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sábado, 20 de julio de 2013

JORGE LUIS BORGES, uno de los escritores y poetas argentinos-universales más talentosos y renombrados del SIGLO XX- Sus poesías ....




























JORGE LUIS BORGES


Elvira de Alvear


Todas las cosas tuvo y lentamente
Todas la abandonaron, La hemos visto
Armada de belleza. La mañana
Y el arduo mediodía le mostraron,
Desde su cumbre, los hermosos reinos
De la tierra. La tarde fue borrándolos.
El favor de los astros (la infinita
Y ubicua red de causas) le había dado
La fortuna, que anula las distancias
Como el tapiz del árabe, y confunde
Deseo y posesión, y el don del verso,
Que tranforma las penas verdaderas
En una música, un rumor y un símbolo,
Y el fervor, y en la sangre la batalla
De Ituzaingó y el peso de laureles,
Y el goce de perderse en el errante
Río del tiempo (río y laberinto)
Y en los lentos colores de las tardes.
Todas las cosas la dejaron, menos
Una. La generosa cortesía
La acompañó hasta el fin de su jornada,
Más allá del delirio y del eclipse,
De un modo casi angélico. De Elvira
Lo primero que vi, hace tantos años,
Fue la sonrisa y es también lo último.


A un gato

No son más silenciosos los espejos 
Ni más furtiva el alba aventurera; 
Eres, bajo la luna, esa pantera 
Que nos es dado divisar de lejos. 
Por obra indescifrable de un decreto 
Divino, te buscamos vanamente; 
Más remoto que el Ganges y el poniente, 
Tuya es la soledad, tuyo el secreto. 
Tu lomo condesciende a la morosa 
Caricia de mi mano. 
Has admitido, 
Desde esa eternidad que ya es olvido, 
El amor de la mano recelosa. 
En otro tiempo estás. 
Eres el dueño 
de un ámbito cerrado como un sueño.
 

Amanecer

En la honda noche universal
que apenas contradicen los faroles
una racha perdida
ha ofendido las calles taciturnas
como presentimiento tembloroso
del amanecer horrible que ronda
los arrabales desmantelados del mundo.
Curioso de la sombra
y acobardado por la amenaza del alba
reviví la tremenda conjetura
de Schopenhauer y de Berkeley
que declara que el mundo
es una actividad de la mente,
un sueño de las almas,
sin base ni propósito ni volumen.
Y ya que las ideas
no son eternas como el mármol
sino inmortales como un bosque o un río,
la doctrina anterior
asumió otra forma en el alba
y la superstición de esa hora
cuando la luz como una enredadera
va a implicar las paredes de la sombra,
doblegó mi razón
y trazó el capricho siguiente:
Si están ajenas de sustancia las cosas
y si esta numerosa Buenos Aires
no es más que un sueño
que erigen en compartida magia las almas,
hay un instante
en que peligra desaforadamente su ser
y es el instante estremecido del alba,
cuando son pocos los que sueñan el mundo
y sólo algunos trasnochadores conservan,
cenicienta y apenas bosquejada,
la imagen de las calles
que definirán después con los otros.
¡Hora en que el sueño pertinaz de la vida
corre peligro de quebranto,
hora en que le sería fácil a Dios
matar del todo Su obra!

Pero de nuevo el mundo se ha salvado.
La luz discurre inventando sucios colores
y con algún remordimiento
de mi complicidad en el resurgimiento del día
solicito mi casa,
atónita y glacial en la luz blanca,
mientras un pájaro detiene el silencio
y la noche gastada
se ha quedado en los ojos de los ciegos.
 
 
El Golem

Si (como el griego afirma en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de la Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo:
Esto es mi pie; esto el tuyo; esto la soga
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. ¿Cómo (se dijo)
pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?

¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?

En la hora de la angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?
 
 

JORGE LUIS BORGES:

Poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1899. 
A los siete años escribió en inglés un resumen de

la mitología griega; a los ocho, «La víscera fatal»,
inspirado en un episodio del Quijote, y a los nueve
tradujo del inglés «El príncipe feliz» de Oscar Wilde.

Es una de las grandes voces de la poesía
contemporánea, autor de numerosos ensayos,
cuentos y poemas, entre los que se destacan
«Ficciones», «Historia universal de la infamia»
y «Los conjurados», traducidas a más de
veinticinco idiomas.

El Premio Formentor otorgado por el Congreso
Internacional de Editores en 1961,   compartido
con Samuel Beckett, fue el punto de partida para
lograr su reputación en todo el mundo occidental.

Recibió luego el título de Commendatore por el
gobierno italiano, el de Comandante de la Orden
de las Letras y Artes por el gobierno francés, la
insignia de Caballero de la Orden del Imperio
Británico,  el Premio Cervantes, el Gran Premio
de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores,
y el Premio Nacional de Literatura en 1956.
Falleció en Ginebra, Suiza, en 1986. ©


http://www.amediavoz.com/borges.htm



FOTO: SARA FACIO
Sara Facio es una fotógrafa argentina,
destacada por la ejecución de retratos
junto a Alicia D'Amico, a algunos de los
personajes más importantes de la
cultura argentina y mundial. 
Wikipedia

miércoles, 10 de julio de 2013

ARGENTINA: Editorial Galerna publica la novela LA HIJA DE MARX, de Clara Obligado, ganadora del prestigioso Premio Femenino Lumen en 1996.

 
 
 
¿Qué habría ocurrido si el hijo ilegítimo que tuvo Karl Marx hubiera sido una mujer?
 
La hija de Marx, primera novela de Clara Obligado, ganó en 1996 el prestigioso Premio Femenino Lumen. Tuvo ese mismo año dos ediciones en España, pero luego se agotó y, hasta el día de hoy, permanecía inédita en Argentina.
Novela erótica, pero también relato histórico sobre los revolucionarios rusos exiliados a fines del siglo XIX y principios del siglo XX y sobre las utopías políticas en general, La hija de Marx se lee por su humor, por su sensualismo, por su estilo exquisito, pero en distintos planos abarca reflexiones sobre temas de lo más diversos.
No parece casual que la autora sea, ella misma, una exiliada, que debió irse de Buenos Aires en 1976 y desde entonces vive en Madrid.
 
«Esta novela presenta un escenario erótico en el que se deja que el lector espíe, como hacen muchos personajes, por el ojo de la cerradora otros cuerpos y otras vidas, ya lejanas, pero pertenecientes a la bella madeja imaginaria del relato, tramado con maestría por Clara Obligado». Alfredo Rubione
 
«Narración histórica, relato de iniciación, fábula erótica, La hija de Marx es un tratado sobre los pliegues del deseo y la contingencia del amor, una novela utópica que construye una ética política y amorosa». Paola Cortés Rocca
 
 
LA AUTORA
Clara Obligado nació en Buenos Aires. En 1976 debió exiliarse y desde entonces vive en Madrid (España), donde ha sido una pionera en la coordinación de talleres literarios. Publicó los libros de ficción Una mujer en la cama y otros cuentos (1990), La hija de Marx (Premio Femenino Lumen, 1996), Si un hombre vivo te hace llorar (1998), Salsa (2002), Las otras vidas (2006) y El libro de los viajes equivocados (Premio Setenil, 2011). También publicó ensayos como Qué se ama cuando se ama o Mujeres a contracorriente. Estuvo a cargo de las antologías Por favor sea breve 1 y 2, señeras para la difusión del microrrelato en castellano. Colabora en la revista Para ti y en otros medios gráficos. También es editora de autores noveles.
 
 
Por material de prensa, contactarse con Salvador Biedma:
salvador@galerna.net / 156 854 0541
 
 
GALERNA
(54 11) 4867 1661

martes, 11 de diciembre de 2012

"SIMBOLISMOS DE NAVIDAD Y AÑO NUEVO", por Irene Mercedes Aguirre, talentosa y delicada poeta y escritora argentina y universal




 

SIMBOLISMOS DE NAVIDAD Y AÑO NUEVO
  
Irene Mercedes Aguirre

( Buenos Aires, Argentina)




El mes de diciembre tiene "aires" distintos a los del resto del año. Esto ocurre especialmente por los simbolismos que asoman en la trajinada vida cotidiana , a través de distintos indicios: arbolitos que surgen en las vidrieras, luces, colores, formas, adornos, pesebres, imágenes, el Niño Dios, los Reyes Magos, etc. etc.. Se trata de una invitación colectiva para sumergirnos en emociones y volver a escuchar relatos tradicionales que no se ajustan a los pensamientos más concretos y operativos que generalmente ponemos en acción diariamente. --Lo que ocurre es que las fiestas navideñas nos retrotraen a otras épocas y a otras imágenes de hace mucho tiempo que aún despiertan ecos en nosotros, aunque muchas veces aparezcan bastante modificadas. 


Lo cierto es que hay un enorme simbolismo en la Navidad y el Año Nuevo. Una restitución de la justicia en el mundo pues el Rey de Reyes nace en el sitio más humilde, en un ámbito poco apto para dar a luz a un niño y mantenerlo en las condiciones más convenientes para su salud y protección. --Asimismo, hay un claro reconocimiento de las augustas figuras de los personajes de las representaciones navideñas. Porque la estrella está iluminando el sitio y los Reyes Magos vienen a adorar a Jesús desde enormes distancias.


El ambiente que circunda el lugar es opresivo, ya que hace poco tiempo ha tenido lugar la conocida Matanza de los inocentes, ordenada por Herodes ante el temor de un Rey que le disputara su poder terrenal. 


Pero no es ese el propósito de tal nacimiento: "Mi Reino no es de este mundo", dirá Jesús más adelante. Aquí puede apreciarse la dificultad que nos traba a menudo la comprensión de los símbolos: los tomamos al pie de la letra, los despojamos de su valor indicial y espiritual y los "materializamos" sin darnos cuenta que si tratamos al símbolo de esa manera, se disuelve en el aire y pierde su sentido. ...El Año Nuevo marca el fin de un año y el comienzo de otro nuevo. Es el momento dónde Cronos conjuga los tres tiempos: el pasado (el año que se va), el presente (el instante de cruce con el nuevo año) y el futuro (abierto hacia adelante, hacia otras posibilidades, esperanzas e ilusiones). 


Si levantamos las copas en un gesto de re-ligamiento entre todos los humanos, nos permitimos abrir el paso a otras oportunidades de diálogo, consenso, armonía, solidaridad y paz en el mundo. Entonces, al percibir esta fuerza simbólica tan profunda, las fiestas navideñas cobran un sentido extraordinario y nos insuflan energía y potencia a todos.--Si nos quedamos meramente en el comer y el beber sin atender al significado, se pierde la dimensión simbólica de estas fechas y se empobrece su festejo.---Dejemos que el espíritu de la Navidad y del Año Nuevo nos brinde su riqueza simbólica y su potencia espiritual. 


Plegaria de Navidad


Te pido que no dejes a mi copa vacía
¡Que este divino néctar que me nutre, hora a hora,
permanezca conmigo, en la noche y el día,
y el amor me sostenga con la fuerza de ahora!


Te pido que me alientes en la constante lucha
para que crezcan fuertes mis retoños de vida,
para que se disipe, en aquel que me escucha,
cualquier malentendido, o el dolor de una herida.


Te pido que mi afecto nunca se vuelva helado
para cualquier persona que de mí necesita,
que el amigo me encuentre siempre firme, a su lado,
en los momentos tristes, cuando el llanto palpita.


Te pido que los años me brinden sólo canas
que avejente mi cuerpo y se arrugue mi piel,
pero que me enriquezca en acción y en mañanas,
mientras de mi clepsidra, la gota sepa a miel.
 
 
Te ruego que me enseñes a no ser rencorosa
y que nunca me falten dignidad ni conciencia
cuando los golpes crueles que tú guardas, celosa,
se abatan sobre mí, ¡al fin de mi existencia!
 
 
fuente: publicado en: 
http://www.aveviajera.org/nacionesunidasdelasletras
 
 'NACIONES UNIDAS DE LAS LETRAS'.
 
Recibido directamente de mi querida y admirada amiga Irene Mercedes Aguirre, as quien felicito y agradezco.
 
Lic. JOSE PIVIN
EDITOR DE ESTE BLOG 
 


 IRENE MERCEDES AGUIRRE , 
Buenos Aires, Argentina
 
Actividades literarias  
 
 
En el campo de las letras, es autora de  múltiples obras literarias como  ensayos, cuentos, relatos  y especialmente poemarios individuales o en Antologías diversas. Transita fluidamente en la poesía épica, de corte americanista, suavizada por su sensibilidad, con obras como “El sueño que no cesa. Canto a Simón Bolívar y a la integración hispanoamericana” (1989); “Sonetos a Simón Bolívar (2) (Antología, 1989);”Mirador de Dos Mundos. Quinientos luego  (1492-1992) y  San Martín ¿para qué? (2009). Pero además su voz se eleva desde la poesía lírica para transitar y trasmutar lo cotidiano, como en “Mi  ser en el tiempo” (1989); “Ventanal a tres tiempos” con J. Gómez Bas y  E.O. Viejo) (1990); “Noche de poesía y color”(Antología, 1990); “Voces femeninas en la poesía actual (Antología,1991; “De poetas y locos, Montserrat, de todo un poco” (Antología, 2009); “Letras Vivas 2001” (Antología, 2001) y “Antología de Escritores de Avellaneda” (2008). La profundidad de sus reflexiones poéticas se expresa en obras que rozan lo místico y han recibido reconocimiento internacional  y se la ha calificado a su poesía como “La poesía del alma” por prestigiosos críticos de diversos países de  América, Europa y Asia Menor. Dentro de esta línea pueden citarse “Territorios del Alma” (2000); “Pater Nostrum” (2007); “Pensamientos literarios para la Paz” (Antología, 2011) y de próxima edición “Secretos de las sombras”. Ha recibido diversos  premios y distinciones por su producción literaria, tales como  Premio literario de Ensayo “La Mujer y las profesiones liberales en Argentina desde mediados del siglo XIX” Secretaría del Menor y la Familia, La Plata, Provincia de Buenos Aires, 1987; Mención de Honor en cuento breve, Concurso Bernardo O’Higgins, 1988; Mención de Honor en Poesía, Alianza Francesa, Ciudad de Buenos Aires (/1991); Primer premio Cuento Breve, Concurso Eugenio Zagarzazú 2000; Premio de Poesia  Santa Teresa de Jesús  , ASESCA, Fundación Banco de Boston, Buenos Aires, 2002; Cinta Azul Bienal de Honor por Poesía inédita, Premio Santa Clara , ASESCA, 2000-2002;Distinguida Finalista XVIII Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo, Madrid, España, 1998, por su obra Territorios del Alma.; Distinguida Finalista XXII Premio Mundial de Poesía Mística Fundación Fernando Rielo, Madrid, España, 2002 por su obra Pater Nostrum; Distinguida Autora única y destacada, por las autoridades de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES); Incorporada a   la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes , Biblioteca del Soneto; Distinguida por la Academia Virtual de Poetas y Escritores de Brasil (AVSPE)  como Membro Efetivo de lengua castellana en edición digital; Vecina Distinguida de Avellaneda (1998); Medalla Barracas al Sud en el Bicentenario de Mayo 2010,  como escritora destacada avellanedense; Declaración de Beneplácito y Reconocimiento  de la H. Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires por la presentación de la obra San Martín ¿para  qué?  (Decreto  1027/11-12- 0).  Integra la Sociedad Argentina de Escritores (SADE); .Movimiento Poetas del Mundo; Academia Virtual de Poetas y Escritores de Brasil (AVSPE); Red Mundial de Escritores en Español (REMES) y recientemente incorporada a la Internatgional Writers Association (USA).   Sus obras figuran en numerosas publicaciones impresas y digitales nacionales e internacionales. Se trasmiten sus poemas semanalmente en Arcano Radio de México, asociada con Radio Nacional de Francia y Radio Naciones Unidas. Varios poemas suyos han inspirado al Maestro argentino José Rodríguez Fauré para componer la Obra sinfónica Cantata de Dos Mundos,  (por el V Centenario de América 1492-1992), , así como también un villancico titulado  ¡“Suenen las campañas!. El compositor y músico Jorge Morales realizó una canción titulada “A mis islas cautivas”, mientras que el Maestro español Avelino Vilas creó una canción titulada Blanca Paloma, en base a sus poesías. También ha sido motivo de exposiciones de obras pictóricas basadas en sus poemas y artículos periodísticos especializados que reflexionan sobre sus planteamientos  filosóficos.  Colabora con otros escritores como guía literaria, prologuista y correctora de estilo.



Actividades académicas
 
 
Su labor académica y  profesional está dedicada a la Gestión Académica y a la enseñanza e investigación universitarias, de grado y posgrado, tanto en el país como profesora invitada en el exterior,  además de la  difusión histórico-cultural  en el ámbito municipal y nacional. Desarrolla una reconocida actuación  dentro de la Alianza de Mesas Redondas Panamericanas, Asociación Nacional de  la República Argentina donde se desempeña como Presidente del Comité de Educación  y Capacitación Panamericana. Es asimismo Directora del Área Académica Multidisciplinaria  de la Red Mundial de Juzgadores Familiares  y de  la Comisión Latinoamericana de Jueces  (REDLAJ) y  dirige el Instituto de Investigaciones Históricas de la Municipalidad de Avellaneda. Ha participado como integrante del equipo de  creación de universidades argentinas y ocupado diversas funciones directivas en las mismas. Es consultora para nuevos planes de estudio de grado y de posgrado  en la Educación Superior Universitaria. Es asimismo Asesora Académica de la Fundación de Artistas Discapacitados y Asesora de Turismo de la Cámara de Comercio, Industria y Producción de la República Argentina   Ha recibido Declaración de Beneplácito y  Reconocimiento a la Trayectoria por la H. Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires  y es Dama Bolivariana de la República Argentina, designada por la Academia Bolivariana de las Américas.  Ha merecido, , entre otras distinciones, la de Mujer Bonaerense destacada en Educación, año 2002; Mujer del Año en la Cultura, Dirección de la Mujer, Municipalidad de Avellaneda,  1992; Mujer del Año en la Cultura, H. Concejo Deliberante local , 2002; Venera de Plata por su labor patriótica al servicio de la educación, 2004, etc..  Integra la Red Argentina de Posgrados en Educación Superior (RAPES); Miembro de la Asociación Nacional Sanmartiniana de Avellaneda; Miembro Fundador de la Unión de Cóndores de las Américas.


Formación de grado y académica:

 
Profesora universitaria en Historia, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires; Especializada en el Programa de Actualización en Negociación y Cambio, Escuela de Graduados Alberto  Soriano, Facultad de Agronomía, Universidad de Buenos Aires; realizó sus estudios de Doctorado en Historia, Facultad de Historia y Letras, Universidad del Salvador; Magister en Cultura Argentina, Instituto Nacional de la Administración Pública; Magister en Gestión y Políticas culturales, Instituto Nacional de la  Administración Pública; Magister en Metodología de la Investigación Social, Universitá di Bologna – UNTreF; Especialista en Producción de Textos Críticos y Difusión Mediática de las Artes, Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA)


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miércoles, 31 de octubre de 2012

JORGE LUIS BORGES: el escritor argentino más renombrado y al que no le fuera concedido el Premio Nobel de Literatura: SUS OBRAS COMPLETAS





Todo Borges – 

 

 

 

 

 

 

 

por Martin Schifino

1
Cuando Beckett se refirió en su libro sobre Proust a la “abominable edición de la Nouvelle Revue Française, en dieciséis tomos”, habló por más de un lector frustrado con el soporte material de una gran obra. En Argentina y Latinoamérica, muchos lectores de Borges crecimos con la abominable edición de sus Obras completas de Emecé (1974), en un tomo. El mamotreto reunió por primera vez los grandes textos del autor, desde los versos de Fervor de Buenos Aires hasta los “cuentos directos” de El informe de Brodie, y, pese a las muchas antologías, sigue siendo el mejor Borges portátil que hay en español. No obstante, sus limitaciones son obvias, empezando por el formato, que es inmanejable y ostentoso. La impresión es pobre: abundan las erratas mecánicas de letras faltantes o en el lugar de otras, y se han encontrado incluso crasos errores de transmisión: “extático” por “estático”, “temía un” por “tenía en”, etc. Estos aspectos cosméticos tal vez pueden perdonarse, pero más problemático es lo que la edición echa en falta. No existe aparato crítico ni introducción. El más libresco de los escritores argentinos se publicó como una novela de a peseta. 

La culpa no es necesariamente de la editorial, ni de quien dirigió la edición, Carlos Frías; Borges mismo dio el visto bueno y puede que, con su proverbial reserva, se haya resistido al tratamiento académico. En cualquier caso, la presentación adoptada parece una solución de compromiso. La introducción de cada libro quedó a cargo del autor; algunos prólogos se retomaron de las ediciones originales y otros se escribieron en retrospectiva. Unas cuantas frases famosas provienen de esos textos, que rara vez se extiende más de dos o tres párrafos y rebozan de alusiones. Sobre Historia universal de la infamia: “el irresponsable juego de un tímido”. Sobre Fervor de Buenos Aires: “No he reescrito el libro. He mitigado sus excesos barrocos”. Maravillas de concisión, las frases ocultan, sin embargo, tanto como revelan. ¿Qué quería decir Borges con mitigar? ¿O, para el caso, con excesos barrocos? La historia del texto queda soterrada. En un sentido importante, los l ectores tenemos que aceptar la reescritura. Borges defendía el derecho de los autores a corregirse: le escandalizaba, por ejemplo, que se republicaran las primeras ediciones de Henry James, cuando el novelista se había tomado el trabajo de poner a punto y prologar casi todas sus obras para la edición “definitiva” de Nueva York. Pero es más difícil aceptar el silencio editorial que rodea a cada texto.


En la presunta edición de referencia, uno podía leer de punta a punta los ensayos de Historia de la eternidad sin enterarse de que primero habían sido publicados en la revista Sur. Y si no sabía francés, inglés, italiano, latín y alemán, pues buena suerte. Las citas no se traducían, salvo cuando lo hacía Borges para ilustrar un punto dado. ¿Cronología? ¿Nota biográfica? Nada, a excepción de un “Epílogo” redactado por el propio autor, en el que imaginaba la entrada de una futura enciclopedia (cuándo no) sobre él mismo. El texto es de una modestia tan rimbombante como solo puede sentirla alguien culposamente agradecido por el talento que le ha tocado. Entre sus particularidades figuran las palabras finales: “Pueden consultarse sus Obras Completas, Emecé Editores, Buenos Aires, que siguen con suficiente rigor el orden cronológico”. “Suficiente rigor” es, por supuesto, un impecable borgianismo, pero también un mensaje cifrado. Porque lo que no se dic e en ninguna parte de las Obras Completas es que el autor dejaba fuera tres libros de ensayos juveniles publicados en la década del veinte: Inquisiciones, El idioma de los argentinos y El tamaño de mi esperanza. Recapitulando, entonces, las Obras Completas de 1974 eran inmanejables, inatractivas, inadecuadas y, por sobre todo, incompletas. 

Borges publicó un segundo tomo en 1984, en el que recogió los libros posteriores a El informe de Brodie. (Entretanto el primer tomo se dividió en dos, lo que volvió la lectura algo más cómoda aunque también, dirán los que no crean en casualidades, permitió aumentar el precio del conjunto, que consistió a partir de entonces en tres tomos de cubiertas en cartoné.) La línea editorial no se modificó ni un ápice. No se agregaron textos explicativos, y los libros que Borges había suprimido siguieron inéditos. Hubo que esperar hasta la década del noventa, cuando la industria editorial preparaba la Borges-manía del centenario, para que los tres tomos se republicaran por separado, en la editorial Seix Barral; pero, extrañamente, no se los incorporó al cuarto tomo de las Obras Completas que apareció en 1996. Con este último, que recogió cuatro recopilaciones póstumas de reseñas, prólogos, clases y conferencias, se dio por cerrada la edición canónica de Obras co mpletas, pero la incoherencia editorial perduró. No todos los textos sueltos entraron en ella; muchos fueron a parar a tres tomos laterales a los que se bautizó Textos recobrados, como si tuvieran una entidad distinta a los demás. Y desapareció en el proceso la curaduría que ayudaba a situarlos. Por ejemplo, se eliminó la introducción de Enrique Sacerio-Garí a los llamados Textos cautivos, una colección de reseñas y artículos periodísticos publicada en 1986 que, como notó Juan José Saer, “merece figurar entre los mejores libros de Borges”; los textos, ni qué decirlo, se defienden solos, pero esa colección es fruto de la investigación bibliográfica de Sacerio-Garí y Emir Rodríguez Monegal. ¿Por qué no reconocerlo? Quizás porque las Obras completas son una construcción editorial que monumentaliza a Borges. Y la ideología de fondo es: no toquen el monumento

2

Entre las noticias más resonantes de la feria del libro de Fráncfort de 2010, en la que Argentina fue el país invitado de honor, estuvo la venta millonaria de los derechos mundiales de Borges a Random House Mondadori, por una suma “no revelada”, como se dice en estos casos, que los chismes del sector ubicaron cerca de los dos millones de euros. Emecé habría ofertado uno y medio. Las cifras exactas importan menos que el hecho, sorprendente para algunos, de que salió perdiendo el editor histórico de Borges, aunque se le concedió como premio consuelo la edición crítica, de la que hablaremos en breve. Se acercaba, entretanto, el aniversario número veinticinco de la muerte de Borges, lo que ofrecía la excusa perfecta para lanzar al mercado una edición renovada. Los flamantes dueños de los derechos no iban a desaprovecharla. “La idea es salir lo antes posible”, comentó el director de la Random House en Argentina, Pablo Avelluto, en un artículo publicado en el periódico Clarí n por Patricia Kolesnicov. 

Kolesnicov informaba que, “esta vez, las Obras Completas se presentarán por género y no por cronología: cuentos, ensayos, poesías, misceláneas.” Tratándose de Borges, que había mezclado permanentemente esas formas, el enfoque sin duda plantearía problemas, pero tal vez arrojara resultados iluminadores. En cualquier caso, la oportunidad era única: ofrecer por fin un texto y, más ampliamente, un objeto editorial a la altura del autor.
Pues bien, en 2011, a poco de seis meses de la venta de los derechos, apareció la nueva edición de las Obras Completas. Seis meses es un tiempo muy breve en el mundo editorial, así que imaginemos el ajetreo de editores, correctores, académicos y especialistas. Directivas como las siguientes: “No me pasen llamadas de acá hasta marzo. ¡Estoy editando!” Cientos, miles de consultas por correo electrónico a autoridades mundiales: “Estimada/o Beatriz Sarlo / Edwin Williamson / Michel Lafon / Silvia Molloy / Jean-Pierre Bernès: con respecto a las fuentes de…” etc. Imaginemos… Porque la triste realidad es que un pasante con una fotocopiadora habría podido hacer el trabajo. 


Del intrigante anuncio de Kolesnicov, ni rastros. Al parecer el alto mando borgiano decidió tomar la edición-mausoleo de Emecé y reproducirla casi tal cual. Vale la pena definir ese “casi”. Sí, se han corregido las erratas que quedaban; la tipografía es más agradable; y el diseño de tapa es más cuidado . Pero el ordenamiento en cuatro tomos es el mismo que en Emecé, y hasta se han reproducido los tres tomos completamente arbitrarios de “textos recobrados”. La única diferencia de orden es que, “por primera vez”, como dice una nota triunfal del editor, se han incluido en las obras Inquisiciones, El idioma de los argentinos y El tamaño de mi esperanza. Se trata de un indudable acierto, con la salvedad de que no se aclara lo que ello implica: ahora tenemos, en un mismo tomo (el primero), tres libros tempranos de los que Borges renegó, al lado de poemas igualmente tempranos (Fervor de Buenos Aires, etc.) que corrigió extensamente en los años setenta. Es decir: a la vez se respeta y se pasa por alto la voluntad del autor; y si un lector pretende, por ejemplo, seguir la evolución del estilo de Borges a través de esta cronología, llegará a conclusiones falsas. 

No es que uno vaya a enterarse de esos problemas en la edición misma. Apenas una página escueta introduce cada tomo con precisiones mínimas; la firma un anónimo “editor”. ¿Quién es ese editor? ¿Avelluto? ¿Una función del texto, como diría Foucault? ¿El pasante de la fotocopiadora? No preguntemos. De nuevo, Borges aparece entre cubiertas como por generación espontánea. El medio es el mensaje: un autor tan clásico no necesita presentación. Pero este tipo de supuesto, si es tal cosa y no mera inepcia, va en contra de la erudición contemporánea. De hecho, comparar las ediciones de Borges con las de otros clásicos modernos da pena. Italo Calvino en Einaudi, Virginia Woolf en Oxford Classics o Marcel Proust en Gallimard gozan del cuidado de grandes especialistas que anotan amorosamente los textos, aclaran opacidades, comentan el lenguaje, toman en cuenta la historia editorial de los libros y sitúan al autor dentro de una historia socio-literaria. Hasta hace poco, la mejor tentat iva de este tipo que se había hecho en castellano con Borges era la de editorial Cátedra, que compiló una antología con las narraciones “de más alta consideración”, es decir los cuentos de Ficciones y El Aleph. Pero se trataba de un volumen para estudiantes, no de una edición de referencia. 

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Lo que nos lleva, obligadamente, a la edición crítica en tres tomos de Emecé, que empezó a publicarse a principios de 2010 y se completó a mediados de 2011. Aunque se hablaba de esa edición al menos desde mediados de los noventa, quince años es un tiempo bastante razonable, incluso algo breve, para una empresa de esta magnitud (la publicación de los ensayos de Virginia Woolf, por ejemplo, tardó veintidós años en completarse). Al ver los resultados, uno quisiera que se hubiesen tomado una década o dos más. Emecé realmente se ha superado a sí misma, produciendo una publicación incluso peor que la de 1974, por razones muchas veces opuestas. 
Empezando por el envase, los libros parecen diagramados en busca de máxima incomodidad: son imprácticos como material de consulta e imposibles de leer por gusto. Los contenidos, es cierto, mejoran algo. Las notas consignan y comentan en detalle las variantes textuales, de manera que pueden constatarse las famosas correcciones que introdujo el Borges maduro en sus textos de juventud; pero las diversas ediciones que se han consultado no se dan por separado en la bibliografía y hay que remitirse a cada nota. Mis esperanzas de encontrar una cronología no eran grandes, pero la ausencia de introducción es ya motivo de alarma. La “única edición de esta magnitud en español” viene presentada por una “nota” de una página. Los editores, Rolando Costa Picazo e Irma Zangara, dicen que las referencias “aspiran a convertirse en un instrumento de ayuda para todos los interesados en Borges y su obra, estudios y lectores en general”. Esa aspiración no parece lo bastante amplia par a la contracubierta, donde se proclama que el libro tiene en cuenta “distintas clases de público —de estudiantes primarios o secundarios a profesionales de la literatura, así como lectores argentinos y extranjeros”. Ahí reside, en esencia, el mayor problema. Tratando de quedar bien con todos los lectores, no se satisfacen las necesidades de ninguno. 

Ya quisiera ver al estudiante primario que se aventura por el bosque de notas, pero a los profesionales de la literatura y a los lectores argentinos y extranjeros muchas les parecerán superfluas, si no condescendientes. ¿Necesita un lector de Borges, en la era de Wikipedia, que le digan que Zenón era un “filósofo griego, principal discípulo de Parménides”? De acuerdo, quizás el estudiante primario lo necesita; y, para ser justos, la nota alude a ideas de Zenón que Borges reutiliza en varios textos. Pero nadie necesita que le digan que al escribir un verso como “He sido y soy” Borges “asume firmemente su ser, su persona, en el pasado y en el presente”. La paráfrasis de segunda categoría no debería colarse en una edición erudita. Cabe notar, de hecho, que hay poco sentido de la proporción en el aparato crítico. Una nota sobre Verlaine, que releva con utilidad las alusiones de Borges a uno de sus poetas favoritos, es mucho más breve que dos precedentes sobre los padres de Bor ges, un material que pertenece en realidad a una biografía. Y las minucias biográficas en general desplazan los problemas textuales. Por el lado positivo, hay que decir que Costa Picazo y Zangara han compulsado una enorme cantidad de bibliografía secundaria; desentrañan las referencias geográficas, históricas y literarias con pericia, en un tono que combina discreción y autoridad. Pero un proyecto de esta naturaleza se beneficiaría con lineamientos editoriales más rigurosos y un enfoque más docto.

La bibliografía, por ejemplo, es prácticamente inútil para académicos: a la falta de ediciones de Borges se suma una lista risible de estudios críticos sobre su obra. En total, trece. Libros faro de la crítica argentina, como Borges: un escritor en las orillas, de Beatriz Sarlo, o El factor Borges, de Alan Pauls, ni siquiera se mencionan; tampoco se cita un solo estudio francés, pese a que Borges ha sido el gran mimado de la crítica francesa. Cuando uno busca las “obras en colaboración”, entra directamente en el mundo del género fantástico: se señalan seis libros menores que Borges publicó con amanuenses como Delia Ingenieros o Esther Zemborain de Torres, pero ni una de las magníficas colecciones de relatos policiales que escribió a cuatro manos con Adolfo Bioy Casares. Repito: ni una. Agreguemos a esto el hecho de que la otra gran obra en colaboración de Borges, el “Autobiographical Essay” redactado en inglés con la asistencia de Norman Thomas Di Giovann i, aparece solo bajo la rúbrica de “memorias”, y uno empieza a ver que la bibliografía, como la edición en general, es más ideológica que propiamente académica. A veces se habla de biografías autorizadas; aquí tenemos algo peor: ediciones autorizadas. Peor, porque el saber debería ser lo contrario de un relato oficialista. 

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¿Cómo leer a Borges, entonces? O, mejor dicho, ¿dónde? Se me ocurren dos posibilidades, ninguna muy satisfactoria. Una es la magnífica edición francesa de Jean Pierre Bernès, que se reeditó en 2010 tras pasar diez años en un limbo legal, impuesto por la viuda de Borges al entrar en juicio con la editorial Gallimard. Prodigio de perspicacia, la edición fue celebrada por borgianos de todo el mundo al publicarse el primer tomo en 1993 y el segundo en 1999. Sus notas, prácticamente omniscientes, procesan una gran cantidad de fuentes primarias, proporcionan variantes textuales donde hace falta y además citan cada comentario que hizo Borges en entrevistas y charlas sobre textos puntuales. Bernès no pierde tiempo con interpretaciones superfluas, pero aporta todos los detalles que le faciliten al lector llegar a una propia, como por ejemplo la descripción de la cubierta original de Fervor de Buenos Aires, que estaba adornada por un dibujo de la hermana de Borges, Norah, “ un peu à la manière de Giorgio Di Chirico, la ville vide de ses habitants”. La edición de La Pléiade contiene además todo el material periférico que hace falta para situar a Borges en el tiempo y en el espacio, incluyendo una cronología, una bibliografía exhaustiva y un estudio crítico del autor. Gracias a sus tablas de contenidos, es fácil encontrar en ella lo que uno busca, pero también muy placentero perderse entre la información. Estas Oeuvres, es cierto, no incluyen todo lo que escribió Borges, pero ofrecen un orden razonable y razonado. El obvio inconveniente, para nosotros, reside en la lengua, que no es la de Borges.

La segunda opción sería abandonar de momento la idea de obras completas. En cierto modo, es una opción prevista por la industria editorial, que ha publicado a Borges en casi tantos formatos como a Cervantes. En las notas anteriores, no consideré ediciones limitadas, ediciones de lujo (con pinturas, por ejemplo), ediciones piratas, ediciones en rústica, ediciones de poesía o ficción aisladas, ediciones en otros países latinoamericanos, ediciones no recopiladas en las Obras completas ni en los Textos Recobrados (increíblemente, aún las hay), ni ediciones populares como las que se publican cada tanto con el periódico. Resistiendo la exageración de verlas como una biblioteca de Babel, se puede decir que haría falta una enorme pared para alinearlas. Hay Borges para todos los gustos. A mí, por ejemplo, me gusta la labor que ha hecho Alianza editorial en su colección de bolsillo, que publicó uno a uno los libros en volúmenes bien diseñados, libres de erratas y c on una tipografía muy legible (aunque sin introducciones ni notas). Con los derechos en manos de Random House Mondadori, al cabo esas ediciones desaparecerán; pero las nuevas de Debolsillo reproducen el formato y son igualmente agradables. 

No obstante, al contar con una buena edición de referencia se corre el riesgo de que esa variedad se perciba como laberíntica. Borges mejor que nadie sabía que un laberinto puede ser metáfora de muchas cosas, pero es en esencia un lugar propicio a la desorientación. Y la desorientación es muy mala consejera de la literatura. Habría que empezar, pues, por reconocer la necesidad de clasificar y contextualizar con algo más que “suficiente rigor” una obra que se revela cada vez más amplia y cada vez más compleja. Uno quiere, por supuesto, lo imposible: una edición que presente los libros publicados de manera ágil y sucinta; que ordene con inteligencia la enorme cantidad de textos ocasionales; que aporte una bibliografía académica actualizada; que contenga un prólogo democráticamente informativo; que acerque al autor a los lectores en vez de ponerlo en un pedestal; que declare sus propios métodos e intenciones. ¿Es tan imposible? Véase Bernès. Por lo pronto, se han desaprovecha do en castellano dos oportunidades que no sabemos cuándo volverán a repetirse. ¿En el cincuentenario de la muerte de Borges? Pero habrá que ver si el libro tal como lo conocemos sigue existiendo. Umberto Eco dijo una vez que la obra de Borges era la “verdadera WWW”; a lo mejor no se la puede contener entre cubiertas. En honor a la metáfora del libro de arena, tal vez no sea inapropiado que la gran edición pendiente acabe siendo electrónica.

Principales ediciones mencionadas en este artículo:
Obras completas, I-II, III, IV, 952 pp, 568pp, 560 pp, 568 pp. Sudamericana, Buenos Aires.
Textos recobrados, I, II, III, 496 pp, 352pp y 360 pp. Sudamericana, Buenos Aires.
Obras completas, Edición Crítica, I (anotada por Rolando Costa Picazo e Irma Zangara), II (anotada por Rolando Costa Picazo), III (ídem), Emecé, Buenos Aires, 1.120 pp, 880 pp, 872 pp.

Œuvres complètes, I & II
, Gallimard, Bibliothèque de la Pléiade, Paris, 1.754 pp y 1.524 pp.
Fuente: http://salonkritik.net/10-11/2012/10/todo_borges_martin_schifino_1.php