para demostrar que todos, o casi todos, «procedían de cepa hebreoportuguesa». Acevedo figura en ese catálogo: único documento de mis pretensiones judías, hasta la confirmación de Crisol...
Estadísticamente los hebreos eran de lo más reducido. 

¿Qué pensaríamos de un hombre del año cuatro mil, que descubriera sanjuaninos por todos lados? Nuestros inquisidores buscan hebreos, nunca fenicios, garamantas, escitas, babilonios, persas, egipcios, hunos, vándalos, ostrogodos, etíopes, dardanios, paflagonios, sármatas, medos, otomanos, bereberes, britanos, libios, cíclopes y lapitas. Las noches de Alejandría, de Babilonia, de Cartago, de Menfis, nunca pudieron engendrar un abuelo, sólo a las tribus del bituminoso Mar Muerto les fue deparado ese don.»
En varias ocasiones se refirió Borges a la judeidad que le atribuían, siempre dando rienda suelta a su ironía, sazonada por su proverbial humildad:

«No lo merezco... He hecho lo mejor que pude para ser un judío. Pude haber fracasado... Sé pertenecemos a la civilización occidental, entonces todos nosotros, a pesar de las muchas aventuras de la sangre, somos griegos y judíos... Muchas veces me pienso judío pero me pregunto si tengo el derecho de hacerlo.»

En 1947 escribió con su amigo de toda la vida Adolfo Bioy Casares el cuento La Fiesta del Monstruo, que expresa el aborrecimiento de ambos por el peronismo, y que fue publicado en Montevideo (30-9-55) una vez que dicho movimiento fuera derrocado. 

En primera persona, el partidario del Monstruo (un peronista) narra las peripecias acaecidas en su trayecto desde las afueras de la ciudad de La Plata hasta la Plaza de Mayo en Buenos Aires, adonde acude a celebrar la fiesta partidaria del 17 de octubre. Cuando el grupo está por llegar a la plaza, se topan con un estudiante judío al que obligan a saludar al retrato del Monstruo. Como el estudiante se niega, el grupo lo asesina a pedradas. El esquema argumental remite a un clásico argentino, El matadero (1840) de Esteban Echeverría, pionero de la literatura realista hispanoamericana. Para Echeverría «el monstruo» era la tiranía del general Juan Manuel de Rosas, cuyos partidarios son en su cuento unos matarifes que asesinan a un joven unitario. En uno y otro relato, personajes marginales emergen de las orillas de su escala social para asesinar cubriéndose en la impunidad que les da su adscripción partidista. Su víctima no es quien detenta riqueza material, sino un símbolo de la cultura, un personaje que a juicio de sendos autores encarna la idea de la civilización. En el caso de Borges, un judío apedreado por la barbarie. 

Una interesante galería de personajes

Un período notable de su obra fue precisamente la Segunda Guerra Mundial, cuando publica su prólogo al Meister de judería de Carlos Grünberg (1940), La muerte y la brújula (1942) y El Aleph (1945). 

La narrativa de Borges exhibe una amplia galería de personajes judíos, de los que frecuentemente se explaya en su judeidad. Unos portan tonalidades muy positivas como David Jerusalem; otros las más negativas como Aaron Loewenthal. 

La fluidez en caracterizar a los personajes, resulta de la libertad que le otorga a Borges ser un filosemita, circunstancia que le permite intercalar sin pudor estereotipos negativos del judío a fin de enriquecer el logro literario. En general, es llamativo que una buena parte de sus personajes judíos sean, en mayor o menor medida, criminales. Hay algunos menores o irrelevantes (como Nahum Cordovero en El inmortal y Manuel Maier en Emma Zunz), y unos diez personajes más elaborados. Por orden cronológico: Monk Eastman (Historia universal de la infamia, 1934), Marcelo Yarmolinsky y Red Scharlach (La muerte y la brújula, 1942), Jaromir Hladík (El milagro secreto en Ficciones, 1943), Urmann (La secta del Fénix en Ficciones), Aaron Loewenthal y Emma Zunz (Emma Zunz en El Aleph, 1945), David Jerusalem (Deutsches Requiem, ibídem), Jacobo Fischbein (El indigno, en El informe de Brodie, 1970), y Eduardo Zimerman (Guayaquil, ibídem). 

De esos diez, el primero y la mujer son homicidas; el quinto un estafador; el noveno un traidor; el último, usurpador.
Con todo, la cualidad más reiterada de sus judíos es su pertenencia a la intelectualidad; son personas ilustradas, artistas. El milagro secreto es protagonizado por quien vive en la Zeltnergasse, en donde residía Kafka. Jaromir Hladík es traductor del Sepher Ietzirá y autor de un drama político Los enemigos. Fischbein es dueño de una librería céntrica de Buenos Aires en la que compila una antología de Spinoza y guarda un ejemplar de la Kabbala denudata de Rosenroth. 

En cuanto a sus opiniones políticas, Borges ha escrito que sólo en una ocasión permitió que éstas interfirieran en su literatura. Fue cuando salió en defensa del Estado judío porque, según recuerda, «lo urgió la exaltación de la Guerra de los Seis Días» (prólogo a su Informe de Brodie del 11 de abril de 1970).Cuando dicha guerra estalló en junio de 1967, Borges irrumpió en la biblioteca de la Sociedad Hebraica Argentina con un poema dedicado a Israel, y ante la atónita atención de los lectores solicitó «la hospitalidad» de la revista de esa entidad, Davar, en la que eventualmente los versos fueron publicados. Agregó a su solicitud un fervoroso y elocuente «¡Viva la patria!». 

fuente: EL CATOBLEPAS-nRO. 53
http://nodulo.org/ec/2006/n053p05.htm