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martes, 10 de enero de 2012

Rodolfo Walsh: "No hay putas como las de La Habana" - Un relato del desaparecido periodista y escritor sobre una de sus noches en la capital cubana


Un relato del desaparecido periodista y escritor sobre una de sus noches en la capital cubana a a principio de los 60. Este 9/1 es el aniversario de su nacimiento.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (
Urgente24). Rodolfo Walsh fue un periodista y militante político, autor, entre otras obras, de la célebre investigación 'Operación Masacre', sobre los fusilamientos de José León Suárez de 1956.

Se lo recuerda además por su 'Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar'.

Walsh, quien perteneció a la organización armada Montoneros, engrosa la larga lista de Desaparecidos durante la última dictadura.

Este lunes 9/1 se conmemora el 85º aniversario de su nacimiento.

A continuación reproducimos un extracto de un relato publicado en la compilación ‘Rodolfo Walsh – Ese hombre y otros papeles’ (Ediciones de la Flor, 1995), una anecdota sobre su "última noche" en La Habana, Cuba, en el año 1961.

“Mi última noche en La Habana fue misteriosa. Me sobraban cincuenta pesos y me puse a pensar en Ziomara con su cintura tan fina y su rostro oscuro hierático, su cuerpo era espléndido, largas piernas africanas y caderas hechas para moverse incansablemente. Solamente sus pechos eran blandos. No hay putas como las de La Habana, el último esplendor de un mundo que se cae. Casi todas son suaves y calladas y parecen comprender, son tristes pero saben sonreírse desde adentro. Por lo menos Ziomara sabía. Usan falsos nombres espléndidos, Ziomara, Estrella. [...]

Fui al Music-Box y no la encontré, como no la había encontrado las 3 veces anteriores, cuando tuve que salir con María y con Reina. Al salir, una discutía con un borracho, pero su voz me alcanzó cuando me iba, ven acá por qué te vas. Le pregunté por Ziomara, dijo que tal vez estaba al lado. No estaba. Al volver, el borracho se había ido pero ella estaba y la invité a tomar un trago. Se llamaba Estrella, Zoila Estrella, aclaró ante mis dudas. Tenía 16 años y era muy bonita. Pidió un vermú. Estaba resfriada, dijo que era una sinusitis y que tenía que operarse pero no lo haría, porque tenía miedo a la operaciones y además tomaba no sé qué cosa.[...]

A mi no me gusta esto , dijo, pero tengo que hacerlo, porque si no tendría que vivir con mi madre, y no puedo hacerlo porque ella trabaja de criada. “¿Y tus hermanos?” Ellos no me dan nada, me piden. Tenía 6 hermanos. Yo he leído estas cosas, pero igual era espantoso, y tenía muchas ganas de acostarme con ella. “El Miusic ya no es lo mismo, desde que lo reformaron”, dijo. “Estuve en el Apache y después volví aquí, pero no es lo mismo”. En efecto, no era lo mismo. Había olor a pis -lo noté por primera vez- y sólo dos o tres mujeres más, una de ellas borracha.

“Que nota tiene”, dijo Estrella, y se reía con Sergio. Le pregunté si quería salir conmigo y dijo “Si usted quiere”, dijo. “Tengo que pagar la salida”. Le di diez pesos. “Sergio, mi cartera”. Sergio le cuchicheó algo al oído. No reparé en las miradas porque siempre era igual, uno salía y los demás se daban vuelta para mirar.[...]

Soy la Estrella dijo que prefería el Ariete, no el Rex, usted sabe, una se acostumbra. El sereno soñoliento cobró los dos quince, por un rato. Entonces estabamos en la pieza, qué linda cara. Por favor, no me apriete la cintura, estoy de siete meses.

Yo no me había fijado en el saco de cuero con que se tapaba. Le dije, pobrecita, eres valiente, pero debo haber cambiado de cara. Tenía el vientre abultado. Hay pensamientos de placer en la maldad, coger a una niña embarazada de 16 años, empujar hasta el fondo y sentirse un maldito, que se joda, jodámonos todos. Pero “usted es un hombre de conciencia”, me dijo bastante más tarde cuando ya estabamos en la calle.

Cerraba los ojos y no esperaba nada. Creo que yo hubiera podido, al principio. Hasta que la acaricié entre las piernas (ella me tocaba suavemente el cuello, rítmicamente, con los ojos cerrados) y sentí esa humedad, ese horror, y las asociaciones, el chico que se movía y pateaba en el vientre de Elina, qué hay detrás. Entonces el pito, perdón, se me encogió como un pequeño telecopio y quedó a un costado, blandito y sin vida. Pero después nuevamente hubiera podido, porque ella olía bien, y tenía un perfil tan nítido y puro del hombro, y unos dedos tan suaves, y la cara dormida, pero no decía nada, no decía dame la lechita ay papi ay dámela, como decía Carmita en cuatro patas sobre mi, con ese animal extasiamiento. Y le dije: ¿Estás segura que no te hará mal?. Y me dijo: No, no estoy segura, y ahí se acabó todo. Me cobré los diez pesos retándola, suavemente, como corresponde a un señor. Le dije que se podían morir, ella y el chico. Pero, dijo, tengo que comprarle una canastilla. Nos vestimos tan rápidamente, yo le daba consejos, tienes que ir a la Fundación de Mujeres, tienen que atenderte, no puedes seguir con esto, te pones en peligro, comprometes al hombre que se acuesta contigo -eso no, dijo con orgullo-, y era un objeto de horror.

En la esquina le dije: “Si pudiera ayudarte, te ayudaría, pero no puedo darte más que un consejo, no hagas más esto”.

“Usted es un hombre de conciencia”, dijo, y me puso la mano en alguna parte del brazo y se fue, objeto de horror. Después fui a la ruleta, y por primera vez gané veinte pesos -con lo que recuperé lo gastado esa última, misteriosa noche en La Habana- y se los regalé a Pupé, mi esposa, (“¿Flores para su esposa?”) para que se comprar un prendedor.

Otro día hablaré más de esto.”

fuente: URGENTE24.COM

domingo, 8 de enero de 2012

MITO SELA, desde el Kibutz Nir Am: Recuerdo de mi niñez: el primer amor

Recuerdo de mi niñez: el primer amor

Mito Sela (Nir Am - Israel)

"-Vos crees en los milagros?" le pregunte a mi amigo.

Dos quintos tenia la Escuela Provincial No.1 Domingo Faustino Sarmiento. Mi escuela. Quinto A, el mio y quinto B, el de ella.

Teniamos 11 años cumplidos. aun infancia en los portones de la pubertad.Sabia su edad. desconocia su nombre? Porque esa era la edad de los alumnos de los quintos. Nos encontramos por primera vez en el recreo. Quién fue el primero en observar al otro? Supongo que yo, que comenze temprano a ser curioso, además no era católico y no me lo tenia prohibido. Era distinta de las otras nenas: no saltaba la cuerda ni cambiaba las figuritas. El guardapolvo blanco lucia sus primeros brotes de la feminidad. Mi mirada giraba de su rostro hacia abajo y viceversa, hasta que ella la descubrió.

Y comenzamos a conversar con las miradas. El recreo de las diez se hacia corto. Escribo arriba que no tenia prejuicios, pero era tímido, y lejos de ser corajudo. aguardaba la hora de la salida de la escuela para volver a buscarla, y si Quinto B finalizaba antes, ella se quedaba de "plantón' aguardando mi salida. como por casualidad. y yo temblando de emoción, ruboroso. la buscaba!

Residía en la calle Belgrano, tres cuadras de la escuela. Comenzaba su regreso lentamente moviendo su cuerpo como experimentada mujer... y era casi una niña. Yo, detrás de ella en la vereda de enfrente, la seguía mudo y palpitante hasta la puerta de su hogar. Al llegar, se detenía y giraba lentamente su rostro, y con un lento movimiento algo me decía. A lo mejor Adiós!

Así fue por tres o cuatro meses. Cuando comenze a mirar a otras y supongo que ella a ortos, se suspendió pausadamente nuestro mudo dialogo. Pero su mirada...su mirada no la olvide!

Transcurrieron 20 años. Volví con mi familia a Argentina. Y a mi ciudad "-Aquí estudié yo!" les presente mi escuela. Sus puertas estaban abiertas y en su corredor el eterno monumento del Gran Maestro Sarmiento, como diciéndome "Bienvenido!"

Y fue entonces en ese instante, cuando observaba la salida, apareció una mujer que se detuvo frente a mí, y asombrada ella también, murmuro: -Qué tal;? Cómo te va?"
. Recordé y reconocí esa mirada: era ella!

No fue una obsesión. porque no soy un demente, ni tampoco una alucinación. Era ella , ya mujer, aun con su mirada de niña

"-Tú me crees?' Volví a preguntarle a mi amigo/

"Si...si... me respondió vacilante.

Mito Sela

(Nir Am- Israel)


FUENTE: http://psicomundo.com/tiempo/seexpresan/primeramor.htm

"Babilonia chica", de Mito Sela.

Buenos Aires, Milá, 2006. 112 pp. (Imaginaria).

María M. González Rouco

Lic. en Letras UNBA, Periodista

“Moshé (Mito) Sela nació en Buenos Aires en 1933. Pasó su infancia en la ciudad de San Martín, en el barrio de la industria textil. Desde temprana edad fue miembro del movimiento juvenil Dror Habonim. En 1955 emigró a Israel. Desde entonces es miembro del kibutz Nir Am, en el Neguev. Casado, con cinco hijos y ocho nietos. Trabajó en la mayoría de las tareas del kibutz y paralelamente asumió distintos cargos directivos en la vida comunal. En 1964 fue enviado a la Argentina como sheliaj de la Agencia Judía. Completó sus estudios académicos en Efal (seminario de los Kibutzim). Actualmente jubilado, dedica su tiempo como voluntario en la absorción de nuevos emigrantes y en escribir recuerdos y vivencias”. La edición de Babilonia chica, su primer libro, fue patrocinada por el Fondo Familiar Mishpajat Goler Parasol.

Desde su madurez, y desde Israel, Mito Sela evoca un tiempo entrañable. Los padres, la hermana, las tías, los compañeros y maestros de escuela pública y de escuela judía, los vecinos, son los personajes de estas memorias que tienen por objeto rescatar hechos y situaciones: “Las imágenes surgen ocasionalmente cuando los recuerdos se agudizan y se detienen en alguien o en algo que, supongo ahora, tuvieron influencia en ese período de mi vida y, a pesar del tiempo, como si lo hiciera con un simple soplido, disperso el polvo que cubre esos recuerdos que, como si fuese hoy, continúan intactos. Por eso me apresuro a escribirlos, antes que la memoria me traicione”.

Aunque vive en Israel desde hace décadas, su libro está escrito en castellano: “Me preguntan hijos y nietos, me pregunto yo: ¿por qué en castellano? No lo puedo explicar. Es posible un argumento del subconsciente: recuerdos de la niñez se puedan relatar en el idioma materno. Además, en estos últimos años el castellano me tiene atrapado. Y me resulta más cómodo dejarme atrapar”.

Rinde homenaje a una época: “No me autoengaño idealizando el pasado. Pero quiero ser sincero: lo extraño. Extraño la risa de los niños de entonces. Los de hoy son excitados, irritables y pálidos. Antes se estimulaba leer la enciclopedia. Hoy se vanaglorian los conocimientos de la cibernética”. El pasado es visto con sus luces y sus sombras por este escritor que no deja de destacar, en todo momento, el cariño y la contención que le brindaba su familia, inserta en el marco de la inmigración que llegó a la Argentina huyendo de guerras y hambre, y se afincó, entre otras muchas localidades, en el barrio en el que vivió Sela, en el que día y noche se escuchaban los telares. Otros capítulos se refieren a sucesos que tuvieron lugar años después, pero son los recuerdos de estos primeros años los que resaltan con mayor fuerza. No es casual que el autor haya elegido ese título, privilegiando así una parte de la obra.

La evocación es realizada con espíritu crítico, desde el adulto que es hoy. Destaca las virtudes de muchos y los defectos de algunos, sean judíos o no. Todo con un sostenido tono nostálgico, que alcanza su clímax cuando el autor vuelve temporariamente a la Argentina y va a ver su casa: “Una nostalgia inexplicable me llevó a visitar mi antigua casa. Me acompañó la familia. Al llegar a la calle Liniers, la distinguí desde lejos. Avancé apresurado. Quise aislarme. Cuando llegué a la vieja puerta, la encontré cerrada con una gruesa cadena. Traté de introducir mi mirada por las rajaduras y sólo alcancé a ver una imagen, quise creer que era la higuera abandonada. No sirvió mi edad, la madurez y la experiencia. Volví a ser niño por segunda vez, y no pude detener las lágrimas”.

Para quienes vivieron esos años, y para quienes nada saben de ellos, este libro es un testimonio valioso sobre la vida cotidiana de una familia judía de esa época, en una tierra que adoptaron como propia (“Argentina no fue un refugio pasajero –afirma-, fue un hogar, fue una cultura, fue una esperanza”). Es, además, una demostración de que el ser humano puede, si se lo propone, vencer todos los obstáculos. La trayectoria de Sela así lo demuestra.

“Entre esos dos extremos –destaca Moshé Goler-, desde la infancia argentina a la madurez israelí, está toda una vida, de un joven que eligió el trayecto jalutziano, fue educador en el Movimiento Juvenil Jalutziano en Argentina, hizo aliá y formó su familia y vive hasta hoy en el kibutz Nir Am cercano a Gaza, donde la historia de esta tierra tan peleada y llorada se sigue haciendo, filmando, grabando y transmitiendo a todo el mundo en estos días. Al lado de la Historia con mayúscula, están surgiendo los nuevos relatos que Mito escribe en su intimidad”.

Completan el volumen numerosas fotos acerca de la infancia argentina y el presente israelí.

María M. González Rouco de Prebble nació en Buenos Aires en 1960. Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de dicha ciudad, de la que egresó con los títulos de Licenciada en Letras con Orientación en Letras Modernas (1984) y Profesora en Letras (1983). Escribió su Tesis de Licenciatura sobre los aspectos autobiográficos de la obra de Manuel Mujica Láinez.

domingo, 10 de enero de 2010

Mónica Russomanno: Historias versas y perversas




INOCENCIA



El siempre ha habitado el bosque. Este bosque. Este bosque que es, precisamente, lo que la palabra bosque nombra. Le mot juste, la palabra precisa.
Ha deambulado largamente por la foresta frondosa de gacelas de patas temblorosas y de almendrados ojos titilantes; ha transitado los senderos de pájaros de plumaje fantástico. Ha visto virar las hojas desde el espléndido verde al rojo ígneo, en atardeceres que fueron ocasos y también otoños de ardiente puesta del día.


Solo es. La dulzura del aire se ofrece a sus pulmones limpios, la soledad no es una jaula estrecha. La soledad es este bosque interminable que se ofrece en sonidos y en imágenes de sólida belleza, intacta belleza. Cada día es el primer día. La lluvia limpia el universo cada vez.


No conoce la pérdida del acostumbramiento. Cada erguido árbol, cada arbusto retorcido le brinda nuevos deleites en insectos que danzan el aire, en frutos de esférica alegría, en tiernas raicillas que dibujan evanescentes formas fundidas a la perfecta simetría de las telas de araña.


Ah la alegría de las gotas de rocío capturando la primera luz, la última luz.
Solo es. La soledad no le aferra el pecho, no estrecha sus costillas. La soledad no lo abraza con su estrangulamiento de enredadera. No sabe que está solo, y ello lo mantiene salvo de su oscuro veneno.


Siente el gozo de la tierra debajo y del firmamento curvo que dibujan su mundo de capullo cóncavo.


Solo es. Nada lo requiere con premura. Puede demorarse y fluir, puede transcurrir mansamente. Nada lo inquieta.


El ojo de agua en la espesura espeja el mundo. Mira la superficie y se ve a sí mismo como si no se viera. La presencia del otro no lo inquieta. Ve su imagen y es su imagen. No existe la obligación de hallar compañía en el espejo, no lo aferra la bíblica promesa, la bíblica maldición del apareamiento. Solo es.
Único y completo, solo es.

En su universo habita hasta ahora. Este ahora que le ofrece una muchacha casi niña entredormida, entrevista, entresoñada en su lecho de trébol húmedo.
Súbitamente una muchacha casi niña, ingenuidad de melodía sin semitonos en la súbita muchacha entrevista, entredormida, entresoñada.
Súbita muchacha en el lecho de trébol húmedo.

Jóvenes brazos de luna nueva, blancas curvas, tierna postura sedente.
El bosque expone el secreto de la niña clara, aliento de helecho matutino, escultura blanda. De pronto el bosque expone su secreto.


Es la doncella florida, la arcilla dócil, la forma exacta. De pronto el bosque halla su expresión en una criatura que lo resume.
Se acerca con pasos breves.


La recorre tocándola con la mirada, y allí están los anocheceres oscuros, las promesas de la fronda susurrante, la convergencia de los caminos y las aves aleteantes. Todo en ella está. Cada gesto suave de los largos tallos ondulados, cada aroma de fruta madura. Todo en ella se manifiesta.

El bosque es esta figura extendida, y lo contiene como un minúsculo camafeo.
Se acerca con pasos breves. Descansa la cabeza en el regazo de miel y nido. Siente por primera vez que ha estado solo, siente que esta niña le falta, que la añora desde ahora, cuando su cabeza reposa en un estrecho contacto que ya es separación y lejanía.


Ha recibido la amarga revelación de que él es un ser entre los seres, la demorada maldición de saber su individualidad. La condenación lo alcanza en este instante en que ya no es el bosque sino que increíble, atrozmente está en el bosque.
Decir que los hombres mataron al unicornio es acaso un agregado innecesario.

MONICA RUSSOMANNO


del Libro: Historias Versas y Perversas, Edit. ATE, SANTA FE, 2009, Argentina


Monicarussomanno@hotmail.com