lunes, 13 de enero de 2014

CUBA: Helen Hernández Mormilla : Literatura femenina refleja diversidad sexual












Helen Hernández Mormilla/
Especial SEMlac*/La Habana, agosto.- 

Las experiencias eróticas de una joven lesbiana en las calles habaneras de inicios de los noventa sirven a la narradora cubana Jacqueline Herranz Brooks (1966) para revelar la homofobia que han debido soportar las personas no heterosexuales en la isla caribeña.
En su más reciente título Mujeres sin trama (Nueva York, 2011), Herranz Brooks relata las distintas relaciones de Victoria Herrera, la protagonista, con amantes conocidas durante un año en el cual vive “en la calle”, luego de que su madre la expulsara de la casa por su orientación sexual.
Llevar a la literatura la vida de personajes marginados por la sociedad es una de las intenciones de esta autora, residente en Nueva York, Estados Unidos, desde 1999, según comentó en una tertulia realizada en La Habana junto a su colega cubano-americana Sonia Rivera Valdés (1937).
El encuentro, realizado en la Editorial de la Mujer de la Federación de Mujeres Cubanas, sirvió para actualizar a lectoras y lectores de la isla sobre la producción narrativa de ambas escritoras, pertenecientes a distintas generaciones, pero con obras vinculadas por el tratamiento desprejuiciado de la sexualidad.
Herranz Brooks comenzó publicando el cuento “Intromisión abrupta de esos dos personajes”, ganador del premio de la revista cubana Revolución y Cultura en 1997 y reproducido en varias antologías.
La totalidad de su obra ha sido publicada fuera de Cuba e incluye la colección de poemas Liquiddays (Argentina, 1997), Escenas para turistas (Estados Unidos, 2003) y Mujeres sin trama (Estados Unidos, 2011).
Las vivencias personales son el punto de partida de sus historias, que enmarca en la llamada literatura de auto ficción y lésbica.
“He ido adquiriendo conciencia sobre qué es escribir sobre uno mismo porque soy siempre el sujeto de mi literatura, aunque no se trata de un testimonio sino de ficción a partir de sucesos reales”, comentó.
“Me interesa que las vidas marginales ganen lugar en la literatura para que personas que se parezcan a mí, tradicionalmente excluidas, se sientan representadas”, agregó.
La novela, de la cual leyó algunos capítulos durante la velada en la capital cubana, describe de manera explícita el sexo entre mujeres y recorre lugares de encuentro lésbico en La Habana de los noventa, como bares, cines y parques.

Esa arqueología de sitios para el cruce sexual entre mujeres resulta una de las ganancias de la obra, al decir del historiador cubano Julio César González Pagés.
En su opinión, este tipo de comportamientos casi siempre se investiga para los hombres gay, pero se ignora lo que sucede con las mujeres homosexuales que se encuentran para tener sexo en lugares públicos, porque aún persisten tabúes al respecto.
Herranz Brooks añadió que le interesa romper los esquemas de lo que resulta sexualmente atractivo, pues por lo general la literatura apela a la imagen de las mujeres según cánones de belleza tradicionales.
Lo mismo sucede con los lugares donde sus personajes tienen sexo, que pueden ser derrumbes, espacios públicos y con poca privacidad.
Sucesos y personas que transgreden las normas de la sexualidad tradicional son también frecuentes en los libros de Sonia Rivera Valdés, ganadora del premio Casa de las Américas en 1997 con el libro Historias prohibidas de Marta Veneranda (La Habana 1997, 2010), al que siguieron Historia de mujeres grandes y chiquitas (Nueva York, 2003) y la novela Rosas de Abolengo (La Habana, 2012).
Esta última rescata del primer libro de Rivera a la psicóloga Marta Veneranda, quien esta vez escucha la historia prohibida de Lázara Alcántara, una mujer argentino-cubana que emigró a Nueva York.
La búsqueda de la felicidad y el amor por la protagonista llevan a la autora a adentrarse en el complejo tema de la identidad, las consecuencias de la emigración en la familia cubana y la legítima diversidad de comportamientos sexuales.
Para Rivera, la libertad es el tema que engarza toda su obra, sobre todo en el ámbito sexual. “Hablo tanto de la sexualidad porque es un aspecto fundamental en los seres humanos, pero tiene mucha represión y tabúes”, reveló.
“No creo que haya sexualidades reprimidas o diferentes, porque hay muchas maneras de disfrutarla y entre dos personas adultas cualquier comportamiento está permitido”, consideró la escritora.
Su personaje, por ejemplo, gusta tanto de mujeres como de hombres y termina encontrando el amor en una relación heterosexual donde la penetración no es importante.
“Quería desmitificar el culto al pene que existe en nuestras sociedades”, reveló.
Si bien la mayor parte de sus libros no han sido escritos en la isla, tanto Rivera como Herranz Brooks se conectan con las tendencias de la literatura femenina contemporánea del país, que ha experimentado un auge en las dos últimas décadas.
Varias autoras cubanas apuestan por el tratamiento de conflictos sexuales poco abordados en la prosa femenina y por la representación de mujeres que desbordan las normas de lo socialmente asignado a su género.
*SEMlac/Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe

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