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domingo, 18 de marzo de 2012

Iron Dome/CUPULA DE HIERRO: el nuevo milagro israelí - por Julián Schvindlerman

Julián Schvindlerman es analista político internacional, escritor y conferencista. Autor de Roma y Jerusalem: la política vaticana hacia el estado judío, y Tierras por Paz, Tierras por Guerra.

Durante todo el año 2010, Hamas, la Jihad Islámica Palestina, los Comités de Resistencia Populares y otros grupos terroristas asentados en la Franja de Gaza dispararon 365 cohetes contra Israel. Durante todo el 2011, estos movimientos fundamentalistas lanzaron 680 cohetes desde Gaza contra poblados israelíes. Solamente durante la semana que termina, alrededor de 200 cohetes fueron arrojados contra el Estado hebreo.

Esta nueva confrontación surgió a partir de que la fuerza aérea israelí matara a Zuhair Qaisi, líder de los llamados Comités de Resistencia Populares, mientras se desplazaba en automóvil en Gaza. En el operativo resultó también muerto un terrorista palestino que había sido liberado como parte del acuerdo por el soldado Gilad Shalit. Qaisi, según fuentes israelíes, estaba planeando un atentado inminente similar al ataque múltiple que perpetró en agosto del año pasado con armas y bombas que provocó la muerte a ocho israelíes en los alrededores de la ciudad turística de Eilat. En respuesta a la andanada de proyectiles, la fuerza aérea israelí atacó Gaza, ocasionando la muerte inicialmente a 26 palestinos, de los cuales 22 eran combatientes armados. Con el correr de los días una frágil tregua fue acordada por medio de Egipto y el prospecto no improbable de una conflagración mayor disminuyó, aunque no desapareció.

Una de las razones que explican que la situación bélica no haya -durante estos primeros siete días- precipitado una incursión israelí mayúscula en la franja, como ocurrió entre diciembre de 2008 y enero de 2009 en la denominada Operación Plomo Fundido, yace en el hecho de que no hubo víctimas fatales dentro de Israel. Ciertamente la normalidad fue alterada, pero no hubo grandes daños de infraestructura ni caídos. Ello se debió a la excelente performance de una nueva arma defensiva de diseño y fabricación israelí: el sistema de defensa antimisil Irom Dome.

Este es el primer sistema antimisil capaz de detectar y destruir cohetes de corto alcance en un lapso de pocos segundos. Fue creado con el objeto de dar respuesta a los continuos lanzamientos de cohetes por parte tanto de Hamas desde Gaza como de Hezbollah desde el sur del Líbano. Irom Dome consiste de un radar, un centro de comando y un lanzador de misil que detecta el instante en que el proyectil fue disparado, evalúa su trayectoria y, si el mismo está orientado hacia un centro poblado o una zona de infraestructura crítica, instruye al sistema a lanzar dos misiles antimisiles para interceptarlo en el aire.

Cada batería tiene un costo de unos 50 millones de dólares y cada misil que dispara cuesta unos 50 mil dólares. Por el momento, Israel tiene desplegados tres Iron Dome en la zona sur del país, en Beersheba, Ashdod y Ashkelon, pero el ministro de Defensa sostiene que trece baterías son necesarias para proteger a toda la nación. En el escenario de batalla de esta semana, Iron Dome interceptó más de 40 cohetes palestinos en pleno vuelo (los restantes volaban hacia zonas no habitadas). Tuvo un porcentaje de éxito que rondó el 90%.

Si estos cohetes hubiesen caído en las regiones pobladas a las que estaban dirigidos, seguramente hubiesen provocado muertes y daños materiales. La presión popular por una represalia militar hubiera sido enorme. Iron Dome es un arma estratégica, pero le dio al gobierno israelí margen de maniobra política al calibrar una respuesta. Junto con los Patriot, que fueron usados a inicios de los años noventa para repeler los misiles Scud que Saddam Hussein arrojó contra Israel, y el sistema Arrow II, diseñado para contrarrestar los misiles iraníes Shahab-3 de largo alcance, conforman un escudo protector del Estado judío ante amenazas militares importantes.

La tecnología de vanguardia del Estado de Israel por sí sola no podrá frenar las pulsiones violentas de los grupos terroristas que lo rodean. Por ahora, sin embargo, ha demostrado ser una valiosa y efectiva herramienta de contención. Militarmente, ha evitado fatalidades. Políticamente, ha dado al gobierno la opción de ser flexible. Bajo esta mirada, 50 millones de dólares no lucen tan caros.

Fuente: INBOBAE.COM, 16 DE MARZO 2012

lunes, 24 de mayo de 2010

El "Silicon Valley" de la desalación de agua del mar

La doble barrera de seguridad formada por una alambrada de espinos y una valla electrificada que rodea todo el recinto de la desaladora de Ashkelon, en la costa mediterránea de Israel, da idea de lo estratégico que resulta el abastecimiento de agua en Oriente Medio. A la escasez de agua propia de una zona árida y con áreas desérticas se suma la severa sequía que azota Israel desde el año 2004. Según nos acercamos a la puerta, un guarda sale a nuestro encuentro con una metralleta abrazada a su cuerpo. La planta está situada a tan sólo 20 kilómetros de la franja de Gaza y la ciudad del mismo nombre es uno de los objetivos más cercanos de los cohetes Qassam de fabricación propia lanzados por los milicianos palestinos. «Pasaportes», dice el vigilante antes de darse cuenta de que se trata de la visita de periodistas que esperan esa mañana. «Pasen».

La desaladora de Ashkelon es, desde que se inauguró en 2005, la mayor planta del mundo. Tiene capacidad para producir 330.000 metros cúbicos de agua cada día o 120 millones al año (120 hectómetros cúbicos), el triple que la más grande de España y un volumen anual que supone un tercio del agua que consume una ciudad como Madrid. Sin embargo, el Gobierno israelí no se conforma con ese récord. Hoy en día, el 90% del agua que consume Israel proviene de más de 1.200 pozos subterráneos distribuidos por todo el país y que alcanzan profundidades de más de un kilómetro y medio y de la única fuente superficial de agua dulce del país, el mar de Galilea (en realidad es un lago), sobre cuyas aguas caminó Jesús de Nazaret, según el Evangelio de San Mateo. Pero los problemas ambientales y de abastecimiento que la continua extracción de recursos hídricos está generando en los acuíferos, sobre todo en los últimos años de sequía, ha obligado al Ejecutivo israelí, que invierte casi un 5% de su Producto Interior Bruto en investigación y desarrollo, a hacer una apuesta firme por la tecnología de la desalación.

«En la actualidad, esta tecnología aporta el 10% del agua consumida en el país, pero en 2012 supondrá cerca del 30% del total», asegura Oded Distel, director del programa nacional de nuevas tecnologías sobre el agua (NewTech) del Ministerio de Industria, Comercio y Trabajo de Israel. Este gran incremento porcentual en tan poco tiempo es posible debido a la poca población del país, que ronda los siete millones de personas.

La mayor desaladora del mundo

La estrategia israelí pasa por la puesta en funcionamiento a finales de 2009 de la desaladora de Hadera que superará, con 127 hectómetros cúbicos al año, a la Ashkelon. Además, en septiembre de este año comenzará la construcción de la planta de Sorek, que alcanzará los 150 hectómetros cúbicos de capacidad y desbancará a Hadera de su título de la desaladora más grande del mundo. De esta forma, superarían los 500 hectómetros cúbicos de agua al año producidos mediante desalación de un total de 1.800 que consume anualmente el país.

Ante la disminución de las lluvias en la zona norte del país, la desalación se ha convertido casi en la única vía que tiene Israel para garantizar la calidad de vida de un país en constante crecimiento tanto económico como demográfico. Sin embargo, la desalación no está ausente de críticas ambientales. «El 50% del agua que se captura se expulsa de nuevo al mar en forma de salmuera y ese vertido altera gravemente algunos de los ecosistemas marinos más importantes del mediterráneo, como las praderas de posidonia», asegura Julio Barea, responsable de las campañas de contaminación de Greenpeace. «Es cierto que se ha mejorado mucho la eficiencia energética de las plantas, pero aún así tienen un elevado consumo energético».

Agua reciclada

«Nuestras plantas están equipadas con un sistema de recuperación de la energía a partir de la salmuera que permite reciclar el 40% de la energía empleada», cuenta Ezra Barkai, gerente para Europa y África de IDE, la empresa que construyó la desaladora de Ashkelon. «Mediadas como ésta nos permiten producir el agua desalada a 0,38 euros el metro cúbico, el precio más bajo del mundo». En España, la misma cantidad ronda un precio de entre 0,50 y un euro, dependiendo de las fuentes consultadas.

Los ecologistas insisten en que la desalación debe ser la última de las opciones para la obtención de agua potable, ya que antes deben acometerse acciones de buena gestión del recurso. «Israel es el Silicon Valley de las tecnologías del agua», asegura Booky Oren, presidente de WaTech, la plataforma creada por la empresa nacional del agua israelí (Mekorot) para el fomento de las tecnologías del agua, «hemos desarrollado algunas de las más avanzadas técnicas que nos permiten basar nuestra estrategia de ahorro de agua en la optimización del riego y en la reutilización del agua, y en ambas somos líderes mundiales».

El país recicla más del 75% de sus aguas residuales y las conduce mediante una vía paralela a la de distribución de agua potable a todas las zonas agrícolas para abastecer los regadíos. Y el resultado de esa reutilización se puede observar desde la carretera cuando se viaja por cualquier paisaje del norte, alejado de las áreas desérticas del Negev, en la mitad sur del país. Un circuito de cañerías y tubos de goteo de color morado decoran todos los escenarios agrícolas de Israel. España es el segundo país del mundo que más recicla sus aguas negras y el porcentaje no supera el 15%.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/10/ciencia/1247249975.html