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jueves, 1 de marzo de 2012
CARLOS LOPEZ DZUR, poeta y escritor nacido en Puerto Rico, nos presenta historias de guerra y amor
VALENTIA
Para que disfrute alguno de mis textos,
usted tiene que ser valiente, exactamente éso,
contar con una de las virtudes militantes,
un remanente de gozo en sí
porque es gozo saber que se matan
agonías, sentimientos de hecatombe
cuando queda el constructor desconocido
y alguien que no se conforma con morirse
en vida, que es la peor de las muertes.
Usted tiene que sonreir a lo que diga
porque yo estoy derribando el atavismo
de que hemos nacido nomás para el lamento.
Usted vea cómo yo me reconstruyo
y pongo en orden mi polvo y mi linfa
aunque sea con palabras seminales,
húmedas aún de viejas algas,
olorosas aún a mis pantanos.
Este hombre que se textualiza ha querido vivir,
se atrinchera en la guerra-poema de su vida
y trata de sacarle a la tristeza una sonrisa
y a la violencia que, hoy parece que todo
lo circunda, el valor de seguir adelante
sin rendirse; usted sea más valiente
que yo, sonría desde los dolores
que se fundan en los huesos,
fabrique el alma y compártala conmigo
para que yo sienta que no
he perdido el tiempo.
09-01-2004
*
EL MOMENTO AMARGO
Traición es el valor que se pospone
porque somos cobardes, traicioneros
por cobardes. Ni más ni menos.
Siempre hay algo que nos sorprende insuficientes
y quedamos callados, mentimos con el silencio,
engañamos con los actos. Es que a todos
nos corta una medida de miedo.
El Alto Mando convoca a los valientes,
a leales, a sinceros, a los que no posponen
la deuda resolutiva, expedita, de consciencia,
pero aquí estamos, ni más ni menos,
enfrentados al miedo, sin desear
que nos confronte ese adversario
que nos invita a ser hombres,
guerreros verdaderos, auténticos
ante el alma y el Yo puro y no podemos.
03-12-2002
*
DE LA COBARDIA
Se pospondrá la respuesta,
con rodillas en tremores.
Aún no, aún no somos humanos.
Somos cobardes.
Lo sabemos.
Algo no puede salir de nuestra boca.
Algo no se materializa en nuestros actos.
No podemos ser justos. Todavía no.
Nos gusta la seguridad ilusoria de mentir,
posponer, traicionarnos a nosotros mismos,
aunque el alto mando convoca y no,
no estamos preparados.
Somos cobardes, traicioneros por cobardes.
Ni más ni menos.
03-12-2002
*
LA ENEMIGA
Antes del lenguaje, cuando todo fue
vibración en las sombras,
cuando todo fue un destello asomado
a las diversas cavernas de lo vivo,
posiblemente, fue Ella quien la vio.
Era la soledad como enemiga.
La que nos ha parido la distinguió
en la sombra y en la noche
cuando la oscuridad conmueve.
Ella descubrió el rival con que se riñe
el hombre. Extraño evento para dar explicaciones.
Fue seguramente que se perdió el olfato,
el más antiguo instinto, y las cosas
dejaron de ser muy consolantes, predecibles.
No es agradable que no se huela
otra vez el sabor de la alegría.
Del pelaje familiar no hay ni humareda
que despida chispas con recado a los ojos.
23-03-2005
*
LA VIOLENCIA NOS HIZO VULNERABLES
Quizás fue porque la violencia nos hizo vulnerables
y éramos más torpes que las bestias.
Quisimos ya pensar y recordar las cosas
y no depender de los avisos colectivos
ni de abrazos. Es la alborada que irrumpe
con el intelecto y su nueva memoria
a largo plazo, obviándose lo táctil,
y con ello, el miedo de palpar en lo prohibido.
Ahora nos quebrantarán las soledades.
Y no hay magia que sirva y no hay empírico ser
que nos perdone, nos asuma. Dé razones.
A raya nos mantiene la distancia, el disimulo.
Ahora gritamos con palabras a lo que está lejano
y duelen los vacíos de lo otrora presente.
Hemos descubierto cuánto duele el que se va,
cada muerto, cada guerrero que se pierde,
cada cazador, mordido y devorado,
cada voz enmudecida, cada olor no recordado,
cada cuerpo que no se arrima al nuestro.
23-03-2005
*
LA SOLEDAD Y COMO ENEMIGO
Con palabra de luto se ha comenzado
a nombrar al enemigo:
¡Ay, Soledad que hieres, soledad
que escapas, soledad
de quien nos ha parido!
Tu abandono es agresión;
te anuncias ya como enemigo
y ay, soledad, dueles…
Prenuncias las primeras pérdidas.
23-03-2005
*
AHORA ME MATAN ASI
A los jóvenes del ghetto
Por andar por una calle con mi pena.
Por ser desprevenido y solo,
por no poder contar con nadie que me ayude,
ahora es, sin elegancia, que me matan.
Ofrecen la soga a quien quiera colgarse,
a tí mismo, a quien todavía
no ha ahorcado su tristeza.
Te mienten, utilizan la palabra,
hipócrita consigna disfrazada
de inteligentes garfios.
Gentes perfumadas con preciso oportunismo,
gente hedionda en márgenes de seguridad burguesa,
pretendidamente inteligente y filantrópica,
asesinan con saña cuchillera,
te hacen guerra aunque sea por la arrogancia logrera
de ser necios,ciegos, egoístas, enfermos por encargo.
Nos desprecian por elitismo programado.
Ahora te matan los que posan
su inocencia policíaca
lo mismo que los viles cuya calaña
es obvia como la metralleta
de narcos; te matan a cualquier edad
y por cualquier pretexto.
23-02-1997
*
JUVENTUD AUTODESTRUCTIVA
Los gobiernos ya no protejen a otra gente
que a su círculo de benditos
por lucrativa gracia.
Este es un mundo en que se maldice
al pobre y se le mata.
Ahora es un niño quien circula la muerte
y te mata la tersura de los sesos,
neuronas remanentes, expectativa
del poco de futuro hacia tus años.
Tiran navajas en los patios de la escuela.
Venden dulces de fresa que son pura heroína,
alquitrán de sustancias venenosas.
Queso para la rata inocente que la anhela.
Te piden que no creas en nada.
Te viola el padre, te corrompe
el que se llama tu amigo.
Te prostituye un sistema fraterno de enemigos.
Te mata un adolescente y te encarcela
un viejo cascarrabias; te mata por los votos
el legislador más infecundo.
Una anciana soez cultiva prejuicios
como si fueran rosas
en el jardín de sus ojos chismosos
... porque no le gusta tu rostro por vecino.
Cualquiera te chotea, amparado
por un gesto policíaco y falsa noción
de dar servicio, sin sublimar el odio.
*
LA NOTA ROJA ES PARTE DE LA GUERRA
Tu cabeza se pide en titulares de nota roja.
El angelicado parroquiano ajota las crueldades
contra tí, infeliz. Son perros de caza,
nuevos perros de moral neo-evangélica, neopuritana.
Vota en tu contra un pordiosero que sabe tu hambre
y tu abandono. A tu mundo lo llenan de alambradas,
de barrotes, de escupidos, de etiquetas
que fabrican estigmas y confabulaciones.
A tu pueblo lo llenan de cercos y redadas.
Piden muros, mano dura. A tu comunidad
la vuelven tu calvario, porque siempre te comparan,
te empobrecen, te compiten, te disparan
en las sombras... tan cobardes.
Con banderas de odio te hacen paria.
Con mercados te quitan la salud, el pan diario,
la ambición si alguna pudo al fin y al cabo
esconderse en tu alma, pese a la presión social
de tantos hijodeputas con edades diversas.
Has dejado de ser una persona.
Has dejado de ser niño.
Eres prescindible en todo y para todo.
No eres ciudadano ni de un rincón infame.
Te matan [porque pareces inservible,
aunque tú no lo creas y sólo sepas
que estás desesperado] en el infierno crujiente
de tus días y el amplio rescoldo de desesperaciones.
Tus gritos por ayuda ya nadie los oye.
El buen vecino es un criminal siquitrillado
y tú, la víctima ideal, tú, por vulnerable.
Por vivir en la pobreza que empobrece,
en el lado equivocado de la bienventuranza,
te matan así, sin precaución, sin elegancia,
sin la disculpa del asesino que lo pide,
lo ejecuta, lo proclama.
23-02-1997
*
LAS PEQUEÑAS VIOLENCIAS
Hay escaramuzas tolerables.
Ocurren todos los días, se acumulan
por semanas y por años y, en fin de cuentas,
si las vivimos no molestan;
no son profundos recuerdos;
no son memorias, pero sí atropella.
Un insulto, como sea, se pasa, se tolera.
Uno aprende a esquivar empujones,
a exhibirse con su poco de coraje y seguir adelante.
Uno ensaya y renensaya gesticulaciones.
El vecino le pega a su mujer,
otro allá desafía al más humilde;
a otro le roban la cartera.
La violencia es casi normal, alma
y corazón de escaramuza.
Es una golfa cotidiana que echa chispas;
es un pordiosero a la mar de importuno.
Uno no los quisiera de enemigos,
pero a veces divierten. Son el chisme.
O la cruel broma. De las pequeñas violencias
de este mundo, escaramuzas se forman.
Y nada personal se traen con uno.
Hay distancia afectiva.
No es la guerra. No es la guerra.
04-12-2000
*
PARA MENOSPRECIARTE
Nadie tiene la verdad completa: la racionalidad humana
no permite conocer todo en un solo acto; hay que ir viendo
los aspectos desde las distintas perspectivas.
Jesús García Álvarez, escritor español
Te voy a pasar la cuenta. No protestes.
Algo me debes: ¿crees que tienes la verdad?
Pues no. No la tienes y por eso hablas
de tu vida sufrida, de explotadores que te coartan,
de identidad y seguridad no conseguida.
El pobre es quien siempre debe algo.
Debe, en primer lugar, el ser inadecuado,
la carencia de verdad en su vida.
No saben ser felices y pretenden
evitar el sufrimiento ajeno,
desmontar tiranías y opresiones.
08-12-2002 /
PARA DESALENTARTE
Los débiles dan mal imagen a mi mundo.
Carecen de los mínimos fundamentos
y repudian que se les pida cuentas.
Y la pobreza misma les pasa su factura.
Es que viven y, seguramente, no merecen la vida.
Son inseguros, no luchan, vegetan.
Quieren si tolerancia, aunque sean
violentos, cáfila canalla, jauría.
El mundo por su causa es este drama mediocre.
Un perpetuado lirismo de culpa. Un lamento
dizque que por la identidad amenazada.
Juntos lloran, juntos callan, juntos son cómplices
PARA NEUTRALIZARTE
Pero, ¿qué identidad pudieras tener tú, guevón?
vives aunque no lo sepas
en vacío identitario: tu única vivencia
es la insuficiencia... Es más, eres la causa
de la violencia que sufres; en adición, inspiras
la violencia impuesta.
El que es fuerte es quien te pone
a raya y cobra la deuda
que tienes con la sociedad.
Tú la pagas porque la pagas.
Para eso estamos
los que te despreciamos,
iluso pordiosero.
PARA QUE NO PROTESTES
Te voy a pasar la cuenta. No protestes.
Es nuestra obligación que hagamos
que te calles. Manejamos verdades
que tú no manejas...
Ni como copión estás
a nuestra altura. Lo más temible
a que llegas es parecerte
al payaso fundamentalista.
Y cuando más sabroso te imaginas,
terrorista, es más terrorista el terror nuestro
porque somos el Estado
y como élite, superiores
en el arte de tejerte redes de captura.
Somos la araña venenosa y tú el insecto
atrapado en la urdimbrada.
Tú, telarañado
para que veas menosprecio,
para que te desalientes,
para que estés neutralizado
y para que te destruyas.
PARA QUE TE DESTRUYAS
¿Cómo que tu misión, o tu humanismo,
es luchar por el fin de la injusticia?
Tú creas la injusticia, adeudas,
revientas arcas públicas
cuando hay crearte
cárceles, el castigo, armas con que peleas,
y con que tú mismo te hieres.
Siempre eres el que dices «SI» a la guerra
y a la cárcel. Eres el que delinques
y das motivos a censura.
El tonto tentado. El autodestructivo.
PARA QUE SEAS EL BUENO PARA NADA
¿Para qué quieres libertad, si bueno eres para nada?
Querrás de seguro reproducirte como el bicho malo,
y joder los equilibrios ecológicos
con tu indisciplina, tus feroces deseos,
tu monstruoso miedo a lo que desconoces.
Es mejor que sepas que el bienestar material
casi nunca visita la casa del imbécil.
Has nacido para depender
de quien te pasa el débito,
una factura que enseña, poco a poco,
a que te disciplines.
Tenemos el derecho a sujetarte
a la ley del Pez Grande
y a que te coma.
Tú eres el insignificante.
PARA QUE TE DESGASTES
¿Qué eres motor de la historia, semilla airada
del cambio revolucionario? No me hagas reir.
En épica de luchar y morir no hay mérito alguno.
Tienes vocación para el desgaste,
matiz de inseguridad, de carencia de valor,
No vivirías a la altura del individualismo.
El poder no se comparte y si tienes poder,
invocado por deseos colectivos, adeudas
tal poder. Lo habrás robado al Estado.
Temerario, oh atrevido, a punto estás de cometer
un crimen que, de seguro, nadie te perdonará.
La masa será la que te cuelgue de los güevos.
No es dable para tí distribuir lo que no es tuyo.
Lo primero que no te pertenece es la totalidad
del mundo; si así fuera, serías uno de los nuestros.
Y no lo eres. Eres un deudor del Tercer Mundo.
Tu ley, el menor esfuerzo, la diversión,
pasividad alienante, tú, ser a gusto, neutralizado,
08-12-2002 / CARLOS LOPEZ DZUR
Del libro «EL LIBRO DE LA GUERRA»
de CARLOS LOPEZ DZUR / poeta puertorriqueño
INVOCACION
«El inconsciente humano, la zona más
amplia y profunda de la psiquis, tiene
todas las respuestas a cualquier posible
pregunta sobre los orígenes del hombre»:
Carl Gustav Jung
Todas las respuestas quiero,
todo el almacén de tus amores y fidelidades,
misterios que tengas escondidos,
delicias que no haya conocido mi conciencia,
la plenitud de tu compañía, porque no soy feliz
y amor quiero, todo lo que tengas que sea consuelo,
todo lo que me suma en certidumbre,
todo el contenido de la alacena de tu cuerpo,
vasija de luz y tiniebla de tu alma
porque cuando vaya a conocerte,
con el leño encendido,
sabrás que soy un pene de fuego,
ladrón que va al Olimpo
y te roba el kerosene de la vulva.
No me interesa, si eres pequeña y juvenil
como una lechuguilla, si son tus senos
grandes como melones, o son chicos
como una guayaba, pero sé cálida, dispersa
cariño sabio de tus manos,
tibieza rica de tus muslos, si navegas
en medio de mi cama...
Estoy yendo por riscos de mi pena
y abriendo grutas en mis soledades
porque yo sé que estás en alguna parte
del vendaval de mi ignorancia
y mi camino andado.
No me interesa este Día del Amor que sigas
escondida. Para eso estoy yo.
Para buscarte.
Para eso es voy en friega
con mi pasión de hallazgo,
mi maña de olfato y mi esqueleto
husmeando tus rumbos, desde dentro del pellejo
y desde afuera, donde se dan más tumbos.
No me importa si afeitaste tus axilas
y sexo, si tu pie es delicado, o si ya está
encallecido por trepar a las cúspides.
No me importa el tamaño de tus manos
o si eres ruda con la voz,
aunque sea sutil tu palabra... lo que sé
es que quiero tu presencia y eres más antigua
que los sueños, más remota que los arquetipos
y que se te haya en la carne,
porque eres la Compañía
y el Otorgamiento, sede de memorias
del género humano.
Eres la líbido, estructura del amor que dejó
de ser tiniebla y alumbró
las pulsiones de la más pequeña molécula,
oh Varona, carne del Emet,
supe que comíste manzanas de sabiduría,
y quien está sediento por este mal de quererte,
sólo contigo se cura
y vuelve a verte encuerada, siseante, serpentina,
agitada por las ganas de atrapar
dos cojones que satisfagan tu menstruo...
Y soy yo, en este Día de los Enamorados,
el pene de tu ladronería, alma de tu memoria
diferenciada en mi sexo, complemento
para tus emociones.
Yo soy el infeliz que tú amas,
el varón perdido que se antoja de la plenitud
de tu compañía, si es que acaso te internaste
como Eurídice en el infierno,
pero yo tengo el leño,
el que sin tí se apaga... es un garrote
en pena, no inconsciente colectivo,
no simulacro para tu vagina aislada.
Tu Memoria Objetiva y Creadora
no está conmigo; te internaste profundamente
y fuera de mi alcance, te llevaste el carbón
y dos piedras, tus nalgas curvas
que cautivaron mi frote, te llevaste la suavidad
de la llama, el ámbar de la delicia.
En frío me dejaste
pues te llevaste el fuego, éter del Akasha,
virtud de la zarza ardiente de la que nace
el sonido, tu gemido que ama,
y me incita a cogerte...
No me dejes, Eva Congrio,
culo peludo de amores, vaginita anhelada.
No te hurtes de mis ojos.
No te ocultes tras un vestido
hilvanado con hojas de parra.
Peca delante de mis ojos, comparte el conocimiento
de tu manzana. Tú eres mi nostalgia
de paraíso y estoy solo.
En el Día del amor y los placeres,
en la efémerides de la invención de compañía,
Adán está solo, Evé, y no soy feliz
y amor quiero.
12-02-2002 / CARLOS LOPEZ DZUR
QUEJAS A JOHAN JAKOB BACHOFEN
A J. J. Bachofen, iniciador de los estudios
sobre el matriarcado
Ya no hay esa Luna que inspiró el poliamor.
Ni una Afrodita terrenal para el quejica-cuenta-penas
que la invocara y temiera porque ella fue su único placer
y aún lo sagrado; así fue en Licia y Creta;
ya no hay comunalidad con un marco telúrico
por alma de la Tierra; ¿dónde está, Das Mutterecht?
su mano fuerte que declara el Sí, sus diez brazos
que destrozan el No, dónde, Bachofen?
La Gran Vagina y la Mujer curvada de Nut
ya no es paraíso, ni sus senos echan leche
sobre la boca del mundo, ¿dónde en Egipto
la hallaré, dónde en Asia central, Johann Jakob?
.... si ya no hay esa Luna que inspiró el poliamor
y Démeter ha sucumbido bajo pantanos
de basura cultural; el último Dionisos
se metió en la discoteca de los descreídos
y el sol sale de noche entre asesinos
y mujeres tatuadas de desposesión.
La modernidad dejó caspucias, Bachofen.
Sobrajas ensagrentadas por espadas.
Se llevó el Tellus de Sumeria y Egipto.
Toda moralidad, todo decoro, asociado
a la maternidad y la ginecocracia.
Nada hay con derecho arcaico
de Madre, la tierra ha sido
desmadrada.
CARLOS LOPEZ DZUR
FUENTE: recibido directamente del autor, al que agradezco
CARLOS LOPEZ DZUR es un poeta boricua, recien radicado en Puerto Rico después de 34 años de ausencia. Entre sus libros están:
Canto al hermetismo
http://.www.ocnaranja.blogspot.com/2011/05/presentan-el-canto-al-hermetismo-del.html
LAS ZONAS DEL CARACTER
TIJUANA DOLOR DE PARTO
TANTRALIA
TEORIA DE LA SUSTENTABILIDAD
EL HOMBRE EXTENDIDO
EL LIBRO DE ANARQUISTAS
y otros
Indice: Tijuana: Dolor de parto
INDICE / LIBRO COMPLETO
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POETAS LATINOAMERICANOS
domingo, 28 de agosto de 2011
CARLOS LOPEZ DZUR, poeta y escritor boricua, de regreso a su tierra que lo vió nacer.
Evaristo y la Trevi
por CARLOS LOPEZ DZUR
... ya no puedo más, / pero no logras hacerme llorar / y esta noche no aguanto más... / hoy me hieres./ me está doliendo la espalda, / a ver quien me abraza, / a ver quien me alcanza: Gloria Trevi
1.
Hoy fue su gran oportunidad. La mejor de todas las ocasiones. Ella vino a su ciudad. ¿Se imaginan lo alborotado que se puso? Aquí abajo, en este predio, a dos cuadras de su casa, bajaría ese ángel que ella es (claro que, a veces, la llamaría mi genio, como si de veras saliera de las lámparas del capricho y de la idolatría, llena de anhelos, en celebración de los imposibles sueños, que se atesoran despiertos), aunque siempre sujetos al azar. Ella es loquilla y adorable, así la describe. Son muchos los que piensan como él.
Evaristo es celoso. Quitó los carteles de algunas paredes públicas. La propaganda la avisaba, en grandes letras, reproduciéndola con imágenes de su almanaque como la fruta prohibida y un nalgatorio zarriento. Esto le concierne porque ella no ha de ser la manzana de discordia y no quiere que nadie la mordisquée como si fuese una Eva afrodisíaca y demónica, la rechiflada harlot, la inveterada flapper del desgarbo nopalero, gustosa de bacanalias, con movimientos de hipster punky-funky...
A distancia, la realidad de Televisa será su qualia, es decir, horizonte lejano, precario, subjetivo, desechable y un mercado condicionado por ambiciosos, lugar donde él no puede estar por razón de que es un imbécil, tan mediocre y oscuro, soñador y miserable; pero, cuando él vive este mundarro de conspiraciones farandúlicas y lo interioriza, lo consume como su única porción de lo que Dios prodiga y la sociedad controla como pedazo de utopía y fábrica de sueños, es distinto.
Lo fantástico se vuelve real y él, como hampón de lo intersubjetivo, se pilotea con mañas. No como un pobre. Cree que va sobre la alfombra voladora y mágica y que, con sus más amadas estrellas, se vuelve el libertador de genios y, sobre todo, el pedidor de deseos. Dice que tiene la lámpara de Aladino y que La Trevi salió de una botella, o de una lámpara divina que, al frontarla, es la ternura viva y la incondicionalidad mágica de la artista con su público y con su admirador más prendido. ¡El, él! ¡Evaristo!
Cabizbajo está, así nació. Vulnerable. Loser, como le han llamado. Su nombre es Evaristo. Se irá derechito a la mismísima trastienda de la glorificación. Salta el muro. Transmuta lo hostil con magia del qualia y será, de este modo, el más feliz de los chavos del vecindario. Dice que La Trevi lo recibirá en un mundo aparte, íntimo, de ambos. Un mundo real de imaginación.
Esto ocurrirá, como casi siempre, cuando ella finalice el show. El asegura que se le dedicará una de las rockerísimas extravanganzas, que no faltan en los conciertos de La Trevi y que ella improvisará, según supone en su delirio, con la voz ronquilla que tiene y el recuerdo de él que ella guarda, teniéndole más presente que un petardo, o un repentino juego de luces de bengala, una dedicatoria ante chorrocientos mil espectadores. «Para mi fan más especial, para Evaristo, que no pudo estar aquí, conmigo esta noche.. para Evaristo... para Evaristo».
Acabado el espectáculo, ella llegará donde quiera que él urda la cita. Mentira que sea para juntarse con Sergio Andrade. Viene a verlo a él, el pendejete. Y él se quejará de lo sucedido. Ella sabrá que él hizo todo lo posible por estar allí. «No importa, Evaristo». Y esa frase lo compensará todo. Se trascenderá la burla y el menosprecio. A las miserias suyas, le saldrán contextos de complacencia y de tranquilidad. Para él, será fácil creer que ambos han buscado, cada cual a su manera, los mejores ideales, la fe más tibia y la reciprocidad de este amor exagerado. ¡Y este obsesivo deseo de estar allí, pese a que le obstruyen la entrada!
Hay mucha miseria en la vida de Evaristo, pero la verja de la esquina, allí donde es la cita, lleva a la casa ajena. Es cierto que hay unos muros, altos y alambrados. Y él, los brinca con palabras, cuyos significados se le escapan a veces. El salta al jardín de La Trevi y utiliza los adjetivos que son flores. Se trata de un jardín intempestivo. Confía que los verbos han de tomarse por sus acciones heroicas. Es tan palaciego lo que a ella concierne que sobra hasta la beatitud y la belleza, dice el bobo, en sospecha del ídolo. Con ella, no hay egoísmo ni oprobio, ni penuria ni desvergüenza.
Ella es una reina y, si acaso le informaran, que él es tartamudo, tarado, minusválido, ¿qué importa? Con ojos, como los que ella tiene, ¿qué puede mirar que no sea transformado al punto, siendo ella su mismísimo ángel transfigurador, con su plexo de potestades que hollan a los escorpiones? Cuando es la salud dispensada, toda juventud encantadora, toda ensueño compensador, en forma de chavala atrabancada, y cuando es una redentora femínea que brinca y despotrica, ¿qué lamento ha de tener quien tiene los ojos bizcos, una pierna más corta que la otra, una inteligencia que pide su mirada compasiva, precisamente, por él y ante él, que es de lo que aman, de los que saben sus límites ingénitos?
Entonces, se confía de que es, por igual, como la abuela que lo cuida, una mujer que inventa una y mil milagros guadalupanos. ¡Ay, Santa Trevi, gloria santa! De cierto que, en virtud de tal fe, Dios llora en las grietas de la pared, y La Sagrada Lupita se reproduce en los techos, o el fantasma de una luz llena la casa del bobo y su abuela. Y es La Trevi como Lupe, o La Lupita con las greñas de la regiomontana, y cualquiera podrá ser la deidad que traiga a las gentes de los noticiarios televisivos a ver lo que el Altísimo forma con sombras, con tenues trazos de humedad, con despóticas e inefables junturas de texturas y matices. La casa se les está cayendo encima a ambos y La Trevi, ¿qué sabe?
La fe como este amor no es fácil. Evaristo lo comprende y sufre, porque le han llenado la cabeza de mentiras. Los incrédulos escriben mil pamplinas, conspiran el desaliento, chisman en el lavadero, con su farándula en bruto y él los lee y se quema de celos, con ansias de saber quién es su rival, por qué la atacan, por qué la pintan de cruel siendo inocente y amorosa!
Otros se ligan a Gloria Trevi, le hablan bonito, le pellizcan su traserito, le avientan groseras palabras, si ella no se retrae de las cochambres! «¡No me mires más las piernas, no!», dijo ella en su canción... Y él quiere saberlo todo, ¡todo! y lee lo que se diga sobre ella. Enciende el televisor... y sufre y calla...
Evaristo planeó ir a verla. Quiso protegerla más de cerca, estar allí, como su ángel de la guarda. Donde él vecindario la aplauda con ahinco, o la carcoma con lujuria, ahí estaría como un guarura.
II.
Y, por querer ir a verla, por enésima vez, supo que es el más pobre de los pobres y que los espectáculos pagados no son para él. Entonces, tuvo que imaginar que él tendría que volverse el más audaz e imaginativo aprovechador de los espacios libres, alguien capaz de bucear entre sombras y prohibiciones, y filtrarse como quien se desplaza en el interior de una botella, de encierro y asfixia.
¡Ah, cuando burle a los security guards, será como el genio embotellado, experto espíritu de tránsfuga! A fin de lograrlo, bajaría las escaleras con el sigilo de un gato, se colocaría tras las bambalinas como un rayito de luz, se llegaría hasta su camerino. Vaticina que, desde allí, sabría meterse tras alguna cortina. Entonces, espiar el momento cuando se desnude, o tenga un cambio de ropa y se vista un calzón agujereado y unas medias de vívidos colores y bolitas... Y él, desde el improvisado rincón, cohibido de silencio, se gozaría. Miraría sus pechos y, con mucho amor, los besaría con el rabito de los ojos; se tragaría los pezones suyos que ya conoció de un calendario y, con señales de lengua, diría adiós, sin querer despedirse; pero, con su relamerse, él inventaría la sonrisa y la gratitud y después a soñarla, al regresar a casa.
Cuando él suspire, con algún triunfo del alma, será por causa del autógrafo. Ella firmará su nombre en un papel que él traería doblado en el bolsillo, donde a veces está su corazón en lamento, y recordará que no ha pagado, que se coló como un cínico de mierda, que ni siquiera ante su ídolo valora el precio del boleto. Entró de gratis, aunque no de oquis. Fue a verla, pasó por listo, se arrechó a su lado. Le extendió la mano, se tomó una foto, con la niña de sus ojos.
Al avanzar el show, ya él estará sentado en cualquier banca que sobre en el teatro y, si hay un acierto del destino, por designio de Dios y de Lupita, cuando La Trevi seleccione al elegido para echar de sí los pantalones abajo al machista, él será el muy refistolero, la imagen de este símbolo oportuno... y se dejará desnudar para que el show siga, con la escena de él y ella, en la cachonda osadía de este a-TREVI-miento.
Ella es la que agita su manita en su bragueta. Antes abrirá su camisa, luego, según se dice, ella bajará la cremallera y él tendrá la sensación de su fierro duro. En privacía, muchas veces, un espejismo de erotismo lo derrama, se chaquetea con la gloria de su nombre y se frota en la botella del instinto para que ella salga, como pulsátil serpiente tentadora, a cumplir sus deseos de niñajo imbécil. ¿Cómo será esta vez, si le tiemblan las piernas con sólo imaginar lo que ella hace con él, ante los mil chorrocientos ojos de esta turba, que la aclaman?
Según calcula al cotejar el cartel con el horario, el show ya finaliza. En realidad, no fue. ¿Con qué ojos, divino tuerto? ¿Con qué dinero? Sus camisas están sucias, con el cuello pintado en mugre. Sus zapatos rotos, «Trevi, como los tuyos», sus calzoncillos hilachentos, por tantas lavadas. ¿Con qué orgullo lanzarse como el blanco a la afrenta del choteo y darse ese quemón con sus miserias?
Y si ella, después de desabrochar su camisa o pantalones de él, viera ese pecho lampiño, enjuto y macilento, ¿con qué estímulo inaugural ella vendría a quererlo o con qué dignidad sabría él insistir en que siga, exhibiéndole en plenitud como varón de honra? ¿Cómo mirar a su boca coqueta, a su lengua de irónico frenesí, a sus manos tibias y apasionadas, que alguna compensación buscan con el acto? ¿Qué tal si le dijera: «¡Pinche canijo, mejor te bañas!?»
Aquí, en la tirria de lo trunco, en la desazón de su inútil propósito, se mira en el espejo, con calzoncillos rotos y descalzo, con la boca jadeante por la falta de besos, con las orejas caídas como chucho piojoso. Y, en el fondo del espejo, ella se ubica de pronto. Es un cartel lleno de promesas y alguien parece que sonríe. Evaristo se imagina que sonríe para él, que le susurra sus mimos y que la imagen de ella cobra vida.
Y, a la faldica escocesa con que ella viste, un abanico viejo la aventola y él palpa una papaya jugosa, como la que aparece en su primer calendario: Gloria Trevi sentada consumiendo tal fruta... pero ésta, la papaya que él mira, faldita abajo está, tras la tela verdosa de un braguero. En su consciencia de piel erotizada, se insinúa un montículo de pelos, el más pleno desmadre de su gozo: su vulva como subliminal objetivo.
Evaristo es un vecino agradecido. Ahora se jacta que ella lo ha llamado desde su inmensa colección de recortes de prensa, carteles y memorabilia. Para él, sus calendarios son el tesoro más valioso. Tiene su música grabada, joyas de la piratería y hasta cintas en video de sus shows... ¡Qué lástima que carezca de un equipo de video para su pequeña cajita de TV, o que no pueda comprar tantas revistas a colores, o las cosas que venden con ella como fetiche!
Pero, mira cómo sale. Ella es el escándalo para las publicaciones y él brinca de entusiasmo cuando algo consigue que la tenga en despatarre y pataratas... Ahora nadie sabe a dónde va... dicen que se mete a donde no le llaman, que se abanica en una histeria hebefrénica cuando se pule, bien prendido y de pilón... que va a cualquier lugar hasta que le cuentan, fans de los que han ido a mirarla, que fue la apoteosis, auditorio lleno.
Evaristo necesita de esta dicha, que es su vivirse en calma, su único vivirse. En el consumo del detalle más mínimo que a la Gloria mencione en sus conciertos, vive. Esta artista vive en él y por ella él vive, sin la vida que le corresponde. Sin ella viviéndolo, le falta vida... y ahora él va a su encuentro. Es cuestión de vida o muerte...
19 de julio de 1992. California
http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/2008/10/evaristo-y-la-trevi.html
Publicado en «El Repotero Gráfico» (Orange County)
FUENTE: recibido directamente del autor, al que agradezco
CARLOS LOPEZ DZUR es un poeta boricua, recien radicado en Puerto Rico después de 34 años de ausencia. Entre sus libros están:
Canto al hermetismo
http://.www.ocnaranja.blogspot.com/2011/05/presentan-el-canto-al-hermetismo-del.html
LAS ZONAS DEL CARACTER
TIJUANA DOLOR DE PARTO
TANTRALIA
TEORIA DE LA SUSTENTABILIDAD
EL HOMBRE EXTENDIDO
EL LIBRO DE ANARQUISTAS
y otros
Indice: Tijuana: Dolor de parto
INDICE / LIBRO COMPLETO
por CARLOS LOPEZ DZUR
... ya no puedo más, / pero no logras hacerme llorar / y esta noche no aguanto más... / hoy me hieres./ me está doliendo la espalda, / a ver quien me abraza, / a ver quien me alcanza: Gloria Trevi
1.
Hoy fue su gran oportunidad. La mejor de todas las ocasiones. Ella vino a su ciudad. ¿Se imaginan lo alborotado que se puso? Aquí abajo, en este predio, a dos cuadras de su casa, bajaría ese ángel que ella es (claro que, a veces, la llamaría mi genio, como si de veras saliera de las lámparas del capricho y de la idolatría, llena de anhelos, en celebración de los imposibles sueños, que se atesoran despiertos), aunque siempre sujetos al azar. Ella es loquilla y adorable, así la describe. Son muchos los que piensan como él.
Evaristo es celoso. Quitó los carteles de algunas paredes públicas. La propaganda la avisaba, en grandes letras, reproduciéndola con imágenes de su almanaque como la fruta prohibida y un nalgatorio zarriento. Esto le concierne porque ella no ha de ser la manzana de discordia y no quiere que nadie la mordisquée como si fuese una Eva afrodisíaca y demónica, la rechiflada harlot, la inveterada flapper del desgarbo nopalero, gustosa de bacanalias, con movimientos de hipster punky-funky...
A distancia, la realidad de Televisa será su qualia, es decir, horizonte lejano, precario, subjetivo, desechable y un mercado condicionado por ambiciosos, lugar donde él no puede estar por razón de que es un imbécil, tan mediocre y oscuro, soñador y miserable; pero, cuando él vive este mundarro de conspiraciones farandúlicas y lo interioriza, lo consume como su única porción de lo que Dios prodiga y la sociedad controla como pedazo de utopía y fábrica de sueños, es distinto.
Lo fantástico se vuelve real y él, como hampón de lo intersubjetivo, se pilotea con mañas. No como un pobre. Cree que va sobre la alfombra voladora y mágica y que, con sus más amadas estrellas, se vuelve el libertador de genios y, sobre todo, el pedidor de deseos. Dice que tiene la lámpara de Aladino y que La Trevi salió de una botella, o de una lámpara divina que, al frontarla, es la ternura viva y la incondicionalidad mágica de la artista con su público y con su admirador más prendido. ¡El, él! ¡Evaristo!
Cabizbajo está, así nació. Vulnerable. Loser, como le han llamado. Su nombre es Evaristo. Se irá derechito a la mismísima trastienda de la glorificación. Salta el muro. Transmuta lo hostil con magia del qualia y será, de este modo, el más feliz de los chavos del vecindario. Dice que La Trevi lo recibirá en un mundo aparte, íntimo, de ambos. Un mundo real de imaginación.
Esto ocurrirá, como casi siempre, cuando ella finalice el show. El asegura que se le dedicará una de las rockerísimas extravanganzas, que no faltan en los conciertos de La Trevi y que ella improvisará, según supone en su delirio, con la voz ronquilla que tiene y el recuerdo de él que ella guarda, teniéndole más presente que un petardo, o un repentino juego de luces de bengala, una dedicatoria ante chorrocientos mil espectadores. «Para mi fan más especial, para Evaristo, que no pudo estar aquí, conmigo esta noche.. para Evaristo... para Evaristo».
Acabado el espectáculo, ella llegará donde quiera que él urda la cita. Mentira que sea para juntarse con Sergio Andrade. Viene a verlo a él, el pendejete. Y él se quejará de lo sucedido. Ella sabrá que él hizo todo lo posible por estar allí. «No importa, Evaristo». Y esa frase lo compensará todo. Se trascenderá la burla y el menosprecio. A las miserias suyas, le saldrán contextos de complacencia y de tranquilidad. Para él, será fácil creer que ambos han buscado, cada cual a su manera, los mejores ideales, la fe más tibia y la reciprocidad de este amor exagerado. ¡Y este obsesivo deseo de estar allí, pese a que le obstruyen la entrada!
Hay mucha miseria en la vida de Evaristo, pero la verja de la esquina, allí donde es la cita, lleva a la casa ajena. Es cierto que hay unos muros, altos y alambrados. Y él, los brinca con palabras, cuyos significados se le escapan a veces. El salta al jardín de La Trevi y utiliza los adjetivos que son flores. Se trata de un jardín intempestivo. Confía que los verbos han de tomarse por sus acciones heroicas. Es tan palaciego lo que a ella concierne que sobra hasta la beatitud y la belleza, dice el bobo, en sospecha del ídolo. Con ella, no hay egoísmo ni oprobio, ni penuria ni desvergüenza.
Ella es una reina y, si acaso le informaran, que él es tartamudo, tarado, minusválido, ¿qué importa? Con ojos, como los que ella tiene, ¿qué puede mirar que no sea transformado al punto, siendo ella su mismísimo ángel transfigurador, con su plexo de potestades que hollan a los escorpiones? Cuando es la salud dispensada, toda juventud encantadora, toda ensueño compensador, en forma de chavala atrabancada, y cuando es una redentora femínea que brinca y despotrica, ¿qué lamento ha de tener quien tiene los ojos bizcos, una pierna más corta que la otra, una inteligencia que pide su mirada compasiva, precisamente, por él y ante él, que es de lo que aman, de los que saben sus límites ingénitos?
Entonces, se confía de que es, por igual, como la abuela que lo cuida, una mujer que inventa una y mil milagros guadalupanos. ¡Ay, Santa Trevi, gloria santa! De cierto que, en virtud de tal fe, Dios llora en las grietas de la pared, y La Sagrada Lupita se reproduce en los techos, o el fantasma de una luz llena la casa del bobo y su abuela. Y es La Trevi como Lupe, o La Lupita con las greñas de la regiomontana, y cualquiera podrá ser la deidad que traiga a las gentes de los noticiarios televisivos a ver lo que el Altísimo forma con sombras, con tenues trazos de humedad, con despóticas e inefables junturas de texturas y matices. La casa se les está cayendo encima a ambos y La Trevi, ¿qué sabe?
La fe como este amor no es fácil. Evaristo lo comprende y sufre, porque le han llenado la cabeza de mentiras. Los incrédulos escriben mil pamplinas, conspiran el desaliento, chisman en el lavadero, con su farándula en bruto y él los lee y se quema de celos, con ansias de saber quién es su rival, por qué la atacan, por qué la pintan de cruel siendo inocente y amorosa!
Otros se ligan a Gloria Trevi, le hablan bonito, le pellizcan su traserito, le avientan groseras palabras, si ella no se retrae de las cochambres! «¡No me mires más las piernas, no!», dijo ella en su canción... Y él quiere saberlo todo, ¡todo! y lee lo que se diga sobre ella. Enciende el televisor... y sufre y calla...
Evaristo planeó ir a verla. Quiso protegerla más de cerca, estar allí, como su ángel de la guarda. Donde él vecindario la aplauda con ahinco, o la carcoma con lujuria, ahí estaría como un guarura.
II.
Y, por querer ir a verla, por enésima vez, supo que es el más pobre de los pobres y que los espectáculos pagados no son para él. Entonces, tuvo que imaginar que él tendría que volverse el más audaz e imaginativo aprovechador de los espacios libres, alguien capaz de bucear entre sombras y prohibiciones, y filtrarse como quien se desplaza en el interior de una botella, de encierro y asfixia.
¡Ah, cuando burle a los security guards, será como el genio embotellado, experto espíritu de tránsfuga! A fin de lograrlo, bajaría las escaleras con el sigilo de un gato, se colocaría tras las bambalinas como un rayito de luz, se llegaría hasta su camerino. Vaticina que, desde allí, sabría meterse tras alguna cortina. Entonces, espiar el momento cuando se desnude, o tenga un cambio de ropa y se vista un calzón agujereado y unas medias de vívidos colores y bolitas... Y él, desde el improvisado rincón, cohibido de silencio, se gozaría. Miraría sus pechos y, con mucho amor, los besaría con el rabito de los ojos; se tragaría los pezones suyos que ya conoció de un calendario y, con señales de lengua, diría adiós, sin querer despedirse; pero, con su relamerse, él inventaría la sonrisa y la gratitud y después a soñarla, al regresar a casa.
Cuando él suspire, con algún triunfo del alma, será por causa del autógrafo. Ella firmará su nombre en un papel que él traería doblado en el bolsillo, donde a veces está su corazón en lamento, y recordará que no ha pagado, que se coló como un cínico de mierda, que ni siquiera ante su ídolo valora el precio del boleto. Entró de gratis, aunque no de oquis. Fue a verla, pasó por listo, se arrechó a su lado. Le extendió la mano, se tomó una foto, con la niña de sus ojos.
Al avanzar el show, ya él estará sentado en cualquier banca que sobre en el teatro y, si hay un acierto del destino, por designio de Dios y de Lupita, cuando La Trevi seleccione al elegido para echar de sí los pantalones abajo al machista, él será el muy refistolero, la imagen de este símbolo oportuno... y se dejará desnudar para que el show siga, con la escena de él y ella, en la cachonda osadía de este a-TREVI-miento.
Ella es la que agita su manita en su bragueta. Antes abrirá su camisa, luego, según se dice, ella bajará la cremallera y él tendrá la sensación de su fierro duro. En privacía, muchas veces, un espejismo de erotismo lo derrama, se chaquetea con la gloria de su nombre y se frota en la botella del instinto para que ella salga, como pulsátil serpiente tentadora, a cumplir sus deseos de niñajo imbécil. ¿Cómo será esta vez, si le tiemblan las piernas con sólo imaginar lo que ella hace con él, ante los mil chorrocientos ojos de esta turba, que la aclaman?
Según calcula al cotejar el cartel con el horario, el show ya finaliza. En realidad, no fue. ¿Con qué ojos, divino tuerto? ¿Con qué dinero? Sus camisas están sucias, con el cuello pintado en mugre. Sus zapatos rotos, «Trevi, como los tuyos», sus calzoncillos hilachentos, por tantas lavadas. ¿Con qué orgullo lanzarse como el blanco a la afrenta del choteo y darse ese quemón con sus miserias?
Y si ella, después de desabrochar su camisa o pantalones de él, viera ese pecho lampiño, enjuto y macilento, ¿con qué estímulo inaugural ella vendría a quererlo o con qué dignidad sabría él insistir en que siga, exhibiéndole en plenitud como varón de honra? ¿Cómo mirar a su boca coqueta, a su lengua de irónico frenesí, a sus manos tibias y apasionadas, que alguna compensación buscan con el acto? ¿Qué tal si le dijera: «¡Pinche canijo, mejor te bañas!?»
Aquí, en la tirria de lo trunco, en la desazón de su inútil propósito, se mira en el espejo, con calzoncillos rotos y descalzo, con la boca jadeante por la falta de besos, con las orejas caídas como chucho piojoso. Y, en el fondo del espejo, ella se ubica de pronto. Es un cartel lleno de promesas y alguien parece que sonríe. Evaristo se imagina que sonríe para él, que le susurra sus mimos y que la imagen de ella cobra vida.
Y, a la faldica escocesa con que ella viste, un abanico viejo la aventola y él palpa una papaya jugosa, como la que aparece en su primer calendario: Gloria Trevi sentada consumiendo tal fruta... pero ésta, la papaya que él mira, faldita abajo está, tras la tela verdosa de un braguero. En su consciencia de piel erotizada, se insinúa un montículo de pelos, el más pleno desmadre de su gozo: su vulva como subliminal objetivo.
Evaristo es un vecino agradecido. Ahora se jacta que ella lo ha llamado desde su inmensa colección de recortes de prensa, carteles y memorabilia. Para él, sus calendarios son el tesoro más valioso. Tiene su música grabada, joyas de la piratería y hasta cintas en video de sus shows... ¡Qué lástima que carezca de un equipo de video para su pequeña cajita de TV, o que no pueda comprar tantas revistas a colores, o las cosas que venden con ella como fetiche!
Pero, mira cómo sale. Ella es el escándalo para las publicaciones y él brinca de entusiasmo cuando algo consigue que la tenga en despatarre y pataratas... Ahora nadie sabe a dónde va... dicen que se mete a donde no le llaman, que se abanica en una histeria hebefrénica cuando se pule, bien prendido y de pilón... que va a cualquier lugar hasta que le cuentan, fans de los que han ido a mirarla, que fue la apoteosis, auditorio lleno.
Evaristo necesita de esta dicha, que es su vivirse en calma, su único vivirse. En el consumo del detalle más mínimo que a la Gloria mencione en sus conciertos, vive. Esta artista vive en él y por ella él vive, sin la vida que le corresponde. Sin ella viviéndolo, le falta vida... y ahora él va a su encuentro. Es cuestión de vida o muerte...
19 de julio de 1992. California
http://carloslopezdzur-carlos.
Publicado en «El Repotero Gráfico» (Orange County)
FUENTE: recibido directamente del autor, al que agradezco
CARLOS LOPEZ DZUR es un poeta boricua, recien radicado en Puerto Rico después de 34 años de ausencia. Entre sus libros están:
Canto al hermetismo
http://.www.ocnaranja.blogspot.com/2011/05/presentan-el-canto-al-hermetismo-del.html
LAS ZONAS DEL CARACTER
TIJUANA DOLOR DE PARTO
TANTRALIA
TEORIA DE LA SUSTENTABILIDAD
EL HOMBRE EXTENDIDO
EL LIBRO DE ANARQUISTAS
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