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martes, 25 de agosto de 2015

ESPAÑA: Fue descubierta una mikve del siglo XIV en l’aínsa (Sefarad)


















El profesor Andreu Lascorz, hebraísta, presidente de la ARCCI (Asociación de relaciones culturales Cataluña-Israel y representante de la Universidad Ben Gurión en España, envía este artículo donde anota: “creo que he encontrado una mikve en l’Aínsa, Comarca del Sobrarbe, en la provincia de Huesca (Sefarad)”.

Hace 15 años presenté mi primer libro en la Feria Internacional del Libro de Jerusalén, me desplacé con mi esposa y fui el único escritor español que desafió la intifada y amenazas para presentar “la Aljama judía de Monzón, la olvidada”. Justo es reconocer que la presentación en Israel fue un gran éxito y el trabajo fue muy bien acogido. Posteriormente he publicado 6 libros más, decenas de artículos, y he participado en congresos nacionales e internacionales.

Siglos de presencia judía en España, prácticamente han sido borrados tras la expulsión de 1492, casi no quedan sinagogas, ni mikvaot, testigos de una brillantísima presencia judía en Sefarad.

En la provincia de Huesca (Aragón) existen documentos que certifican la presencia judía en 1087, en 1020 residían judíos en Jaca, a finales del siglo XI había judíos en Montclús y muy probablemente en l’Aínsa, las noticias sobre la existencia de judíos en Pamplona se remontan al año 905. 

En el siglo XIII en Aragón la mayor comunidad judía era la de Zaragoza que tenía unas 200 familias. La seguían muy de cerca Huesca y Calatayud, y entre 30 y 50 familias tenían Teruel, Daroca, Jaca, Montclús, Barbastro, Monzón, Egea, Alagón y Tarazona. L’Aínsa debía contar con unas 10 familias judías.

La cruzada de los pastores (1320), se convirtió en una tragedia. Los documentos conservados en los archivos indican que la entrada de los pastorcillos se produjo a través del “puerto de Jaca”. Se dice que los pastoreaux entraron por separado y divididos en numerosos grupos. El rey Jaime II ordenó que les impidieran la entrada, ya que temía que, como la cosecha de cereales no había sido buena, provocaran con su numerosa presencia una hambruna. El rey ordenó a todos los funcionarios y municipios que protegieran a los judíos.

En aquel momento, el rey y el príncipe Alfonso tomaron la inusitada decisión de ordenar que cualquiera que golpeara o insultara a un judío, o a un musulmán, fuera ahorcado sin remisión. Entraran por donde entraran, la primera acción importante de los pastorcillos fue la matanza de decenas de judíos en el castillo real de Montclús. Parece que perdonaron a los niños y los convirtieron a la fuerza, también fueron convertidos algunos adultos, hombres y mujeres. De Montclús pasaron a Naval, donde asaltaron y saquearon el barrio musulmán con la ayuda de los cristianos de la localidad. También está documentada la presencia de pastoreaux en l’Aínsa y en Barbastro. El príncipe Alfonso ajustició como escarmiento a cierto número de los que habían atacado Montclús y a algunos de los aragoneses que habían participado. En el caso de Montclús, se acusó a unos setenta individuos que fueron sancionados con multas, un buen número de localidades pagaron cantidades que oscilaron entre 100 sueldos jaqueses, caso de Revilla y 1.000 ssjj, caso de l’Aínsa, donde debían residir unas 15 familias judías.

A finales del siglo XIV existían comunidades, organizadas como aljamas, en Monzón, Huesca, Jaca, Fraga, Tamarite de Litera, Alcolea de Cinca, Barbastro... y había judíos en Albalate, Estadilla, Pomar de Cinca, Naval, Graus, l’Aínsa, Benabarre y probablemente Roda de Isábena.
Fray Vicente Ferrer consiguió de Fernando I durante 1414 un decreto que obligaba a las comunidades judías a asistir a sus sermones. En Aragón fray Vicente Ferrer será secundado por Maestre Jerónimo de Santa Fe. Se pretendían conseguir bautismos de manera voluntaria: “no hay que matar a los judíos con la espada sino con la palabra...”. Cuando las comunidades de Monzón, l’Aínsa y Alcolea conocieron la noticia de la llegada de aquel “azote de los judíos”,
que acompañado de aquel cortejo de flagelantes predicaba el “santo odio” contra los “infieles”, los judíos huyeron despavoridos, alegando temor a ser agredidos, y eso a pesar de que la no-asistencia a las predicaciones estaba penada con 1.000 florines de oro. 

Los judíos de l’Aínsa, presos del pánico, sabedores de que “maestre Vicent yva enta la dicha villa por predicar hi de fazer officios divinales, dubtando seer maltractados e abolatados por las grandes gentes de Gascones e otros que venian a la dita villa por oir las predicaciones e officios del dito maestre Vicent, se sallieron en el dito tiempo de la dita villa, dexantes asti sus casas e robas”. 

Pasada la Disputa de Tortosa (1413 -1414) la comunidad judía de Monzón se convirtió en un destino atractivo para los judíos de las localidades vecinas que han vivido la desaparición de sus comunidades (l’Aínsa, Fraga, Tamarite de Litera, Montalbán, Castellote, Molinos, Caspe y Barbastro). En Fraga, el 1416 “guey no hi ha alguna judería” porque todos se habían convertido, Tamarite en el mismo registro no figura, es decir, ya está despoblada, dos años antes el papa Benedicto XIII les ordenaba la entrega de la Sinagoga, lo que significaba la emigración forzosa: o la de l’Aínsa, con una trayectoria similar a la anterior, o la de Barbastro (en 1415 se había hecho cristiana toda la comunidad).

Actualmente estoy escribiendo un libro sobre la presencia judía en la Comarca del Sobrarbe que entregaré a finales de año. Investigando, a primeros de mayo, paseaba con el Alcalde de l’Aínsa, José Miguel Chéliz, por la judería, cuando nos detuvimos a hablar con una anciana. Ella nos explicó que en la casa de enfrente había una estructura muy antigua, extraña, un pozo para guardar hielo –decía-, dentro de una casa, una estructuras que nadie entendía y que me sugirió visitar.

Volví a Reus, mi ciudad de residencia y la cabeza no paraba de darme vueltas, ¿un pozo en una judería? decidí volver a l’Aínsa, recorrer 400 kilómetros en coche para visitar el sótano en cuestión, gracias a la ayuda inestimable de José Miguel Chéliz, que contactó con los propietarios del edificio. Cuál fue mi sorpresa cuando pude ver que había dos aljibes, separados, paralelos, muy parecidos (con capacidad para más de 2.500 litros cada uno), para recoger agua de lluvia, pero lo mejor llegó segundos después, al lado del segundo que tenía en su parte inferior una abertura que parecía de desagüe, existía una cisterna rectangular que me comentaron conectaba antes de las reformas con el desagüe. Las dimensiones de la cisterna permiten almacenar casi 1000 litros de agua (los mikvaot deben contener un mínimo de 40 seá, es decir, 480 litros de agua) y tiene en su interior dos escalones que permiten descender y ascender.

¿Cómo es posible algo parecido? le pregunté al propietario. Él me respondió que en el año 2007 descubrieron, mientras realizaban obras en la casa, que existía un sótano cubierto de ruinas, sótano del que desconocían su existencia. Los propietarios encargaron a una empresa especializada que sacase los materiales de derribo de siglos atrás y pusiesen al descubierto lo que hubiese de interés en el sótano. 
Decidieron respetar los aljibes y la cisterna, reforzar una pared y seguían hasta hace un mes sin entender que representaba, que significaba el conjunto.

Las mitzvot de Taharat HaMishpajá (las leyes de pureza familiar) y de la mikvé (el baño ritual) eran fundamentales para los matrimonios judíos hace más de 500 años. La mikve ocupa un lugar fundamental en la vida judía desde tiempos inmemoriales. Algunos rabinos de las comunidades debían construir mikvaot incluso antes que las sinagogas. He contactado con hebraístas, arqueólogos y expertos en Israel, España, USA y… y prácticamente todos confirman mis sospechas, ¡se trata de un amikve! Ahora es necesario realizar un estudio en profundidad de un sótano que se ajusta a lo escrito en el tratado Mikvaot de la Mishná, para fundamentar mis sospechas y quedará en manos de los propietarios la decisión de abrir a vecinos y turistas el hallazgo, con elementos que ayuden a entenderlo y de paso descubrirán una hermosa página del pasado de l’Aínsa, Sefarad e Israel.

fuente: semanario 'AURORA', Tel Aviv, Israel

Comentario del Editor de este Blog:

Muy interesante el texto del Prof. Andreu 
Lascorz, historiador del judaismo español.
Conozco a Andreu ya 15 años,y lo 
considero mi hermano.

Fui uno de los presentadores de su libro 
"La Aljama judía de Monzón, la olvidada" 
en la citada FERIA INTERNACIONAL 
DEL LIBRO de Jerusalen.



viernes, 26 de septiembre de 2014

LA RUTA JUDÍA EN BUENOS AIRES- Museos, conciertos, exhibiciones y comidas típicas para conocer la cultura judía


Hava Nagila porteño








FOTO: CEDOC PERFIL


Por Analía Melgar. Diario PERFIL
De acuerdo con los datos oficiales de la Ciudad de Buenos Aires, la colectividad judía en la Argentina es la séptima del mundo y se concentra en Capital Federal. Dentro de esta gran urbe, el circuito cultural, gastronómico, económico y religioso de esta poderosa identidad tiene zonas destacadas: sobre todo, el barrio de Balvanera u Once, y algunos puntos en Villa Crespo, Belgrano y Barracas.

Por allí se distribuyen judíos ortodoxos –con sus reconocibles vestimentas–, judíos askenazíes –asociados con la inmigración de Europa del Este– y judíos sefardíes –cuyas raíces tienen que ver con Turquía, Siria, norte de Africa y España. Pero, como dice Diego Elman, director institucional de la Congregación Israelita de la República Argentina (CIRA): “Lo judío en Buenos Aires está entremezclado con lo porteño. Hay mucha integración. No existe un barrio judío específico, como sí lo hay en otras ciudades del mundo. Acá, por ejemplo en Once, la multiculturalidad se ve en la convivencia de judíos, bolivianos, asiáticos”.

Ahora bien, para un recorrido turístico, conviene considerar, al menos, estos puntos. Del ámbito religioso, hay tres bellos templos. El Templo Libertad así se llama por la calle en la que está emplazado (Libertad al 785) y forma parte de la CIRA, la asociación más antigua de la colectividad, iniciada en 1862. La actual sinagoga se inauguró en 1932, y está habituada a recibir visitantes: extranjeros judíos que celebran el shabbat y aprovechan que este templo está cerca de muchos hoteles y de la bajada de cruceros; niños y jóvenes de escuelas de Buenos Aires y del interior; grupos que quieren conocer las tradiciones judías, a menudo, católicos; y público en general.

Por otra parte, el Gran Templo Paso también toma su nombre de su calle (Paso 423) y se enorgullece de su historia: comenzó a funcionar en 1894 de la mano de inmigrantes de Rusia y de Polonia, tuvo varias sedes y el edificio que hoy se ve, con su Estrella de David armada en un luminoso vitral, se fundó en 1930. Y en Barracas (Brandsen 1444), se encuentra, de arquitectura muy diferente, el templo sefardí Or Torah, perteneciente a la Asociación Unión Israelita Sefardí Luz Eterna: sobresalen los ventanales redondeados, el techo corredizo y el patio estilo andaluz, con mosaicos.

De los varios museos judíos en Capital –Museo Ana Frank (Superí 2647), Museo del Holocausto (Montevideo 919), entre otros–, el más completo probablemente sea elMuseo Judío de Buenos Aires Salvador Kibrick (Libertad 769). Allí se acopian registros de los primeros colonos, en provincias como Entre Ríos, los conocidos como “gauchos judíos”. Asimismo, hay fotos de la historia de la colectividad en la Argentina, en un abanico desde el siglo XIX a la actualidad, así como archivos de escritores como Alberto Gerchunoff y Leopoldo Lugones, y visitas históricas de judíos célebres como Albert Einstein.

El panorama de la presencia judía en la Argentina quedaría incompleto si no se mencionaran sus numerosos espacios vinculados al arte y la cultura. La AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) organiza talleres, conciertos, conferencias, con una nutrida agenda (Pasteur 633). 

Además, es posible recorrer sus instalaciones, que incluyen 
la plaza interna, donde está el monumento creado por el artista plástico Yaacob Agam, un recordatorio del atentado de 1994. Otra valiosa institución para visitar es el IWO (Idisher Visnshaftlejer Institut-Instituto Judío de Investigaciones) creado en Vilna en 1925, y establecido en Buenos Aires desde 1928. Donde funciona (Ayacucho 483), no sólo hay una biblioteca especializada en temas judíos y en varios idiomas, también se dictan clases de ídish.

Por su parte, el Teatro IFT (Boulogne Sur Mer 549) había sido fundado en 1932 comoIdramst (Idisher Dramatisher Studio). Hoy sigue siendo parte de la ICUF (Federación de Entidades Culturales Judías de Argentina). Integrantes de su staff han sido Cipe Lincovsky y Max Berliner.Ya fuera del IFT, lo teatral y lo judío se enlazan hasta el punto de existir un stand up con música y referencias judías. Son las miniescenas y chistes que hace el actor Roberto Moldavsky, en un show que él risueñamente denomina “goy friendly” y que realiza en diversas salas teatrales de la ciudad.

Todo este sustancioso panorama merece completarse con ricos sabores. La panadería Taam Tov (que significa “Buen gusto”), en la Av. Corrientes 2922, prepara especialidades judías, sobre todo, la jalá, el pan trenzado que se come en shabbat. Otra panadería que además ofrece platos salados como gefilte fish, knishes de papas, bohios y lajmashin es Ganz (Paso 719). Comida de inspiración sefardí se puede conseguir en Al galope (Tucumán 2633): varenikes, hummus, falafel. Similar menú, más pastrami caliente, gravlax y baba ganoush, se sirve en La Crespo (Thames 612, esquina Vera). Y enAsian Kosher (Avenida Córdoba 5300, esquina Godoy Cruz) se cocinan platos de parrilla y de línea asiática, pero sin cerdo, ni mariscos, moluscos ni bivalvos.
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