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sábado, 15 de noviembre de 2014

LITERATURA: El escritor israelí Amoz Oz recibe el Premio Siegfried Lenz

























BERLÍN. El escritor israelí Amoz Oz recibió hoy el Premio Siegfried Lenz, dotado con 50.000 euros (62.300 dólares) e instituido por la fundación del mismo nombre.
 
En su discurso de entrega del premio, el ministro de Exteriores alemán, Franck-Walter Steinmeier, dijo que Oz, al igual que el recientemente fallecido Siegfried Lenz, ha buscado siempre como escritor tender puentes de entendimiento.
 
"Lenz fomentó el entendimiento entre alemanes e israelíes. Oz, desde hace décadas, apuesta por el poder de la razón y la palabra en el conflicto de Oriente Medio", dijo Steinmeier.
 
"Galardonamos a Amoz Oz en el espíritu de Siegfried Lenz", agregó. Oz y Lenz estuvieron unidos por una amistad, y Lenz fue uno de los promotores del descubrimiento de la literatura israelí en Alemania. En "Una historia de amor y oscuridad", publicada en español con Rayuela, Oz creó, según Steinmeier, una especie de crónica nacional israelí.
 
El israelí, defensor de una solución de dos estados en Oriente Medio y fundador del grupo Peace now, invocó el poder de la literatura en los procesos de reconciliación. Así, por ejemplo, Oz recordó cómo había crecido en un ambiente lleno de hostilidad hacia Alemania que luego él había empezado a cuestionar gracias a la lectura de escritores alemanes. En especial, "Lección de alemán" de Lenz le ayudo a superar la visión maniquea de Alemania.
 
Este premio deberá entregarse cada dos años a autores internacionales.
Fuente: texto:http://www.diariolibre.com/lecturas/2014/11/14/i882951_escritor-israel-amoz-recibe-premio-siegfried-lenz.htmlfoto: de Internet

martes, 11 de junio de 2013

ISRAEL:Yoram Kaniuk, el escritor rebelde que persiguió la justicia social, falleció a los 83 años Escritor, artista pástico, intelectual de primera línea.



foto: de www.walla.co.il



El prolífico escritor Yoram Kaniuk, que falleció de cáncer en el Hospital Ijilov de Tel Aviv, a los 83 años, murió apesadumbrado por la situación del Estado cuyo establecimiento anheló y por el que combatió - y fue herido - en la guerra de 1948.


Kaniuk que en sus últimos años lanzó diatribas en contra de algunas tendencias de la sociedad israelí rechazaba el racismo y el régimen hegemonizado por los religiosos, protestaba contra la ocupación y contra el tratamiento que se les da a los ancianos y a los escritores.

Kaniuk nació en 1930 en Tel Aviv, hijo de un secretario personal del entonces intendente, Meir Dizengoff. A la edad de 17 años, se alistó en el Palmaj, la unidad de élite de la Haganá, el ejército popular clandestino de la comunidad judía, y durante la Guerra de la Independencia combatió en Nabi Samuel, la Colina del Radar, la batalla por el Monasterio de San Simón y también en el Monte Sión de Jerusalén, donde resultó herido. Sus experiencias sobre la guerra fueron escritas en la novela "Eagles" y también "1948", por la cual ganó el Premio Sapir de Literatura.


Después de la guerra, se interesó por el arte. Estudió pintura en la Academia Betzalel y trabajó como marinero en un barco que trajo sobrevivientes del Holocausto al país. Convertido en marinero, partió a Estados Unidos, donde vivió durante casi una década, llevando una vida aventurera y entablando amistad con numerosos artistas de la bohemia de Nueva York.


A fines de la década de los cincuenta, Kaniuk y su mujer estadounidense regresaron a Israel, donde tuvieron dos hijas. Desde principios de la década de los sesenta, publicó alrededor de treinta novelas y colecciones de cuentos en hebreo. Algunas de ellas fueron convertidas en obras de teatro o películas y se transformaron en clásicos nacionales: "Himmo, King of Jerusalem" (1968), "Adam Resurrected" (1971), "Rocking Horse" (1977), "The Last Jew" (2006), "His daughter" (1987) y "The Last Berliner" (2001).

Durante décadas, Kaniuk fue considerado un extraño, el "chico malo" de la literatura israelí.


Relegado por sus contemporáneos, Kaniuk disfrutó, paradójicamente, de la devoción de la nueva generación.

Algunas de sus viejas novelas están siendo releídas. Su preocupación por la vejez y la muerte atrajo a muchos lectores y su exploración del post-trauma de la guerra de 1948 le concedió un gran prestigio.


Kaniuk también fue galardonado con el Premio Brenner, el Premio del Presidente, el Premio Bialik de Literatura, le entregaron las llaves de la ciudad de Tel Aviv, y fue nombrado Oficial de la Orden de las Artes y las Letras de Francia, uno de los honores más prestigiosos concedidos por el gobierno francés.


La ministro de Cultura y Deportes Limor Livnat expresó su profunda tristeza por la muerte de Kaniuk.


"Formó el ethos de Israel con gran talento", expresó. "Hace varios años que me hizo ver las fallas en el mercado del libro. Me entristece que no alcanzara a ver a su ley aprobada en la Knéset (Parlamento). En muchos aspectos, me ha dejado un legado, y voy a llevar a cabo su deseo".


"Kaniuk escribió la historia de Israel a través de su punto de vista personal y nacional único. A veces criticaba amargamente al país, pero también lo amaba sin reservas", apuntó la presidenta del partido laborista, Shelly Yachimovich.


"Con precisión y claridad, Kaniuk articula una crítica valiente y original de las injusticias morales", aseveró la presidenta de Meretz, Zehava Gal-On. "En sus libros y ensayos describe la forma en que Israel fue fundada y cómo puede llegar a ser un lugar mejor".

Dos años antes de morir, Kaniuk le pidió al tribunal de justicia que "lo exima de la religión judía" y ser registrado en el Ministerio del Interior sin religión, tal como está registrado su nieto, porque la madre del muchacho no es considerada judía. Kaniuk explicó en su solicitud que no quiere ser parte de un "Irán judío". La corte accedió y fue registrado como que no tiene religión. Su identificación con el judaísmo pasaba por fuera del sistema de creencias.


Kaniuk era el ejemplo del intelectual que persiguió la justicia social, apunta el editorial del diario Haaretz. Junto a muchos miembros de su generación, luchó por establecer un estado democrático secular e igualitario. El primer objetivo fue alcanzado; pero en el resto fracasó. Se le debía haber prestado más atención cuando vivía, y su lucha seguramente no será olvidada tras su muerte, señala el rotativo.

fuente: Semanario 'AURORA" 10 de JUNIO 2013

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG,

Yoram Kaniuk "partió hacia su mundo"(traducción de la frase en idioma hebreo que dice que una persona 'falleció".) Y dejó la orden de que su cuerpo no fuera enterrado, según el rito hebreo, sino que donaba su cuerpo para la ciencia.

No habrá pues entierro, ni placa recordatoria sobre una inexistente tumba.

El fue uno de los últimos grandes escritores de su generación , 'TASHAJ'(1948), que aún estaban vivos ...

Lamentamos su deceso, pero a pesar de su enfermedad terminal y una edad de 83 años, era de prever que no pasaría el promedio de vida estadístico para los varones, en el Estado de Israel.

Vivió como quiso, y dejó una cantidad de libros importantes, que serán leídos por las generaciones jóvenes y no tan jóvenes de este país.

Con dolor lo dejamos partir...y ya lo estamos extrañando.


Bendita sea su memoria.

Lic. Jose Pivín
frente al puerto de Haifa
frente al Mar Mediterráneo

jueves, 27 de diciembre de 2012

"Conocer a una mujer", un libro de Amos Oz, el más famoso escritor israelí de las últimas decadas. Comentario de Nadal Suau

Conocer a una mujer

Autor: Amos Oz

Traducción de Irene G. Lozano. Siruela, 2012. 272 pp, 21'95 e.



AMOS OZ- FOTO: CARMELO LATASSA





por NADAL SUAU |


Cómo escribir en Israel sin que Israel se cuele en cada gesto de un personaje. A finales de los ochenta, Amos Oz (Jerusalén, 1939) publicó la novela Conocer a una mujer, protagonizada por un agente del Mossad, aunque el nombre de este servicio “que algunos consideran el más eficiente del mundo” nunca se hace explícito. No hay mejor metonimia para el Estado, ni más supurante, que su servicio de inteligencia; no hay mejor óptica desde la que afrontarlo y entender sus miedos y su miseria, pero también su fragilidad e incluso su necesidad. Este es el peso con el que carga Yoel Ravid. Y por eso, si lo que Amos Oz decide contarnos de este espía del Mossad no son sus operaciones especiales sino la evidencia de que tantos años entregado a la voluntad férrea y noble de ser fiel a su trabajo (es decir, a los primeros colonos, al pueblo judío, a la lucha por sobrevivir... El peso, otra vez) lo han vuelto frío, ajeno, demediado... Si Oz nos explica esto y cierra el libro con una iluminación, una llamada a la “emoción y humildad” que rescatan al individuo de su “ensoñación”, de la “fina y grasienta membrana” de sacrificio y responsabilidad que lo aislaba, entonces entiendo que estamos ante una toma de partido: frente a la Historia, el individuo. Frente al rigor, compasión.

Conocer a una mujer es una novela cuya gran precisión psicológica presta atención a los detalles que nutren la vida familiar. No en vano, Estado y familia suelen ser dos instituciones esenciales en la narrativa israelí, y ambas exigen lealtad. Yoel, el protagonista, decide dejar su trabajo después de la muerte trágica de su esposa Ivriya, y se traslada a una nueva casa acompañado de su madre, su suegra y su hija, que padece accesos de lo que parece epilepsia: como dice su cuñado Nakdimón, todo el clan se refugia “en el mismo agujero”. Esa nueva vida de jubilado prematuro está hecha de tiempos aparentemente muertos, pero que en realidad vibran bajo el efecto de corrientes profundas (el recuerdo de su matrimonio y de todo aquello que no supo entender de su esposa porque había que salvar a Israel; el miedo por su hija; la constatación de que “más amor del permitido” puede ser destructivo) y se resquebrajan por la acción de nuevos elementos: los requerimientos de sus vecinos americanos o la aparición de un personaje muy bien trazado, el agente inmobiliario Arik Kratz.

Si es cierto que toda buena novela cabe en sus primeras líneas, Conocer a una mujer arranca con Kratz mostrándole una casa a Yoel, quien ya ha decidido alquilarla pero tarda en comunicárselo, “como si las palabras fuesen objetos personales de los que le costaba desprenderse”. El protagonista presta atención a la estatuilla de un depredador felino ejecutando su salto vigoroso, lleno de vida y peligro. Sólo que la pata izquierda del animal está fijada a una base de acero inoxidable que provoca “la desesperación del salto detenido”. Esta imagen recorre la novela, recordándonos que el aparente realismo, en manos de un verdadero artista, sólo es otro tipo de símbolo: y es que, como intuyen Yoel y el narrador, todo es misterioso “como un libro abierto”. ¿Se identifica Yoel con ese felino torturado por la imposibilidad de sellar su destino? ¿Es el reflejo de un reflejo que es él mismo? Oz es un escritor sutil y deja vías abiertas al lector. En cuanto a Kratz, su papel y el de su hijo en el tramo final es uno de los mayores aciertos de la novela. Tras enfrentarse al justo, inapelable, reseco espíritu de la ley encarnada por un padre que ha perdido a su hijo, Yoel descubrirá que está vivo. Y lo hará gracias a Kratz, a quien creíamos mundano, bobalicón, cínico aunque inofensivo; uno se lo imagina interpretado por Bob Odenkirk, con eso está todo dicho. Pero resulta que Kratz oculta lo mismo que acabará emergiendo de Yoel: “compasión y firmeza. Simpatía, pena y autoridad”.

Bromeando a costa de Le Carré, acertando en la caracterización de personajes tan reconocibles como la suegra enervante o en el casi imperceptible juego de espejos con Miss Dalloway, planteando preguntas serias y duras, Conocer a una mujer se nos impone en voz baja, admirablemente reconstruida por Raquel García Lozano, y nos recuerda por qué Amos Oz es un gran escritor.


 Publicado el 21/09/2012 |

FUENTE: http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/31537/Conocer_a_una_mujer