Mostrando entradas con la etiqueta JUAN CARLOS GOMEZ. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JUAN CARLOS GOMEZ. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de mayo de 2013

WITOLD GOMBROWICZ Y JUAN CARLOS GOMEZ, 'EL FIEL GOMA'.

El fiel Goma



 Por Juan Forn
Decía Gombrowicz que, cuando un polaco obtiene placer de una pequeña cantidad de bebida y de comida, su reacción instantánea es beber y comer diez veces más, para ser fiel al placer. Decía Gombrowicz que un polaco es una víctima de sus ideales, alguien que hace de la realidad una locura. Así era Juan Carlos Gómez, el fiel Goma. Debajo del pacífico matemático retirado, argentino de toda la vida, había en el fiel Goma un polaco loco que sólo salió a la luz cuando, ya jubilado, creó el club de los gombrowiczidas.
Hay dos hechos decisivos en la estancia de Gombrowicz en la Argentina. Como bien se sabe, Gombrowicz llegó en barco a Buenos Aires en 1939, dispuesto a dar una conferencia, hacerse unos pesos y volver a Polonia, pero vino la guerra y quedó varado acá. Al principio no podía volver; después no quería. Durante esos veinte años le dio la espalda al establishment literario local, y a la vez dejó que una pandilla de amigos tradujera su novela Ferdydurke, de a varios, en una mesa del café Rex, con él de cuerpo presente, porque ninguno sabía mucho polaco. Se peleó con todos después, pero la traducción lo dejó insólitamente conforme. Piglia dice que ese Ferdydurke en castellano es la mejor novela argentina del siglo XX. Otros prefieren pensar que la verdadera obra maestra de Gombrowicz en nuestro país fue su Diario argentino (el efecto de nuestra idiosincrasia sobre la suya, la extraordinaria permeabilidad e impermeabilidad que tenía ese polaco), pero hay quienes piensan que la verdadera carga de profundidad que dejó Gombrowicz para que estallara después de su partida fueron los cuatro discípulos que lo despidieron en el puerto en 1961, los únicos que lo aguantaron de verdad, esos cuatro jovencitos a quienes les gritó desde la borda del barco que lo llevaba a Europa a triunfar: “¡Maten a Borges!”. Ya convertidos en señores mayores, Alberto Fischerman los juntó a los cuatro en 1986, los filmó durante una noche entera y le salió una película extraordinaria sobre el efecto que Gombrowicz había tenido en ellos.
Ninguno había matado a Borges, ni a Gombrowicz, ni a nadie. A ninguno parecía pesarle demasiado: ni a Mariano Betelú, ni a Dipi Di Paola, ni a Alejandro Russovich. Pero al fiel Goma sí. Hizo falta sin embargo que pasara el tiempo, que Gómez se jubilara, que tuviera tiempo de sobra, para que el polaco loco le saliera de adentro. Todo empezó cuando publicó en 1999 las Cartas a un amigo argentino que Gombrowicz le fue enviando desde Europa hasta que murió, en 1969. Gómez se quedó con ganas de decir cosas en el prólogo de ese hermoso libro, así que se sentó a escribir un libro entero sobre Gombrowicz, que tituló Ese hombre me causa problemas. Cuando lo terminó sintió que le seguían quedando cosas por decir y ya se había asqueado de las miserias del mundo editorial, así que inventó los gombrowiczidas: eligió a siete “magníficos”, que luego fueron nueve, once, trece y siguieron creciendo hasta alcanzar un número indeterminado, y empezó a mandarles por mail, todos los días, un fragmento de su nuevo libro, que también iba creciendo de manera ingobernable. El tema excluyente de esos mails era Gombrowicz, cada libro que había escrito, cada palabra que había dicho o que habían dicho sobre él, cada persona que lo había conocido (en Polonia, en Argentina y en Alemania y Francia después), pero sobre todo Gómez practicaba el gombrowiczismo a ultranza: el desafío vitriólico permanente contra el mundo, incluyendo a sus corresponsales.
Durante por lo menos siete años recibí cada día, incluyendo los domingos, un mail (y muchas veces más de uno) de Gómez en mi casilla. Todos los santos días durante siete años. Siempre eran inmoderados, a veces un poco agotadores en su obsesión o su veneno, pero por lo menos una vez a la semana venía uno formidable. Gómez usó a Gombrowicz para explicarse el mundo y el sinsentido del mundo: era su Aleph y su I Ching, su condena y su agujero negro. Gómez fue Gombrowicz: como él, ofendió o hartó a más de la mitad de sus corresponsales con sus diatribas, inevitablemente empezó a repetirse en determinado momento pero siempre había que leerlo porque en el momento menos pensado venía un relámpago. Y de pronto un día, de hace un año o dos, se calló. “Ya no queda jugo que sacar del viejo”, dicen que dijo a su familia. “Sólo me queda esperar la muerte al sol”. Se refería al jardín de su casa, a sus plantas, a sus perros, a sus hijos, a sus nueras y a su inagotable esposa Elida. En el aire de ese jardín fueron esparcidas las cenizas de Gómez la semana pasada. Su familia anunció el hecho con palabras hermosas, que están en Internet, como todo el paquete gombrowiczidas (véase www.elortiba.org).
Hace poco se anunció que el promedio actual de vida en la Argentina es de 78 años. Gómez los cumplió el 26 de noviembre y el 2 de diciembre dijo chau, fiel hasta la muerte al cálculo estadístico y a la joda vitriólica que conformaban su bipolar naturaleza argentopolaca. Por una vez en su larga relación con los gombrowiczidas, el fiel Goma les cedió la última palabra. Sólo queda una cosa por decir: Gombrowicz ha muerto, larga vida a Gombrowicz.


fuente: Pagina 12.com.ar
siguiente Viernes, 14 de diciembre de 2012 

LOS SUBRAYADOS DE GOMBROWICZ: Sobre héroes y tumbas” Cía. General Fabril Editora 1961



 

"LOS SUBRAYADOS DE 

GOMBROWICZ"




“Sobre héroes y tumbas”

  de Ernesto Sabato  

Cía. General Fabril Editora  1961


Los subrayados han sido 
publicados en Polonia por 
“Twórczosc” en julio de 1999




Pag.18 –Que no siempre suceden cosas, que casi nunca suceden cosas, (...) tuve la sensación nítida de que acababa de suceder algo (...) ya no era la misma persona que antes. Y nunca lo volveré a ser.

Pag.20 –Ya que no bastan –pensaba– los huesos y la carne para construir un rostro (...) por todo ese conjunto de sutiles atributos con que el alma se revela a través de la carne (...) en el instante mismo en que alguien muere, su cuerpo se transforma bruscamente en algo distinto (...) Pues no son las paredes ni el techo ni el piso lo que individualiza la casa sino esos seres que la viven con sus conversaciones, sus risas, con sus amores y odios (...) ya que el alma no puede manifestarse a nuestros ojos sino por medio de la materia, y eso es una precariedad del alma pero también una curiosa sutileza. Y de esa inevitable manifestación carnal del alma, de esta incapacidad del alma para vivir al estado puro quizá sea posible concluir que es algo esencialmente distinto del espíritu, ya que éste sí, desde su olímpico y ascético reducto, allá arriba, en el mundo de las puras ideas, de la pura belleza y de la verdad pura, eterno y solitario, tiene existencia propia y mira seguramente con desdén nuestra propia carne. Y acaso también con asco y espanto.

Pag.21 –Espanto, desdén y asco que no sólo han de referirse al cuerpo sino, y sobre todo, al alma, pues muy a menudo, por no decir casi siempre, el alma es arrastrada por las tempestades del cuerpo o quizás sea la causa misma de esas tempestades. O, más probable, ambos como cómplices inseparables, son a la vez causantes y actores de esos impuros y generalmente atroces movimientos de los hombres.

Pag.25 –(...) es el resultado de una combinación monstruosa de hechos suficientemente dolorosos como para producir el llanto (y aún el desconsolado llanto) y de acontecimientos bastante grotescos como para querer transformarlo en risa.

Pag.29 –(...) pesimista en cierne como corresponde a todo ser purísimo y preparado a esperar Grandes Cosas de los hombres en particular de la Humanidad en general.

Pag. 30 –(...) sufren en silencio y con dignidad suprema su muerte de auténticos desdichados. Como esos hombres silenciosos y solitarios que a nadie piden nada y con nadie hablan, sentados y pensativos en los bancos de las grandes plazas y parques de la ciudad (...) que meditan y a su manera acaso replantean los grandes problemas (...) En virtud de ese notable atributo que tiene el universo de independencia y superposición, de modo que mientras un banquero se propone realizar la más formidable operación (...) un pajarito, a cien pasos de distancia de la Poderosa oficina, anda a saltitos sobre el cesped del parque Colón.

Pag.31 –(...) resulta milagroso que tantas especies de seres puedan nacer, desenvolverse y morir sin conocerse, sin odiarse ni estimarse, en las mismas regiones de universo...

Pag.32 –(...) que el absoluto no existe (...) y su propia soledad ante la muerte.

Pag.35 –(...) en ese presente prematuro (como si el tiempo se divirtiese presentándose antes de lo debido), para que la gente haga representaciones tan grotescas.

Pag.42 –(...) ésos son los que sufren por el resto. Y el resto son nada más que hichapelotas, hijos de puta o cretinos ¿sabés?

Pag.52 –Su memoria está compuesta de fragmentos de existencia, estáticos y eternos: el tiempo no pasa, en efecto, entre ellos, y cosas que sucedieron en épocas muy remotas entre sí están unas junto a otras vinculadas o reunidas por extrañas antipatías y simpatías...

Pag.97 –Me gusta la gente fracasada. El triunfo... tiene siempre algo de vulgar y horrible.

Pag.109 –(...) casi feliz. Pero inmensamente.

Pag.132 –(...) pues nunca (sostenía) somos la misma persona para diferentes interlocutores, amigos o amantes.

Pag.137 –(...) ¿cómo saber quién va a encarnarse en el cuerpo de nuestros hijos?

Pag.138 –Pero que raramente las palabras pronunciadas responden con exactitud a lo que sentimos en lo más recóndito de nuestro espíritu.

Pag.139 –La verdad, se decía, sonriendo con ironía La verdad... Bueno, digamos : Una verdad.

Pag.140 –(...) y pensando enseguida, como ante un abismo, qué poco, qué miserablemente poco restaba de aquella marcha hacia la nada. Y entonces ¿para qué? Y cuando llegaba a ese punto y cuando parecía que ya nada tenía sentido, se tropezaba a caso con uno de esos perritos callejeros, hambriento y ansioso de cariño, con su pequeño destino (tan pequeño como su cuerpo y su pequeño corazón que valientemente resistirá hasta el final de aquella vida chiquita y humilde como desde una fortaleza diminuta), y entonces recogiéndolo, llevándolo hasta una cucha improvisada donde al menos no pasase frío, dándole algo de comer, convirtiéndose en sentido de la existencia de aquel pobre bicho, algo más enigmático pero más poderoso que la filosofía parecía volverle a dar sentido a su propia existencia. Como dos desamparados en medio de la soledad que se acuestan juntos para darse mutuamente calor.

Pag.154 –Porque hay veces que los amantes no se quieren... o en que uno de ellos no quiere al otro, o lo odia, o lo menosprecia.

Pag.155 –(...) pero yo soy nada más que eso: un hombre de puros proyectos (...) En la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza (...) Y si no digo todo, absolutamente todo, estoy mintiendo. Pero decir todo es imposible (...) ¿Somos, acaso, siempre la misma persona?

Pag.163 –¿Qué quieren, una originalidad total y absoluta? No existe. En el arte ni en nada. Todo se construye sobre lo anterior. No hay pureza en nada humano (...) Todo lo demás es desarrollo (...) Los verdaderos ateos son los indiferentes, los cínicos...

Pag.169 –Pues a medida que nos acercamos a la muerte también nos acercamos a la tierra (...) Y entonces recordamos un árbol, la cara de algún amigo, un perro, un camino polvoriento (...) No grandes cosas sino pequeñas y modestísimas cosas.

Pag.177 –Porque si prevaleciese la desesperación, todos nos dejaríamos morir o nos mataríamos, y eso no es de ninguna manera lo que sucede (...) la poca importancia de la razón, ya que no es razonable mantener esperanzas en este mundo en que vivimos.

Pag.178 –Y si la angustia es la experiencia de la Nada, algo así como la prueba ontológica de la Nada ¿no sería la esperanza la prueba de un Sentimiento Oculto de la Existencia, algo por lo cual vale la pena luchar?

Pag.185 –Es curioso que uno pueda fijarse en cosas así, indiferentes, en momentos tan decisivos.

Pag.191 –Pero ¿qué máscara nos ponemos o qué máscara nos queda cuando estamos en soledad...?

Pag.227 –(...) análisis y conceptos que valen para nosotros (...) pero en realidad todos estos conceptos tiene un valor relativo, pues estamos aplicando conceptos y valoraciones humanas a entes inconmensurables con nosotros; del mismo modo que es imposible para los hombres imaginar dioses que no tengan ciertos caracteres humanos, hasta el punto grotesco que los dioses griegos se metían los cuernos.

Pag.228 –Tuve de pronto la revelación de que la realidad podía empezar a deformarse si no concentraba toda mi voluntad para mantenerla estable.

Pag.229 –¿Acaso Parménides no había probado que la verdadera realidad no es la que vemos sino una esfera inmóvil y que toda esta fantasmagoría que nos rodea no es, en efecto, más que una perversa fantasmagoría? (...) como una garantía de que soy “algo” (...) sino por algo más profundo de índole espiritual (...) ¿qué impide que en ese cuerpo tabulado en mi libreta de enrolamiento no pueda de pronto, en virtud de algún cataclismo, habitar el alma del portero o del espíritu de Sade? ¿Hay alguna inviolable relación, acaso, entre mi cuerpo y mi alma? Siempre me pareció portentoso que alguien pueda crecer, tener ilusiones, sufrir desastres, ir a la guerra, deteriorarse espiritualmente, cambiar sus ideas, transformar sus sentimientos y sin embargo seguir recibiendo el mismo nombre.

Pag.230 –(...) “algo” entre mi cuerpo y mi voluntad se interpone.

Pag.232 –(...) ese tipo de enemigo de la sociedad que siempre me atrajo (...) (por la repugnancia de vivir de la muerte de un ser viviente) y tenía ese género de fantástica esperanza de que el mundo iba a ser alguna vez una cariñosa comunidad de libres y fraternales cooperadores.

Pag.234 –(...) cuando uno se propone enérgica y sistemáticamente un fin (...) se termina por crear un campo de fuerzas telepáticas (...) y hasta se producen episodios que en apariencia son casuales pero que en rigor están determinados por esa invisible potencia de nuestro espíritu.

Pag.235 –(...) del universo en que nacen y crecen nuestras más turbias obsesiones.

Pag.251 –Como si ese defecto pudiese ser motivo de elogio. Ya que como le expliqué a Norma (que se enfurecía) elogiar a un militar porque no lo parece, o porque no lo es tanto, es como encontrar méritos en un submarino que tiene dificultades para sumergirse, y creer que es una virtud el que pueda andar en la superficie casi tan bien como un barco de carga.

Pag.298 –¡Delirio de persecución! Siempre los realistas, los famosos sujetos de las “debidas proporciones”. Cuando por fin se quemen, recién entonces se convencerán; como si hubiera que medir con un metro el diámetro del sol, para creer lo que afirman los astrofísicos (...) la vanidad es tan fantástica , tan poco “realista” que hasta nos induce a preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados. ¿Una especie de prueba de la inmortalidad del alma?

Pag.335 –(...) que nada de lo que se refiere a seres humanos debería causar jamás asombro y sobre todo porque, como decía Proust, los “aunque” son casi siempre “porqués” (...) en virtud de ese afán que tienen los hombres de aferrase a cualquier despojo de alguien que quisieron mucho (...) esos pequeños objetos que de ese modo alcanzan un valor simbólico y desmesurado...

Pag.336 –(...) encontrar esa presunta clave...

Pag.337 –(...) constituía algo así como la prueba de la inmortalidad del alma (...) ¿qué conocemos en definitiva del misterio último de los seres humanos?

Pag.378 –Porque es un error imaginar, como a menudo suponen los que ven a un movimiento revolucionario,

Pag.379 –(...) desde lejos o desde afuera, que todos sus integrantes ofrecen un tipo definido de personas (...) Pero la gama era infinita. Había el tolstoiano que se negaba a comer carne porque era enemigo de toda muerte violenta, y que muy a menudo era esperantista y teósofo; y el partidario de la violencia hasta en sus formas más indiscriminadas, ya porque sostuviera que el Estado sólo puede combatirse mediante la fuerza, ya porque como en el caso de Podestá, daba así salida a sus instintos sádicos. Había el intelectual o el estudiante que llegaba al movimiento a través de Stirner y Nietzsche, como Fernando, generalmente individualistas acérrimos y asociales, que muchas veces terminaron apoyando el fascismo; y obreros casi analfabetos que se acercaban al anarquismo en busca de una esperanza instintiva. Había resentidos que volcaban así su odio contra el patrón o la sociedad, y que a menudo terminaban convirtiéndose en despiadados patrones cuando lograban alguna fortuna o en miembros del cuerpo policial; y seres purísimos llenos de bondad y grandeza, y que aún siendo bondadosos y puros eran capaces de llegar al atentado y a la muerte, como en el caso de Simón Radowistky, llevados por un cierto tipo de espíritu justiciero, al destruir al hombre que juzgaban culpable de la muerte de mujeres y niños inocentes. Existía el vividor que con el cuento del anarquismo la pasaba muy bien, comiendo y durmiendo gratuitamente en casa de compañeros, a los que en ocasiones terminaba robándole algo o quitándole a la mujer, y que cuando por sus excesos recibía alguna tímida recriminación del dueño de casa contestaba con desprecio “pero qué clase de anarquista es usted camarada”. Y existía el linyera, partidario de la vida libre del pájaro, del contacto con el sol y el campo, que salía con su bultito al hombro a recorrer países y a predicar la buena nueva, trabajando en alguna cosecha, arreglando algún molino o algún arado, y de noche en el galpón de la peonada, enseñando a leer y a escribir a los analfabetos, o explicándoles en palabras sencillas pero fervientes el advenimiento de la nueva sociedad donde no habrá ni humillación ni dolor ni miseria para los pobres,

Pag.380 –o leyéndoles páginas de algún libro que llevaba en el hatillo: páginas de Malatesta a los campesinos italianos, o de Bakunin; mientras sus interlocutores silenciosos, tomando mate en cuclillas o sentados sobre algún cajón de kerosén, cansados por la jornada de sol a sol, acaso rememorando alguna remota aldea italiana o polaca, se entregaban a medias a aquel sueño maravilloso, queriéndolo creer pero (instigados por la dura realidad de todos los días) imaginado su imposibilidad, en forma semejante a los que abrumados de desdichas sin embargo a veces sueñan con el paraíso final; y acaso entre aquellos peones, algún criollo, que pensaba que Dios había hecho el campo y el cielo con sus estrellas para todos por igual, esa clase de criollo que añoraba la vieja y altiva vida libre de la pampa sin alambrados, ese paisano individualista y estoico, hacía finalmente suya la buena nueva de aquellos remotos apóstoles de nombres raros y, ya para siempre, abrazaba con ardor la doctrina de la esperanza. Pues criollos de éstos yo vi muchos en los sindicatos anarquistas del puerto o en las playas de los frigoríficos, y entre ellos aquél llamado Vallejos que se desvaneció de hambre en la calle y a quien la policía, al registrarlo y encontrarle un billete de cien pesos, le preguntó por qué con tanto dinero pasaba hambre y él le respondió con tranquila dignidad “porque esa plata, señor, es del sindicato”. Sí, había anarquistas como Vallejos. Como también hubo anarquistas como Di Giovani que, aunque editaba con el dinero de sus asaltos las obras completas de Reclus, también vestía al fin de su vida camisas de seda; mientras que pistoleros como Ascaso y Durruti, austeros y honestos hasta su muerte al pie de sus ametralladoras en la guerra española, no guardaron para sí un solo centavo de lo que obtuvieron en sus asaltos.

Pag.385 –(...) que contra la fuerza organizada del estado burgués sólo era eficaz la fuerza organizada del proletariado...

Pag.387 –Exupéry cuenta como después de una angustiosa lucha con los elementos, perdido en el Atlántico, cuando ya él y su mecánico no conservaban esperanzas de llegar a tierra, alcanzaron a divisar una débil lucecita en la costa africana y con el último litro de combustible alcanzaron finalmente la ansiada costa; y cómo entonces aquel café con leche que tomaron en una cabaña fue el humilde pero trascendental signo del contacto con la vida entera, el pequeño pero maravilloso reencuentro con la existencia. Del mismo modo, cuando retornamos de aquel universo del sueño, una mesita cualquiera, un par de zapatos gastados, una simple lámpara familiar, son conmovedoras luces de la costa que ansiamos alcanzar, la seguridad. Razón por la cual nos angustiamos cuando uno de esos fragmentos de la realidad que empezamos a distinguir no es el que esperábamos.

Pag.388 –Me producía extrañeza encontrar en las calles y en los cafés tanta gente despreocupada y libre de problemas (...) había miles de personas que pensaban o sentían lo que yo sentía (...) Puesto que los animales no lo necesitan: les basta con vivir.

Pag.389 –Mientras que el hombre, al levantarse sobre las dos patas traseras y al convertir en un hacha la primera piedra filosa, instituyó la base de su grandeza pero también los orígenes de su angustia (...) habrá dejado de ser un simple animal pero no habrá llegado a ser el Dios que su espíritu le sugiera (...) Ese ser dolorido y enfermo del espíritu que se preguntará por primera vez sobre el porqué de la existencia. Y así las manos, y luego aquella hacha, aquel fuego, y luego la ciencia y la técnica habrán ido cavando cada día más el abismo que los separa de su raza originaria y de su felicidad zoológica. Y la ciudad será finalmente la última etapa de su loca carrera, la expresión máxima de su orgullo y la máxima forma de su alienación.

Pag.390 –(...) y sin embargo de pronto transmitimos algo misterioso e indefinible (...) de ese mundo que muy probablemente seguirá permaneciendo, indiferente y helado, cuando hayamos muerto...

Pag.391 –Porque en realidad esos objetos pintados no son los objetos de aquel universo indiferente, sino objetos creados por aquel ser solitario y desesperado...

fuente: recibido directamente de Juan Carlos Gómez ("Goma"), el amigo más cercano a Witold Gombrowicz durante su larga estada en Argentina.
J.C.Gomez falleció en 2012.

domingo, 13 de enero de 2013

El escritor argentino Juan Carlos “Goma” Gómez, amigo fiel y biógrafo del mítico escritor Witold Gombrowicz partió en su viaje sin regreso.























¡ADIOS FIEL GOMA!

 
El 2 de diciembre de 2012 por la tarde, moría en una cama de hospital Juan Carlos “Goma” Gómez, “El Fiel Goma”. Ayer fue velado y hoy sus cenizas esparcidas en el aire del jardín de su casa donde disfrutó muchísimo sus últimos años junto a sus perros, que adoraba, escuchando Beethoven y haciendo asados para sus hijos, sus nueras y su inagotable esposa Elida, quién lo acompañó hasta su hora final. 
Como él mismo respondía cuando de tanto en vez terminaba de escuchar la Novena Sinfonía, y le decíamos que bien podría seguir ahora con la Tercera: “No”, decía, “después de la Novena ya no se puede escuchar más nada.”; un día terminó de escribir sus implacables gombrowiczidas, invocando a la razón de que “ya no podía sacarle más jugo al pobre viejo”. Guardó sus espadas y comenzó a cerrar sus ciclos: “Sólo me queda esperar morirme al sol”, presagió un día… Y así fue; el sábado 17 de noviembre acomodando unas plantitas en el patio bajo el sol, ese interlocutor extraño lo convocó para una entrevista de dos semanas, la que terminó por aburrirlo sobremanera; y así como cuando no estaba cómodo en un lugar o se levantaba y se iba, o bien esperaba a que el otro hiciera otro tanto, pues decidió esta vez retirarse él.
Seguramente ahora ya lo tenemos en algún café “Rex” jugando inmortales partidas de ajedrez junto a la muchachada, debatiendo nuevamente sobre el dolor y la inmadurez.
Así entonces, dedicamos a todos ustedes, de parte de quienes compartimos sus últimos momentos, esta breve semblanza y esta música que a más de uno le resonará en alguna parte del corazón… ¡Adiós Juan Carlos! ¡Adiós Fiel Goma!
El gran provocador
Se burló de todos. Se burló de sí mismo. A no confundirse: la cosa era burlarse y todo le servía para perfeccionar su divina parodia ¿Su ley primera? Que el prójimo no se aburriera en su presencia. Era capaz de incendiar al prójimo antes de permitirle que el bacilo del aburrimiento infectara su organismo. 
Sobre todo, se divirtió. El brillante jodón hizo credo de la risa y el sarcasmo. Muchos lo gozaron, muchos lo sufrieron. Nadie pudo escapar de sus gombrowiczidas y sus apodos lapidarios. Quiso como pudo, fue querido a pesar de él. 
Y, antes de partir, se hizo un hueco para burlarse de la misma Parca. Hace un par de semanas nos hizo notar que el promedio de vida en la Argentina era de 78 años. El 26 de noviembre cumplió 78 y el 2 de diciembre dijo chau. ¡Amante fiel del cálculo estadístico! Siempre así, siempre cómico. Ah, por cierto, con una linda sonrisa le gustaría ser recordado.


fdo: Mujer e hijos de Juan Carlos Gómez



fuente: recibido directamente enviado por la "Mujer e hijos de Juan Carlos Gómez".

Nota del Editor de este Blog:

Witold Gombrowicz fue un gran escritor polaco y universal, que arribó a Buenos Aires en un viaje inaugural de una Línea de transporte polaca a Sud America. Llegó pocos días antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, con la intención de quedarse unos días en esa ciudad tan europeizada. Se quedó más de 20 años....

Juan Carlos Gómez, "Goma", fue su amigo más cercano durante todos esos años. Fue su contacto con el 'mundo intelectual y literario' argentino de entonces, y tambien con el 'mundo real' cotidiano, el del cafe, el de la calle...
Nadie en Argentina y posiblemente fuera de ella tuvo más tiempo de diálogo y confianza con Witold.

Los relatos de "Goma" sobre el pensamiento y el actuar de Gombrowicz son de 'antología', y creo que para entender la obra del notable escritor polaco y su vida, hay que leer esos relatos, y su libro. 


Los últimos años 'GOMA'  me enviaba a mi y a un grupo de sus amistades/contactos sus famosas 'GOMBROWICZIDAS'. Parte de ellas he incluído en mis blogs EL GALLO EN ALPARGATAS  y en 'PAGINA 1-JOSE PIVIN'  y el resto las  ire publicando .

Lamento con tristeza el fallecimiento de este buen escritor argentino  y excelente persona.

Descansa en paz. 
Amen !


Lic. Jose Pivín
frente al puerto de Haifa
frente al mar Mediterráneo   

domingo, 27 de noviembre de 2011

WITOLD GOMBROWICZ Y LAS CARTAS A UN AMIGO ARGENTINO, por JUAN CARLOS GÓMEZ

Witold Gombrowicz (arriba)





Juan Carlos Gómez



GOMBROWICZIDAS


WITOLD GOMBROWICZ Y LAS CARTAS A UN AMIGO ARGENTINO


por JUAN CARLOS GÓMEZ


Existen algunas casualidades un tanto llamativas. Que Gombrowicz se haya encontrado con Czeslaw Straszewicz en un café de Varsovia unos días antes de la partida del Chrobry, y que a Hitler y a Stalin se les haya ocurrido firmar el pacto de no agresión justo en el momento en que Gombrowicz desembarcaba en Buenos Aires, pueden se tomados como hechos casuales y llamativos.
Pero que Gombrowicz se haya quedado un cuarto de siglo en la Argentina tiene más olor a causalidad que a casualidad. El programa de Gombrowicz sobre el espíritu de contradicción tuvo frutos extraños en la Argentina, despertó la atención de la juventud y una ostensible indiferencia de la intellegentsia. En el año 1960 Gombrowicz figuraba en la lista de los grandes maestros internacionales de la literatura.

Aún vivía en Buenos Aires, acababa de ser traducido al alemán y su fama europea crecía semana a semana, en medio de la más ciega indiferencia argentina. “Pero, hablando seriamente, ¿qué aspecto tendré yo si París me sorprende en uno de esos momentos de debilidad como un admirador? ¡No, debo ser siempre difícil, difícil! Y sobre todo debo ser igual a como era en la Argentina (...)”
“Oh, la, la, si yo cambiara esa modalidad no sería más que un pequeño detalle bajo la influencia de París, ése sería el efecto. No, así como yo era con Flor en el Rex, así debo ser ahora, ¡tengo que estampar mi sello en la cúpula de los Inválidos o en las torres de Notre-Dame tal como era con Flor en la Argentina. ¡Con Flor o también con la vieja Polonia aristocrática!”

De la contradicción entre la juventud inferior y la intelligentsia despreciativa surge un amor extraño.“Escríbeme, mis lazos con la Argentina se aflojan y no se puede remediar, cada vez menos cartas, pero es casi seguro que apareceré un día por Buenos Aires, porque experimento una curiosidad casi enfermiza; es realmente extraño que no me atraiga en absoluto Polonia, en cambio, con Argentina no puedo romper”
Gombrowicz le daba a la correspondencia una importancia especial relacionada con el carácter mismo de la literatura. Las cartas que me escribió desde Europa han recorrido un camino sinuoso y contradictorio. En el año 1993 la revista L’Infini de Philippe Sollers publicó trece de las cuarenta cartas que Gombrowicz me había escrito desde Europa.

Un cuarto de siglo antes Gombrowicz le había mandado al Hasídico unas líneas sobre Sollers. “Me he limitado a echarle un vistazo a Sollers, sólo por curiosidad, pues me hallo en pleno galope. Su Sollers es muy venenoso, aunque usted lo haga objeto de sus alabanzas, innecesarias en mi opinión, y el capítulo dedicado a mí parece algo que recorre el espacio como un bólido, diría yo, arrebatado, rugiente y como furioso”
Philippe Sollers es uno de esos hombres que difícilmente suscitan la indiferencia. Omnipresente en la escena literaria francesa desde hace cincuenta años, sus enemigos apuntan un dedo acusador contra ese Judas hacedor y demoledor de destinos, frívolo, superficial y esnob. François Mauriac bendijo su primera novela, pero también lo promovió el poeta comunista Louis Aragon.

“Hay que reconocer que ese doble padrinazgo del Vaticano y del Kremlin fue suficiente para comenzar mi carrera provocando celos y envidias de todo tipo”. La carrera literaria de Gombrowicz, contrario sensu, fue desdeñada por el Vaticano y por el Kremlin, especialmente por el contenido de algunos pasajes de su “Diario”, donde ni le iglesia ni el comunismo quedan muy bien parados.
Yo vengo sometiendo a los editores, a los escritores y a los embajadores a lo que podríamos llamar las ordalías de los tiempos modernos para poder explicar los cambios, mutaciones y metamorfosis que sufren mis relaciones con ellos con el transcurso del tiempo. Una característica común que tienen estos juicios de Dios es que los acusados son sometidos a pruebas invasivas pero extra corporales.

Con este procedimiento me propongo encontrar la causa de esos cambios, mutaciones y transformaciones. La repetición de este fenómeno se ha convertido para mí en un objeto decisivo. La historia de las cartas que me escribió Gombrowicz desde Europa me recordó por su carácter obsesivo a una noche del café Rex. Estábamos dialogando sobre un problema que tenía cierta importancia.
De repente yo tomé la palabra y empecé a hablar apasionadamente de una cuestión que carecía por completo de interés: –Gómez, no veo por qué usted habla con tanto entusiasmo de un asunto insignificante; –Vea, Gombrowicz, si hablara sin entusiasmo nadie me escucharía. Gombrowicz no era muy entusiasta que digamos pero se obsesionaba frecuentemente con temas laterales.

Se ponía a esperar, por ejemplo, la primera cosa que se le aparecería en la ventana de un café por la que estaba mirando. Pero mientras yo trataba de despertar la atención de los demás con el entusiasmo, Gombrowicz lo despierta con la maestría que tiene para sacarle jugo a las piedras. Las transformaciones que sufren mis relaciones con algunos gombrowiczidas son extrañas.
Tienen un cierto parecido con las mutaciones que observa Gombrowicz sobre la mano de un mozo del café Querandí, una mano que pasa de una inocencia absoluta a una posesión diabólica. La transformación que sufrió mi relación con Philippe Sollers tiene algo de esta locura. No creo que haya habido presentación más rimbombante de libros que la que le hicieron a “Cartas a un amigo argentino”.

Esta presentación se la hicieron en el Centro Cultural de España. Lo presentaron el finado Pterodáctilo, que además había escrito el prólogo, y el Buey Corneta en una celebración a la que asistió tout Buenos Aires. Resultó ser un acontecimiento tan importante que entusiasmó al Bucanero, tanto que me invitó a un encuentro en la Casa de América de España.
Lamentablemente para mí el viaje fracasó, Íñigo Ramírez de Haro lo mandó de paseo al Bucanero, le manifestó que yo era un don nadie y que sólo le daría el visto bueno al proyecto si también lo invitaba al Pterodáctilo. Este ilustre hombre de letras hispanohablante, que ya tenía a cuestas el Premio Cervantes de Literatura, pidió una suma considerable de dólares que Íñigo no pudo soportar.

Eróstrato era un pastor del Éfeso que, queriendo hacerse célebre, incendió el templo de Diana, una de las siete maravillas de la antigüedad. Gombrowicz tenía una intención parecida a la del griego, pero en vez de incendiar templos se dedicó a desmontar todas las posiciones de la cultura para hacerse escuchar. Y tanto se hizo escuchar que aún las cartas privadas que nos escribió dieron la vuelta al mundo.
La de la homosexualidad y la inmundicia es inolvidable, pero no sólo ésa. En el año del centenario de Gombrowicz el diario “Clarín” publicó, en el suplemento literario, “Cartas Memorables”: de Jorge Luis Borges a Estela Canto; de Franz Kafka a Milena; de Witold Gombrowicz a Juan Carlos Gómez; de Cristóbal Colón a su Alteza el Rey de España; de Hannah Arendt a Mary MacCarthy; de Charles Baudelaire a su madre.

Las más rutilantes de estas cartas son la de Witold Gombrowicz a Juan Carlos Gómez y la de Charles Baudelaire a su madre. Vamos a transcribir un fragmento de la de Baudelaire. “Y no obstante, en las circunstancias terribles en que me encuentro, estoy convencido de que uno de nosotros matará al otro y de que terminaremos de matarnos mutuamente (...)”
“Después de mi muerte, tú no podrás seguir viviendo, eso está claro. Yo soy el único motivo que te hace vivir. Después de tu muerte, sobre todo si murieses a causa de un choque causado por mí, me mataría, eso es indudable”. En cuanto a la que Gombrowicz me escribió a mí podría decirse que es todo lo contrario de lo que Baudelaire le escribió a la madre.

“Yo le estoy suplicando, Goma, desde que dejé las costa sudamericanas que no me mande certificadas. Bueno, su última, además de ser certificada expres, es la más estúpida que hasta la fecha recibí. 1º ¿Acaso no sabe que Ferdy ha sido editada en Italia hace 4 años? 2º Se imagina, tontamente, que no he recibido su penúltima con la carta yugoslava y ¡da la casualidad que la recibí! (...)”
“3º No venga haciendo líos con Arnesto cuyo prefacio me resulta lleno de brillos y hechizos, además de ser muy talentoso como todo lo que escribe él. Va a ver, Goma, que terminará por sembrar entre nosotros desconfianza y recelo, ya verá, la gente lo repite todo, no sea pavo 4º Como si fuera poco Vd., en vez de mandarme noticias, trata, según parece, en 5 carillas de enseñarme la filosofía de Sartre (...)”

“¡Jua, jua, jua! Lo de que el dolor o el placer cobran valor dentro de la perspectiva del existente, de su mundo, de su situación, de su finalidad, de su futuro, de su proyecto, esto lo sabe cualquier niño. Lo que no saben algunos adultos recién iniciados es que en Sartre (como en todo cartesianismo) el ser se funda en la conciencia, es decir, que si Vd. es consciente de este vaso, el vaso es (aunque no procuraría ni placer, ni dolor) (...)”
“Esto es lo que yo condeno, tarado, pues lo sé hondamente que la existencia no es una relación suelta, tranquila, sino una relación convulsa –y no una libertad (igual en que sentido) sino una tensión. Todas las estupideces de Sartre provienen del hecho que se relacionó con el dolor con una tranquilidad doctoral típica de los cartesianos. No comprendió ni el cuerpo, ni el dolor (...)”

“Por lo tanto le sugiero Goma amistosamente que les diga a todos los amigos que lo considero a Vd. bastante tarado. Salú”. Gombrowicz, cuando se refiere a su vida personal e íntima, casi siempre recurre a fórmulas, anécdotas o generalidades poéticas, evitando casi siempre los detalles. Otra cosa ocurrió en sus cartas a los amigos cercanos, especialmente en los últimos años cuando le escribía a sus amigos argentinos.
En ellas se manifestaba más libremente y sin tantas restricciones, pero esta indecente confesión tardía sonó como una broma. Si bien es cierto que el contenido de las cartas que me escribió Gombrowicz es entonces más o menos conocido, no son tan conocidos los originales de esas cartas, y es aquí donde interviene el Gran Ortiba www.elortiba.org en una publicación que se ha puesto a disposición de Gombrowicz.

En esta versión digital, sin limitación alguna, es donde aparecen escaneadas en su versión digital. Este conjunto de cartas forman una correspondencia que empezó en 1957, un año después de haberlo conocido, y termina a comienzos del 1965 por razones qué sólo Dios conoce y que yo intento explicar en “Gombrowicz, y todo lo demás”, un libro que se ocupa largamente de este intercambio epistolar.
Las razones que nos llevaron a la separación fueron muy distintas. Yo temía en verdad que nuestra relación cayera en el aburrimiento, me sentía amenazado por la posibilidad de que el nivel y la frecuencia de nuestra correspondencia decayeran, no le tenía confianza al arma que me había quedado entre las manos para combatir estas amenazas: la palabra escrita.

Mi última carta fue un tanto desagradable, pero muy fácilmente podía haberla salvado con una más cordial, no lo quise hacer, desde que decidió no volver me fui enredando cada vez más con el presentimiento de la decadencia, y me quedé quieto, ahí. La separación se fue convirtiendo para mí, poco a poco, en una espada con la que le pude cortar las cabezas a esa Hidra que me amenazaba desde el horizonte.
Gombrowicz, en aquellos tiempos, estaba muy ocupado con la administración de su gloria y con sus enfermedades, me hizo un verónica, como hacen los toreros cuando dejan pasar de largo al toro, y me respondió con el silencio. Mientras yo me debatía con mis dudas y con mis especulaciones metafísicas de segundo grado, Gombrowicz se colocó en un plano mundano.

Finalmente se vio obligado a considerar mi actitud como la de una persona de modales descuidados. Todavía caminamos en el plano de las cartas escaneadas, nos falta todavía un paso máspara llegar a las cartas originales. El porqué un original vale más que una copia es una cuestión bastante intrincada. En el caso de la pintura el asunto es para Gombrowicz bastante claro pues le encuentra un parecido con las joyas.
Las joyas son pequeños guijarros cuyo efecto estético es casi nulo, sin embargo, se han gastado millones para tenerlas. La prueba de que esos cristales no representan la belleza es que un diamante artificial, absolutamente idéntico al diamante auténtico, sólo vale unos céntimos. Esto mismo pasa con las copias de los cuadros, el original puede valer una fortuna, en cambio la duplicación no vale nada.

De esta manera se fue formando un mercado de cuadros, como también se había formado uno de joyas y metales preciosos. Aunque a mí no me resulta del todo clara cuál sea la diferencia entre el valor de una carta manuscrita y su versión en letras de molde, quizás podríamos hacer una excepción. Esto ocurre cuando el editor, como en el caso de “Cartas a un amigo argentino”, mete la mano y modifica palabras.
No lo hace con mala voluntad, lo hace para hacer más comprensible el texto. Sea como fuere hay que admitir que existe un mercado para los originales de las cartas de los hombres de letras eminentes. La historia de estas cartas es increíble, la viuda nunca quiso que yo las publicara. Cuando Emecé publicó “Cartas a un amigo argentino” casi le hace un juicio a la editorial.

Finalmente se conformó con prohibirle que vendiera el libro fuera de la Argentina. No le autorizó a Lisowski su publicación en Twórczosc. Cansado de la actitud de la viuda decidí donar las cartas. Se las ofrecí a la Biblioteca Nacional de Polonia y al Museo de Literatura Adam Mickiewicz. La única condición que les puse fue la de que las exhibieran también en versión polaca.
Cuando me enteré que ésta era una condición que sólo podía cumplirse con la autorización de la viuda supe que esa puerta estaba cerrada. Pasó el tiempo. Hace un año, aproximadamente, me puse en contacto con Tomasz Tyczynski, director del Museo Gombrowicz de Wsola, le ofrecí en venta las cartas de Gombrowicz y nos pusimos de acuerdo enseguida.
A medida que pasaba el tiempo mis nervios se ponían tensos. Cuando Tyczynski me dijo en una de sus cartas que el conjunto de las cartas de Gombrowicz pesaba menos que el conjunto de los dólares, a mí se me ocurrió apodarlo Arquímedes, pues sólo por la aplicación del principio de Arquímides el podía hacer esta deducción pues esas cartas nunca las había tenido en sus manos.

En efecto el principio asegura que los cuerpos pierden, cuando se los sumerge en un fluido, un peso igual al peso del volumen del fluido que desalojan. Sea como fuere mi intranquilidad crecía todos los días. A esta altura de las negociaciones ya había entrado en contacto con Edyta Kwiatkowska (Madame de Lespinnase), Agregada Cultural de la Embajada de Polonia en Buenos Aires.
Con Anna Szczepanek (Madame Curie), museóloga del Museo Adam Mickiewicz, y con Dominika Switkowska (George Sand), museóloga del Museo Gombrowicz Wsola. Dudaba si dirigirme a ellos para contarles mis últimas tribulaciones. Ocurre que a medida que nos acercamos al 21 de noviembre, el día de nuestro encuentro en mi casa, tenía pesadillas cuyo verdadero significado no lograba descifrar.

En una de ellas, mientras departíamos cordialmente en mi escritorio sobre la importancia del significado de la repatriación de las cartas de Gombrowicz un artefacto infernal estalló sobre la mesa mientras volaban por los aires las cartas, que a juicio de Arquímedes pesan menos que los dólares, y los dólares. Las cartas caían al suelo hechas trizas mientras los dólares caían al suelo conservando su integridad.
George Sand, Madame Curie y yo tomados por el pánico corrimos por el jardín hacia el fondo donde unas habitaciones se habían transformado en una caballeriza. George Sand y Madame Curie montaron unos caballos briosos y salieron galopando de la casa perdiéndose por las calles de José C. Paz. Aterrorizado y muy apesadumbrado volví al escritorio para escribir un gombrowiczida y relatar los infaustos acontecimientos.

Allí me encontré con Madame de Lespinnase recogiendo rápidamente los últimos dólares caídos en el suelo mientras presurosa los metía en una valija; se despidió de mí y desapareció. Las pesadillas no cesaban, a medida que se hacía más próximo el momento de nuestro encuentro los sueños sobre Gombrowicz se me volvían más indescifrables.
Las recientes invitaciones que me habían hecho los Embajadores de Polonia y Francia a un cóctel al que no podré asistir por mis problemas de salud aumentaron mi actividad onírica hasta lo indecible. En sueños se me aparecía un pájaro cuya verdadera naturaleza no alcanzaba a precisar, pero es seguro que estaba actuando sobre mí la presencia de las cartas y los dólares que fueron también el motivo de mi pesadilla anterior.

Eran sueños confusos, como lo suelen ser los sueños; me atreví entonces a consultar al doctor Cesar Rodríguez-Moroy Porcel, un terapeuta de gran renombre entre los hombres de letras, a ver si con su ayuda los podíamos precisar. Después de un par de sesiones tuve un sueño en el apareció un pájaro que se posaba con suavidad sobre la mesa donde conversaba con George Sand, Madame Curie y Madame de Lespinnase.
Antes de que atináramos a realizar algún movimiento defensivo El Pájaro Tabernil se empezó a devorar rápidamente todas las cartas y los dólares, a digerirlos y a eliminarlos posteriormente sobre la misma mesa. Quizás en el aspecto de ese pájaro esté develado todo el misterio de mis pesadillas. Y llegó el día del encuentro. Madamme de Lespinnase cuidando a la perfección la armonía del grupo.

Después de intercambiarnos algunos regalos George Sand tomó la batuta y se dispuso a reportearme con una filmadora muy bonita y un micrófono impresionante. Anhelaba, como la novia de Chopin con el músico, sacar de mí las mejores ideas y las más brillantes palabras, pero las cosas no ocurrieron así. Para controlar el dolor de mi nervio ciático y mi estado de alteración nerviosa yo había tomado un Tramadol, un analgésico opiáceo.
Brillaba en mí la exaltación pero no la inteligencia, de modo que por no poder hacer mejor cosa me puse a engullir a dos manos unos exquisitos emparedados que mi esposa Élida había servido, conducta que disminuyó notablemente la calidad de mis palabras y de mis ideas. Quizás desencantada por las respuestas que le daba George Sand también se puso nerviosa y con la mano del micrófono le dio un golpe seco a un pocillo de café.

El pocillo se volcó sobre la carpeta de las cartas, de la que asomaba por sus vértices la correspondencia de Gombrowicz. A pesar del Tramadol no pude resistir el dolor, pensé que todo estaba perdido, y que las pesadillas de destrucción que había tenido sólo presagiaban lo que en realidad iba a ocurrir. Pero aquí aparece la mano maestra de Madame Curie.
Ella se da cuenta enseguida de que las cartas no habían sido alcanzadas por el café porque cada una de ellas estaba protegida con un sobre transparente. Con una meticulosidad científica les va quitando el sobre a una por una mientras sonríe bondadosamente. George Sand, un tanto compungida, se sienta al lado de ella y entre las dos controlan si las cartas que están viendo son las que figuran en el contrato.

Para ello se valen del cotejo de las dos palabras iniciales y finales de las cartas comparando la de las cartas con las de un lista que traían preparada de antemano. Finalmente George Sand, con unos dedos largos y elegantes, cuenta los dólares sobre la mesa bajo la mirada atenta de mi esposa Élida. Y se cierra el telón. Unas cartas que estuvieron conmigo más de medio siglo se van para Polonia. Estoy un poco triste.




NOTA: PARA IDENTIFICAR A CIERTOS PERSONAJES
MENCIONADOS EN LOS TEXTOS:



BANDERADO; Eduardo Belgrano Rawson; escritor
ABEJA REINA; María Esther Vázquez; editora de la Fundación Victoria Ocampo
ACTRIZ; Fernanda García Lao; escritora y actriz
ALEMÁN; Enrique Wendt; amigo de Gombrowicz
ALEMANA PSICOPÁTICA; Karin Ranitzsch; psicóloga
ACEITOSO; Marcelo Damiani; escritor
ALFAJOR; Juan Forn; escritor
ALTER EGO; Carlos Mastronardi; escritor
ASEADO; Enrique Lynch; escritor
ASIRIOBABILÓNICO METAFÍSICO; Jorge Luis Borges; escritor
AVECHUCHO; Omar Ospina García; editor de Búho
ASNO; Jorge Di Paola; escritor
BEDUINO; Leopoldo Allub Mansur; sociólogo
BENEVOLENTE; Noé Jitrik; escritor
BESTIA CATALANA; Beatriz de Moura; editora de Touquest
BIBLIOTECARIO; Michal Jagiello; bibliotecario
BOXEADOR AMATEUR; Abelardo Castillo; escritor
BOXITRACIO; Juan Terranova; periodista
BUCANERO; José Tono Martínez; tutti frutti
BUEN SAMARITANO; Daniel Gigena; tutti frutti
BUEY CORNETA; Alan Pauls; escritor
BUHONERO MERCACHIFLE; Miguel Grinberg; periodista
BURÓCRATA; Tomasz Pindel; director del Instituto del Libro de Polonia
BURRO; Pablo Gasparini; escritor
CACATÚA; Héctor Manjarrez; escritor
CAGAMÁRMOLES; Francesco Cataluccio; escritor
CAMALEÓN; Eugeniusz Noworyta; embajador de Polonia
CARA DE ÁNGEL; Pablo Chacón; escritor
CASANOVA; Daniel Guebel; escritor
CASTOR; Araceli Otamendi; escritora
CEBOLLITA; Rafael Cippolini; editor de Ramona
CIENTÍFICO FASCISTA; Zdzislaw Jan Ryn; embajador de Polonia
COCOT; Beatriz Sarlo; escritora
COLIFATA; Beata Fabjanska; diplomática
CONDESA; Cecilia Benedit de Debenedetti; editora musical
CONSIGLIERE; Ana Quiroga; la seductora del MALBA
CONTRAHECHO; Pablo Urbanyi; escritor
CORIFEA; Klementyna Czernicka; escritora
CORIFEO; Louis Soler; tutti frutti
CORNELIO; Guillermo Saavedra; editor de Losada
CORTESANA; Justyna Myszkowska; bibliotecaria
CRUCIFICADA; Mirta Bogdasarián; actriz
CUADRUMANO; Santiago Vega (Washington Cucurto); escritor
CUENTAMUSAS; Nicolás Hochman; editor de Prometheus
CULPABLE; Czeslaw Straszewicz; escritor
DALÍ SELVÁTICO; Carlos Yusti; escritor y pintor
DANDY; Adolfo Bioy Casares; escritor
DOLCE; Gabriella D’Ina; editora de Giangiacomo Feltrinelli
DON NADIE: Pablo Miravent: bloggero
DRAMATURRO; Humberto Riva; dramaturgo
ENCANTADORA PRINCESITA; Ada Lubomirska; amiga
ESPERPENTO; Alejandro Rússovich; discípulo de Gombrowicz
ESQUIZOIDE; Rodolfo Rabanal; escritor
FARSANTE AMBULATORIO; Juan Pablo Correa; periodista editor de Negra
FILÓLOGA; Silvana Mandolessi; filóloga
FILÓSOFO PAYADOR; Juan José Saer; escritor
FINADA: Alicia Giangrande; pintora
FLAUTA TRAVERSA; Juana Emilia Molina; escritora
FLOR DE QUILOMBO; Mariano Betelú; pintor y amigo de gombrowicz
FRANCOTIRADORA; Laura Estrin; escritora
GALLEGA MICIFUZA; Agata Podemska; filóloga
GANSO; Gabriel Báñez; escritor
GATH Y CHAVES; Milton Eugenio Rodríguez; escritor
GEMELOS PIMENTONES; Lech y Jaroslaw Kaczynski; presidente y primer ministro de Polonia
GNOMO PIMENTÓN; Germán García; tutti frutti
GOMA; Juan Carlos Gómez; escritor
GRAN ORTIBA; Horacio Sacco; tutti frutti
GUITARRÓN; Luis Chitarroni; escritor y editor de Sudamericana
HÁBIL DECLARANTE; Christopher Domínguez Michael; escritor
HASÍDICO; Dominique de Roux; editor y escritor
HERRERO; Jorge Herralde; editor de Anagrama
HIERÁTICA; Mercedes Güiraldes; editora de Emecé
HIJA DEL DUEÑO; Soledad Costantini; directora de “El hilo de Ariadna”
HOMBRE QUE CAZABA MARIPOSAS; Bohdan Zadura; editor de Tworczosc
HOMBRE UNIDIMENSIONAL; Rodolfo Fogwill; escritor
HOMÚNCULO; Alejandro Vaccaro; empresario
HORMIGUITA VIAJERA; Gabriela Franco; editora de Norma
IDIOTA; Víctor Coral; escritor
INDIECITO; Roberto Santucho; jefe del ERP
INGENIERO FIREIRE; Juan Carlos Ferreyra; ingeniero
INICIÁTICO: Sergio Chejfec; escritor
LADRÓN DE GALLINAS; Álvaro Mata Guillé; tutti frutti
LARGUIRUCHO; Grzegorz Pacek; cineasta
LECHUGUINO; Juan Carlos Vidal; director del Instituto Cervantes
LENTEJA; Piotr Sommer; editor de Literatura na swiecie
LICENCIADO VIDRIERA; Enrique Butti; escritor y periodista
MADAME DU PLASTIQUE; María Swieczewska; química
MAESTRO CIRUELA; Carlos Roberto Morán; escritor y periodista
MAFIOSO; Cristián Costantini; sociólogo
MALQUERIDO; Guillermo Matínez; escritor
MALTRATADO; Rafael Toriz; escritor
MANCO; Guillermo Saccomanno; escritor
MARIPOSÓN; Nestor Tirri; periodista
MEDUSA; María Elena Lorenzin; escritora
MEJILLONA; Guadalupe Salomón; tutti frutti
MENTECATO; Hugo Savino; escritor
MONO RELOJERO; Patricio Burbano; escritor y cineasta
MORO; Manuel Ramos Montes; escritor
MUDA; Malgorzata Nycz; editora de Wydawnictwo literackie
MUDO; Jorge Panesi; crítico literario
NEGROIDE PIQUETERO; Damián Ríos; escritor y editor de Interzona
NÉMESIS; Ewa Zaleska; traductora
NIÑO RUSO; Sergio Pitol; escritor
ODALISCA; Anieszka Babicz; filóloga
ORATE BLAGUER; Enrique Vila-Matas; escritor
OSO; Jerzy Lisowski; editor de Tworczosc
PACIENTE; Eduardo González Lanuza; escritor
PADRE; Rodolfo Alonso; poeta
PADRINO; Eduardo Costantini; capo de tutti capi del Malba
PATO CRIOLLO; César Aira; escritor
PATRIARCA DE LOS PÁJAROS; Osvaldo Bayer; escritor
PAVO; Ricardo Nirenberg; escritor
PEGAJOSO; Franco de Peña; cineasta
PEQUEÑO K; Rajmund Kalicki; traductor, escritor y editor de Tworczosc
PERDULARIA; Izabela Kaluta; tutti frutti
PEROGRULLO; Carlos Brück; psicoanalista
PERVERSO; Edgardo Russo; editor de El cuenco de plata
PERRO UNO; Daniel Rojas Pachas; escritor
PERRO DOS; Conrado Arranz; escritor
PIADOSO; Czeslaw Milosz; escritor
PÍCARO; Marcelo Cohen; escritor
PITECÁNTROPO; Stanislaw Stefan Paszczyk; embajador polaco
PITOLINA; Adriana Astutti; editora de Viterbo
POETISA PIQUETERA IMPENITENTE; Tamara Kamenszain; escritora
PONCIO PILATOS; Carlos Echinope; editor de Letras Uruguay
PORCUS HUNGARICUS; Mihály Dés; editor de Lateral
PRETEXTO; Manuel Borrás; editor de Pre-textos
PRIMA; Krystyna Rodowska; escritora
PRIMER CÓMPLICE; Jeremi Stempowski; tutti frutti
PRÍNCIPE BASTARDO; Konstanty Jelenski; tutti frutti
PROHOMBRE; Hugo Beccacece; periodista
PROTOSERES; los editores
PTERODÁCTILO; Ernesto Sabato; escritor
PULGÓN; Santiago Alonso; lector
RÉGISSEUR FANFARRÓN; Jorge Lavelli; régisseur
REINA DE LA ONOMATOPEYA; Muriel Bellini; tutti frutti
REVÓLVER A LA ORDEN; Tomás Abraham; escritor
ROSADO; Nicolás Rosa; escritor semiótico
SECRETARIO; Arnol Kremer; escritor
SEDUCTORA IMPENITENTE; Adriana Fernández; editora de Emecé
SOCIALISTA; Alberto Díaz; editor de Planeta
TERRORISTA; Adrzej Czub; cónsul de Polonia
TIMBRE; Zdzislaw Jan Ryn; embajador de Polonia
VACA; Jerzy Jarzebski; tutti frutti
VACA SAGRADA; Rita Gombrowicz; viuda
VASCA; Sylvia Iparraguirre; escritora
VATE MARXISTA; Ricardo Piglia; escritor
VIEJO VATE; Henryk Bereza; crítico poeta
ZORRA; Laura Isola; periodista
ZORRO; Slawomir Ratajski; embajador de Polonia





fuente: recibido directamente del autor, al que
agradezco y
felicito por su labor de continuar
difundiendo la vida y obra del
gran escritor polaco-
argentino WITOLD GOMBROWICZ,
quien en 1939,
poco antes de comenzar la SEGUNDA GUERRA

MUNDIAL, llegó al puerto de Buenos Aires como
invitado de
una Compañia Naviera de Polonia que
inauguraba un nuevo
servicio de transporte
marítimo transatlático desde un puerto
polaco a Sud
America, siendo Buenos Aires
el último puerto.



En Buenos Aires permaneció veintitrés
años .

El escritor argentino Juan Carlos Gómez fue el
amigo más cercano que tuvo Gombrowicz
durante su estada en Buenos Aires.


Lic. Jose Pivín

frente al puerto de Haifa


frente al Mar Mediterráneo