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jueves, 5 de junio de 2014

FEDERICO GARCIA LORCA: poesía Oda a Walt Whitman







Federico García Lorca

 ODA A WALT WHITMAN

Por el East River y el Bronx
los muchachos cantaban enseñando sus cinturas,
con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo.
Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas
y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.
Pero ninguno se dormía,
ninguno quería ser el río,
ninguno amaba las hojas grandes,
ninguno la lengua azul de la playa.
Por el East River y el Queensborough
los muchachos luchaban con la industria,
y los judíos vendían al fauno del río
la rosa de la circuncisión
y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados
manadas de bisontes empujadas por el viento.
Pero ninguno se detenía,
ninguno quería ser nube,
ninguno buscaba los helechos
ni la rueda amarilla del tamboril.
Cuando la luna salga
las poleas rodarán para tumbar el cielo;
un límite de agujas cercará la memoria
y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.
Nueva York de cieno,
Nueva York de alambres y de muerte.
¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?
¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?
¿Quién el sueño terrible de sus anémonas manchadas?
Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.
Ni un sólo momento, Adán de sangre, macho,
hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,
porque por las azoteas,
agrupados en los bares,
saliendo en racimos de las alcantarillas,
temblando entre las piernas de los chauffeurs
o girando en las plataformas del ajenjo,
los maricas, Walt Whitman, te soñaban.
¡También ese! ¡También! Y se despeñan
sobre tu barba luminosa y casta,
rubios del norte, negros de la arena,
muchedumbres de gritos y ademanes,
como gatos y como las serpientes,
los maricas, Walt Whitman, los maricas
turbios de lágrimas, carne para fusta,
bota o mordisco de los domadores.
¡También ése! ¡También! Dedos teñidos
apuntan a la orilla de tu sueño
cuando el amigo come tu manzana
con un leve sabor de gasolina
y el sol canta por los ombligos
de los muchachos que juegan bajo los puentes.
Pero tú no buscabas los ojos arañados,
ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños,
ni la saliva helada,
ni las curvas heridas como panza de sapo
que llevan los maricas en coches y terrazas
mientras la luna los azota por las esquinas del terror.
Tú buscabas un desnudo que fuera como un río,
toro y sueño que junte la rueda con el alga,
padre de tu agonía, camelia de tu muerte,
y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.
Porque es justo que el hombre no busque su deleite
en la selva de sangre de la mañana próxima.
El cielo tiene playas donde evitar la vida
y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.
Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía.
Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
los ricos dan a sus queridas
pequeños moribundos iluminados,
y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.
Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo
por vena de coral o celeste desnudo.
Mañana los amores serán rocas y el Tiempo
una brisa que viene dormida por las ramas.
Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.
Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.
¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.
¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.
Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
con la barba hacia el polo y las manos abiertas.
Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando
camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.
Duerme, no queda nada.
Una danza de muros agita las praderas
y América se anega de máquinas y llanto.
Quiero que el aire fuerte de la noche más honda
quite flores y letras del arco donde duermes
y un niño negro anuncie a los blancos del oro
la llegada del reino de la espiga.


Federico García Lorca



lunes, 7 de abril de 2014

Manuel Quiroga Clérigo, reconocido poeta y escritor español nos regala algunas de sus creaciones poeticas.


IDILIO DE NUBES


Manuel Quiroga Clérigo 

SEGORBE

Al fin nos detenemos cuando es mediodía

en una encrucijada de otoños y de cúpulas.

Vivimos un octubre vestido de verano

y hay un color de estaño en antiguos jardines.

En medio de vidrieras luminosas, cercanas,

surgen revoloteos de los sufridos pájaros,

algunos regresando de los mares de sombras.

En Segorbe la tarde es un silencio alegre

donde surgen almenas anunciando silencios

con alondras y mirlos llegando a los balcones.

Por el éter regresan obsesivas libélulas

lo mismo que algún niño que viene del colegio

tras dejar ignoradas unas aulas dormidas.

Las cigüeñas de nieve y estampa de horizonte

viven sin presentirlo un idilio de nubes

como si compusieran fragmentos de plumaje.

Unos parques de seda, respirando jilgueros,

se mecen lentamente al compás de la brisa

aunque imposibles vientos enturbian las veletas.

Hay algunos rumores, adolescentes, tibios

llegados de los montes con olor a naranjos.

Cuando ya queda lejos el olor del verano

un perfume de jaras aniquila las horas

cerca de algún murmullo musical deslumbrante.

Las notas esparcidas en un sopor de espejos

se enredan en geranios de recónditas plazas.

Segorbe permanece con su fervor de fuentes

y por sus callejuelas de espuma innecesaria

paseamos despacio al lado de su ritos

prolongados, solemnes, imprevistos y pálidos:

esforzados lanceros, los bravos caballistas,

los toros en tropel atravesando el tiempo,

la existencia naciendo tras estatuas de bronce.  

Nos sigue acompañando el favor de la vida.                                               

Segorbe, 18-10-2013.


SOBRE HILERAS DE ACACIAS

Me asomo a la ventana y hay grillos cantando

en un contorno oscuro, deshabitado, leve.

Sólo es medianoche de humedad inasible

en acacias, palmeras, fuentes, luna, fachadas.

A la derecha el monte duerme su regocijo

de un otoño impensado con esquinas de menta:

Desierto de las Palmas, travesía infinita

hacia laderas firmes y nidos de alacranes.

Desde estas alturas de luces fragmentadas

y a la izquierda del agua con su costumbre húmeda

respiramos silencios del Mar Mediterráneo,

vitalista, oreado, febril y desnortado            

como si contuviera brisas del mediodía

o esperara impaciente tener su madrugada.

Una sombra indecisa cobija la llanura

por donde a veces pasan algunos trenes rápidos

ignorando los siglos de apacible silencio.

Horadando los campos son veloces luciérnagas,

rayos carbonizados asaltando los cítricos,

saltamontes de acero despertando la costa.

Con sonidos de espanto disfrazados de viento

contemplamos lo breve de todo lo creado.

Aún sigo en la ventana sobre hileras de acacias.                                 

Oropesa del Mar, 20-10-2013.


DELTA DEL EBRO

En Poble Nou del Delta hay infinitas aves,

algunas relucientes, otras alboratadas;

ocupan los jardines, buganvillas y fuentes;

vuelan bajo las nubes con lentitud insólita,

picotean sin pausa entre los arrozales.

Viven el día entero en medio de las aguas,

a veces se encaraman en algunos veleros

o aterrizan prudentes en canales y acequias.

En el centro del pueblo hay una iglesia triste

con su torre cuadrada, sin vitrales ni gracia,

desconchada pintura de cal llena de sombras,

solitario contorno de inútiles campanas

como faro desierto en medio del paisaje.

Hay arbustos, hibiscos, hierbabuena, geranios,

alegres restaurantes, los invitados, niños,

patios llenos de gente, vino, celebraciones,

señoras opulentas con su belleza a cuestas.

El Ebro se ha expandido, ha creado marismas

inventando tesoros en la planicie amable.

Estas inmensidades de coloridos pájaros

son grandes extensiones de blancos cereales,

atardeceres de oro y puertos elevados.

Una infantil calima oculta el horizonte

donde ya se olvidaron moreras y otros árboles

lejos de algunas tardes que llegan del verano.   

Alrededor de todo brilla una niebla verde,

los trenes confundidos con laderas distantes,

la tarde y sus olores, los infantiles juegos,

unos muelles de seda donde pronto atardece.

En Poble Nou del Delta la vida es apacible

como si se tratara de un edén palpable.

En todo el horizonte de distendidas aguas

hay un ambiente dulce, soleado, pletórico

exento de fatigas, vocerío, rumores

habitado tan solo por esas aves de oro

a quienes acompañan mariposas, libélulas

en una sucesión de escasos vendavales.                                              

Poble Nou del Delta del Ebro, 20-10-2013.


EL EBRO POR TORTOSA

El Río Ebro en Tortosa es un Danubio alegre

avanzando sin tregua hacia el Mediterráneo

vadeando la estatua de acero vigilante

del águila florida con su porte imponente.

Aguas mansas, inquietas, renacidas, pletóricas

dividen una villa paciente, indescifrable,

el lugar del trabajo, de la industria y los barrios,

de la antigua muralla donde el tiempo se duerme.

en los puentes persisten olores de otras tierras,

tal vez esas que arrastran los redimidos cauces,

las voces de culturas llegadas del silencio,

el incierto fraseo de cigüeñas y barcos.

La Catedral nos muestra su claustro complaciente,

recogido, solemne, tan desnudo, aireado

donde el tiempo reduce su sabor a nostalgia;

la espuma como lava de su fuente central

y esos corredores, sus ventanales, gárgolas

son todo un episodio de santidades laicas.

Luego, ya, recorremos las calles cenicientas,

sus fachadas latinas, derruidos palacios,

el sueño desterrado a miradores sucios,

los parques como dehesas y rincones minúsculos.

Al pie de las murallas donde vive el estío

una placita ardiente va uniendo a los filósofos,

barbudos pensadores que adoctrinan sin pausa

a emigrantes cansados, musulmanes solícitos,

desocupadas sombras de idiomas variados.

Hay una turbulencia de desiertas terrazas

en derruidas casas, en territorios lentos

junto a la cercanía de refugios frutales.

En patios interiores donde ya nadie habita

siguen creciendo higueras, las carcomidas zarzas,

emparrados con eco de vides imposibles.

El Ebro, riguroso, deja atrás el Mercado;

le acompañan las aves en su fiesta de aire

hacia Amposta y El Delta que es el Mediterráneo. 

Hay nubes florecidas en medio del paisaje.

Después verá las garzas, tórtolas duplicadas,

los charranes, gaviotas, unos ansiosos ánades…  
                          
Tortosa, 20-10-2013.




MIEL

Ese pezón de miel

es el mejor regalo

para quien esperaba

tanto paisaje inédito.

Así que la mirada,

voluptuosa y feliz,

ahora invade tus pechos

de golosina impávida;

se dirige enseguida

al azúcar constante,

tiembla al sentirse cerca

del dulzor imprevisto

donde la maravilla

de tan bello espectáculo

se hacia gloria bendita

como el mayor milagro.

La superficie tersa

del jardín necesario

tiene el sabor incierto

del paraíso ansiado

y  es el mejor destino

para el fulgor y el beso

llegado de los labios.                                                                   

Oropesa, 20-10-2013.

LA FIGURA ESPERADA

Está la calle llena

de acacias intensivas,

de montañas recientes

llegando a la ventana,

de mares desiguales

rodeando la noche.

Entonces se ilumina

tu figura sin límites,

el espacio perfecto

de la pasión de siempre.

Cuando sea mediodía

y los trenes se alejen

seguirán en la calle

intensivas acacias;

seguirás siendo luego

la figura esperada.                                                  

Oropesa, 20-10-2013.


HORAS

Desde el mar nos visita la luz estrangulada

como faro constante en medio de la niebla.

En las aguas tranquilas hay reflejos lunares

igual que barcos tristes navegando en silencio.

Seguimos asomados a la terraza alegre

sobre varias docenas de inéditas acacias.

Es una noche oscura de sombras reducidas

con escasos gorjeos de las cercadas aves.

De la Sierra de Irta nos llegan resplandores

y de las autopistas que corren paralelas

a este Mediterráneo de un otoño cálido

surgen continuamente faros como luciérnagas;

interrumpen las horas de dormidas presencias,

llenan con sus rumores los cauces mutilados

o quedan reducidos a sonidos sin causa.

Músicas escondidas interrumpen el sueño

de apacibles poetas tal vez ensimismados

que nunca se arrepienten de ser tan sólo libres.

Al fin cruzan los trenes delante de los árboles

y las horas se alargan con brillo itinerante.                                        

Oropesa, 20-10-2013.


TRENES

Hay trenes y mastines recorriendo los campos.

¿Dónde van esos trenes, qué viajeros transportan,

de qué niebla se hicieron sus vagones oscuros?.

A su paso se asustan los pájaros celestes,

los reptiles se esconden, huyen las comadrejas,

saltan los saltamontes, las orugas despiertan.

A distancia les siguen mariposas, insectos

con sensación ferviente de recorrer la nada.

Los cítricos se inclinan como cañaverales

y los olivos tiemblan desechando sus frutos.

Siempre los trenes, siempre, recorren humedales

llevando en sus rieles ruinas del pasado,

asaltando las vides, violentando los valles;

van dejando la estela de prisa indeseada.

Pasajeros tranquilos observan los castillos,

orientan su mirada al mar omnipresente,

contemplan nubes blancas o cielos azulados,

sueñan con sus amadas con emoción constante.

Si algún tren se detiene cerca de las acacias

Descienden señoritas con escotes de reina,

caballeros antiguos con flor en la solapa

o niños bulliciosos en busca de cometas.

Hay trenes y mastines recorriendo los campos.                   

Oropesa, 20-10-2013.

Manuel Quiroga Clérigo



















Manuel Quiroga Clérigo.

(Madrid, 1945).
Licenciado en Psicología Social, Estudios de Derecho ( U.C. de Madrid).
Doctor en Ciencias Políticas y Sociología (Universidad Complutense de Madrid).
Tesis Doctoral: LA CRITICA LITERARIA COMO FENÓMENO SOCIOLÓGICO).
Crítico literario y de cine, narrador, autor dramático. Poeta.

Ha participado en Congresos, Simposios y Encuentros en todo el mundo.
Conferenciante, prologuista e invitado en seminarios, cursos de poesía, literatura y de ciencias sociales.
Fundador del Grupo Poético “Enero” (Madrid, 1969).
Consejero de la ASOCIACIÓN COLEGIAL ESCRITORES.



Miembro de:C.E.D.R.O.,
ASOCIACIÓN ANDALUZA DE CRITICOS LITERARIOS (CRÍTICOS DEL SUR),
COLEGIO NACIONAL DE DOCTORES Y LICENCIADOS EN CC.PP Y SOCIOLOGIA, ASOCIACIÓN CASTELLANO-MANCHEGA DE SOCIOLOGÍA,
ACADEMIA CERVANTINA DE GUANAJUATO (MÉXICO),
S.G.A.E.,
PEN CLUB DE ESPAÑA.