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miércoles, 13 de agosto de 2014

La mentira, la tregua y la paz en la concepción islámica – Por Gabriel Ben-Tasgal


El siguiente, es un artículo políticamente incorrecto. En especial, para los amantes del postulado (no demostrado aún) español-turco de la “Alianza de las Civilizaciones”. Sobre todo, para los que suponen que las voces moderadas, progresistas y racionalistas son, por lejos, las dominantes en el mundo musulmán (dichas voces son las mayoritarias pero no son las dominantes y menos en medio oriente). Particularmente, para los que anteponen la consecución de la paz (según la concepción judeocristiana) a las condiciones empíricas para alcanzarla. Y singularmente, para aquellos que no leen lo que los sabios musulmanes escriben (o directamente no leen ni les importan los hechos), no asimilan lo que los líderes fundamentalistas explican y para los que confunden y califican como supuestos arranques demagógicos (para satisfacer a la masa), a los profundos dogmas teológicos islámicos.
La Paz en el Islam
El Presidente Jimmy Carter se preparaba para su gran día. Junto a él, se estrecharían las manos el Presidente de Egipto Anwar El-Sadat y el Primer Ministro de Israel Menajem Beguin. El Acuerdo de Paz de Camp David (1977) había llegado a buen puerto. Al preparar su discurso, no tuvo problemas en basarse en el antiguo y en el nuevo testamento para explicar, en términos judeocristianos, que el pacto a firmar cristalizaba un acercamiento a la tan soñada “paz”, una señal del “fin de los días”. Para Isaías y el judaísmo, “el fin de los días” se refería a una paz entre las naciones, no sólo una, sino todas las naciones. La gente no tendría ya necesidad de armas y la naturaleza misma sufriría un cambio y entonces el reino de Dios gobernaría sobre la tierra. Se tratará de una paz total, un absoluto culminar para todo tipo de derramamiento de sangre. El Cristianismo muestra en el libro de Apocalipsis, “el fin de los días” cuando Satanás será destruido y entonces desaparecerá el poder de las tinieblas y el mal, y gobernará el amor. Para el judaísmo y el cristianismo la paz es un término absoluto.
Cuando el Presidente Carter les pidió a sus asesores que le busquen en el Corán una frase paralela, no lograron encontrar una sentencia con la fuerza moral y el valor universal que simbolice el momento. Simplemente, porque no existía tal sentencia. Al final, encontraron en la Sura 8, versículo 61, la tenue: “Pero si se inclinan a la paz (n.d.a: “los enemigos”), inclínate tú también, y confía en Dios: ¡en verdad, sólo Él todo lo oye, todo lo sabe!”. Por contradictorio que parezca (y lo es), encontraron un versículo para homenajear a la paz en una Sura que trata sobre la guerra y sobre el botín de guerra (Al-Anfal – El Botín).
En el Islam, la paz únicamente puede existir dentro del mismo mundo Islámico; hay paz sólo entre musulmanes. No importa lo que el occidental que no lee árabe piense o interprete. La paz sólo puede venir si el lado Islámico obtiene la victoria y si el Islam gobierna sobre otras religiones. “Alá envió a Mahoma con la religión verdadera para gobernar sobre todas las religiones” (se atrevió a citar del Corán y a la vez a denunciar el Papa Benedicto XVI en un discurso en Alemania en el 2006). El objetivo programático no es que todo el mundo se convierta al Islam sino que el mundo entero se someta a la autoridad y el dominio de esta religión. Entonces, se vivirá el “final de los días” (la “shaa” islámica). )Sura 9 versículo 33: “Él es quien ha encomendado a Su Enviado [Mahoma] la guía y la religión de la verdad, para que llegue a prevalecer sobre toda religión, aún a despecho de aquellos que atribuyen divinidad a otros junto con Dios).
En esta guerra, las otras civilizaciones disfrutan únicamente de períodos de “suspensión del fuego”. Las leyes islámicas son especialmente claras. Los judíos y los cristianos no tienen derechos a existir independiente pero si pueden hacerlo bajo las normas del Islam que les proporcionará un estatus de “Dhimmi” (monoteístas no musulmanes), por lo cual pueden ser “soportados” bajo un marco de reglas específicas.
Más aún, se percibe al mundo dividido en dos, una parte que está sometida en el presente al dominio del Islam y otra parte a someterse en un futuro. El mundo correcto es considerado Dar El-Islam (Casa del Islam), que es el lugar donde el Islam gobierna y el otro resto del mundo se denomina Dar El-Harb, la casa de la guerra. El Islam no lo llama la “Casa de los no-musulmanes”, sino que lo califica como la “casa de la guerra”. En el medio pueden estar los “Dhimmi”, a quienes se los soportará hasta que estén en condiciones de ser convertidos.
Si usted dialoga con una autoridad religiosa musulmana moderada en Chile, Colombia, México o Madrid, seguramente le explicará que se trata simplemente de una alegoría, que no se trata de una conquista física, citando interpretaciones que se oponen de plano a lo aquí expuesto. Si usted escucha o lee lo que explican las autoridades militares, políticas y religiosas de Al Qaeda, Hamás, Hezbollah los Hermanos Musulmanes o la Yihad Islámica no pondrá en duda que la concepción del “fin de los días” según el Islam es acorde a lo expuesto en los anteriores párrafos. Si usted se sorprende profundamente por la reacción del mundo musulmán ante las caricaturas de Mahoma en Dinamarca o se asombra que los países musulmanes exijan que la Conferencia de Durban II determine que insultar al Islam sea considerado como una violación a los Derechos Humanos… entonces, si todo esto lo desconcierta, le sugiero relea la concepción islámica hacia otras religiones expuesta unos párrafos atrás.
De hecho, los movimientos fundamentalistas modernos se potenciaron como una respuesta a la expansión de los valores y las conductas occidentales dentro de sus sociedades. Para ellos, es el momento del “Dar El-Harb” (la casa de la guerra) como una alternativa obligatoria ante la evidente amenaza que las sociedades musulmanas sean conquistadas por la cultura occidental. El Islam siempre estuvo presente, la amenaza de conquista de occidente potenció su virulencia. En Irán, la ruda política pro occidentalista del Shá Palhevi de Persia provocó una contrarrevolución liderada por los ayatollahs.
¿Significa esto que Israel nunca podrá llegar a una paz con los países musulmanes? Si cuando hablamos de paz nos referimos a la concepción judeocristiana del “fin de los días” la respuesta puede resultar muy pesimista.
Israel no llegará nunca a una paz con los países musulmanes. A menos que sucedan dos escenarios. Primero, deberíamos esperar que la religión deje de tener influencia sobre las decisiones goelopolíticas en los países musulmanes. Por el momento, la tendencia es justamente la opuesta. Países que imponen la “shaarya” en parte o en todo su territorio (como Somalia o Pakistán), o bien, regímenes que son amenazados por fuerzas que desean imponer la ley ortodoxa islámica (Egipto, Líbano, Arabia Saudita o Irak).
El segundo escenario, sería que Israel abandone su concepción de lo que significa la “Paz” y se conforme con una “tregua”. Una tregua que puede ser tan estable y estratégica como la firmada en Camp David entre Israel y Egipto (de hecho, Sadat habló claramente de hacer la “paz” y los fundamentalistas no se lo perdonaron). En 1993, Israel y la OLP firmaron un acuerdo (Oslo) al que Israel consideró como un proyecto de paz entre israelíes y palestinos. A los pocos meses (1994), Yasser Arafat explicaba en un discurso pronunciado en una mezquita de Johannesburgo donde pedía disculpas: “¿Creen ustedes que firmé algo con los judíos contrario a lo que dicen las reglas de nuestro Islam? No es así. He hecho exactamente lo que el profeta Mahoma hizo (una tregua que ya explicaremos)”.
Hay una sola verdad. Un proyecto programático. Se trata de la “victoria”. La única alternativa a la victoria es el cese de fuego o la tregua, en árabe, la “hudna”.
La Tregua en el Islam
El doctor Eyal Erlich, en su libro “Hudna (Tregua): Una aventura política” (Tel-Aviv, 2005), explica las razones por las cuales resulta imposible, en las circunstancias actuales, llegar a un acuerdo de paz con los palestinos. Por ejemplo, Israel no puede aceptar el regreso de los refugiados palestinos dentro del estado reconocido internacionalmente y los árabes exigen (incondicionalmente) el regreso de dichas personas dentro de los límites del estado hebreo.
Más aún, llegar a un acuerdo de “Paz” significaría que los dogmas del Islam pasen a un segundo plano o se modifiquen de raíz. Para el Islam, ningún territorio sometido al dominio islámico podrá alguna vez ser des-islamizado. Si el enemigo (no-musulmán) logra conquistar el territorio dominado antes por el Islam, éste se considerará siempre propiedad del Islam, hasta que pueda ser recuperado.
Sin embargo, agrega Erlich, se puede llegar a una tregua (hudna) en donde se dejen a un lado las acciones bélicas y, durante años, se pueda llegar a una normalización entre las partes.
Expliquemos brevemente el concepto de la “hudna” (tregua). En todo conflicto en donde hay una víctima humana, incluso si es por accidente, se acostumbra a imponer la “venganza de sangre”. La familia de la víctima debe vengar la sangre de su ser querido a través de matar a por lo menos un hermano de la familia del agresor. Para evitar este derramamiento de sangre, los lados suelen llegar, en primer término, a un cese de fuego por un tiempo determinado (hudna).
En un segundo paso, se llega a un fin del conflicto a través de un acuerdo de compensaciones. En cada zona geográfica actúa una comisión de “mediación” que está conformada por entre 7 a 10 hombres respetables de varias poblaciones de la zona. Al cometerse un crimen, la familia del agresor se dirige a la “comisión mediadora” que a su vez llega a los representantes de la familia agredida para pedirle una “hudna” de tres días. Casi siempre ésta es aceptada. Luego, se vuelven a reunir las partes para extender la “tregua” por varios meses.
En este caso, la familia del agresor suele entregar un 20% del valor de la compensación a la familia agredida. La palabra clave en este proceso es el “honor” de las partes. Al finalizar el proceso, se completa el pago de la compensación y la familia agredida marcha en procesión con la bandera blanca preparada por la familia agresora y así se sella el “fin del conflicto”.
El Profesor Iosef Guinat explica que aunque ésta explicación atañe al mundo musulmán, ya se han firmado “treguas” (hudna) entre musulmanes y no musulmanes. Saladino firmó una tregua con los cruzados en el siglo XII y los españoles firmaron otra con Marruecos en el siglo XIX.
En el año 2001, el entonces Primer Ministro israelí Ehud Barak le ofreció a Yasser Arafat firmar una declaración que ponía “punto final al conflicto entre palestinos e israelíes” (la bandera blanca de la hudna). Arafat rechazó de plano la oferta. La alternativa la observamos en la “Segunda Intifada de El-Aksa”.
Volviendo a Eyal Erlich, el autor de “Hudna” propone que Israel incluya el concepto de la “tregua” en todo acuerdo final con los palestinos. Israel debe proponer una solución honorífica que incluya una “compensación” por los sufrimientos del pueblo palestino. La palabra clave sigue siendo “honor”.
¿Qué motiva a un musulmán a aceptar una tregua y abandonar su Yihad (Guerra Santa) a la que está obligado por el propio Islam? Una alternativa, personificada en una visión racionalista o interpersonal diría que un individuo comprende que la política del “ojo por ojo” condena a la sociedad a una espiral de violencia irrefrenable que “no conduce a nada”. Otra opción, que lamentablemente está basada en los preceptos islámicos fundamenta la aceptación de una “Hudna” (tregua) cuando “un enemigo es demasiado duro y fuerte”. Cuando los políticos de occidente escuchan estas cosas rápidamente responden: “¿De qué me habla? Usted vive en la edad media. ¡Usted no entiende los mecanismos modernos de la política y la diplomacia!”.
Egipto aceptó firmar una “Hudna” con Israel simplemente porque las contiendas bélicas le demostraron que el enemigo era “demasiado duro y fuerte”. Existieron otras motivaciones pero una fundamental.
El paradigma de la “tregua” en el Islam… su funcionalidad en el marco de la Guerra Santa (Yihad) y su naturaleza puede observarse en el emblemático “Acuerdo de Hudaybiya” o “Hudna con la tribu de Kureish”.
La mentira en el Islam
Recordemos lo que dijo Yasser Arafat en la mezquita en Johannesburgo (1994): “¿Creen ustedes que firmé algo con los judíos contrario a lo que dicen las reglas de nuestro Islam? No es así. He hecho exactamente lo que el profeta Mahoma hizo”. Lo que hizo Mahoma es el “Acuerdo de Hudaybiya” o “Hudna con la tribu de Kureish”. A eso se refería, no a otra cosa.
Mahoma había nacido en la Meca y pertenecía a la tribu de Kureish. Los Kureish eran grandes comerciantes que protegían y “usufructuaban” el lugar santo de la Kaaba, que entonces servía como centro de culto pagano. Mahoma escapó de Meca y basó su poder desde la ciudad de Medina, en donde forjó la visión monoteísta del Islam. Su deseo era conquistar Meca y transformar a la Kaaba en un lugar de culto a “Alá”, el único dios.
En el año 628, Mahoma se encuentra en una posición bélica inferior frente a sus enemigos de la tribu de Kureish que dominaban Meca. No tenía ninguna posibilidad de vencer a los soldados de la Meca. Sin embargo, atacaba sin cesar los convoyes comerciales que partían o llegaban a Meca que, cabe recordar, era el principal centro comercial de la zona.
Mahoma optó entonces por utilizar una “tregua”. Le ofreció a la tribu de Kureish un pacto de 10 años (hay quienes afirman que se trataba de 6 años) por lo que los seguidores de Mahoma no atacarían a los comerciantes ni a las caravanas y, a cambio, los fieles musulmanes podrían rezar en Meca (Kaaba). Los comerciantes de Kureish, ávidos de calma y bienestar, aceptaron la tregua que fue firmada en un poblado cercano llamado Hudaybiya.
En el año 630, dos años después de haber firmado el acuerdo, Mahoma logró reunir a 10.000 solados, se alzó contra la Meca y la conquistó. Mahoma encontró alguna excusa para romper la tregua, una excusa sin importancia ya que incluso los historiadores más renombrados afirman que Mahoma reanudó el combate cuando creía que la situación le favorecía. Los enviados de Kureish le rogaron (a Mahoma) que acepte solucionar las divergencias para continuar la “tregua”. Por contrapartida, Mahoma ordenó a sus seguidores que no dejasen acercar a los mediadores de Kureish.
El Profesor (israelí) Iosef Guinat (Academic Press, 2006) afirma que el “Acuerdo de Hudaybiya” era un “pacto” por 10 años y por lo tanto no tiene la santidad de una “tregua” la cual no puede violarse de ningún modo. Dr. Mustaffa Abu Suwei de la Universidad de Al-Kuds afirma que los que violaron la tregua fueron los pobladores de Hudaybiya y que Mahoma se vio forzado a salir al combate porque otros violaron dicha “hudna”.
Para la gran mayoría de especialistas, la función de la Hunda (y el “Acuerdo de Hudaybiya” lo fue) cumple la función de permitir que el musulmán mejore su posición para continuar con su Yihad.
Siguiendo este razonamiento, Yasser Arafat pudo haber firmado el Acuerdo de Oslo con Israel… él mismo afirmó que se trataba de una Hudna. Sin duda, de estar políticamente muerto en Túnez, mejoró su posición al ser el Presidente de una Autoridad Palestina que gobernaba desde buena parte de Cisjordania y Gaza, con un ejército propio, tras recibir un Premio Nóbel de la Paz y ser considerado por el mundo occidental como un socio legítimo.
Una “Hudna” puede ser violada. Un compromiso puede ser asumido y, según afirman los sabios, debe ser cumplido “siempre y cuando sirva esto a los intereses del Islam”.
Por lo tanto, si una tregua puede romperse, como lo hizo Mahoma, “si” se puede engañar en el momento de firmar un compromiso. Y entonces, ¿se puede mentir en el Islam?
Sí, se puede mentir. Un engaño o una simulación se conocen en árabe como “Taaqya” o si el musulmán es chiita se conoce como “kitman”. En principio, se trataba del acto de disimular las creencias religiosas propias cuando uno teme por su vida, por las vidas de sus familiares o por la preservación de la fe. Se usaba más a menudo en tiempos de persecución o peligro.
La “Taaqya” no tiene correlato en el cristianismo, pero sí en la Halajá o ley judía, que permite la violación de todas las leyes en caso de persecución, salvo las relativas a la idolatría, el incesto y el asesinato. En estos casos se espera que uno entregue su propia vida antes de cometer esas violaciones de la ley. No existe una prohibición real contra el hecho de pretender abrazar otra religión, a menos que esto suponga una violación de las leyes anteriores
Originariamente, se trataba de una autorización más usada por los chiitas para defenderse de la presión de la mayoría sunita sobre ellos. Para los chiitas, si una persona teme por su vida y puede salvarla mintiendo, debe usar “Taaqya”. Cuando una persona se quiere reconciliar con alguien puede mentir, aunque este uso es opcional. Si la mentira del musulmán causará la muerte de otro fiel, no se puede mentir. Según el erudito chiita Mahoma Husain Jafari Sahiwal, el chiismo no se habría extendido si no fuera para la “Taaqya”. Los sunitas acusan a los chiitas de usar “Taaqya” para fines políticos, es decir, para combatir el liderazgo sunita. O bien, para conspirar contra el sunismo.
La “Taaqya” ha sido sobre explotada para debates políticos cotidianos. Por ejemplo, especialistas como James Woolsey o Michael Rubin, han atacado al gobierno de Irán de usar “Taaqya”, reiteradamente, en la arena internacional. Los iraníes han respondido que los acusadores entienden mal el significado del término y que los políticos de todas las religiones mienten por igual.
Cuando los palestinos en Gaza o en la Autoridad Palestina exclaman que todos los muertos en las operaciones militares contra Israel eran “civiles, niños, mujeres y ancianos” están usando Taaqya. Los periodistas occidentales no se toman el trabajo de constatar tal información, desconociendo el abuso del derecho a mentir tan extendido en el mundo islámico hoy.
La pregunta que deberíamos hacernos en este caso es… si entre sunitas y chiitas se acusan de explotar para debates cotidianos “Taaqya”, y se trata al fin y al cabo de dos ramas dentro del Islam… ¿qué se puede esperar cuándo se refiere al uso de la mentira hacia un no musulmán?
Conclusión
La religión en los países de medio oriente juega un papel fundamental. No se trata de un codex ético y moral, el Islam propone un planteamiento programático en donde cada creyente es un soldado de la causa.
Lo primero que debería hacer Israel y que deberían asumir los israelíes es que si el objetivo de un proceso de paz con los palestinos o con los países árabes vecinos pasa por ver cristalizada una paz según la concepción “judeocristiana” esta no llegará. Simplemente, por una cuestión teológica.
Cuando Majmud Abu Marzuk del Hamás afirma que su movimiento terrorista está dipuesto a “aceptar una hudna con Israel en todo momento que ésta sea conveniente para los intereses del Islam”, nos recuerda la importancia y la relevancia del “Acuerdo de Hudaybiya” o “Hudna con la tribu de Kureish”.
No en vano el actual gobierno de Israel (y el anterior también) exigen que los palestinos y los países árabes declaren que “aceptan a Israel como el estado nacional del pueblo judío”. Aceptar esta premisa es un compromiso en donde se “admitiría” que un territorio no pertenece más al Islam ya que la tierra es legítimamente judía. Y, como ya hemos explicado, para el Islam, ningún territorio sometido al dominio islámico podrá alguna vez ser des-islamizado.
Una declaración con este tipo de reconocimiento sería lo más parecido a una procesión con una bandera blanca tras la hudna… lo más cercano a una declaración de “fin del conflicto”.
Israel y el mundo árabe pueden alcanzar una “hudna” sólida y de larga duración. Una “hudna” que se refuerce con el desarrollo de intereses comunes y con el apoyo de occidente. Pero, teniendo en cuenta el abuso de la “Taaqya” (mentira) en el Islam, en el chiismo en especial (aliados de Hamas, Hezbollah o Irán) Israel no podrá, en ningún caso, abandonar su carrera por conseguir una superioridad militar, económica y cultural que transmita, en todo momento, ante todos los países, que la tregua (hudna) no debe ni conviene ser rota ya que el no-musulmán (Israel) es “un enemigo demasiado duro y fuerte”.
Si… un escenario esperanzador el posible, pero “desde la fuerza”. Y esto, hasta que las fuerzas moderadas en el Islam se impongan.

Fuente: http://hatzadhasheni.com/la-mentira-la-tregua-y-la-paz-en-la-concepcion-islamica-por-gabriel-ben-tasgal/
5 de Agosto 2014
Publicado por primera vez en 2008 en www.guysen.es

martes, 13 de agosto de 2013


NO EXISTE
FUNDAMENTALISMO
ISLÁMICO
Prof. Emérito Moshé Sharon
Profesor de Historia Islámica en la Universidad Hebrea de Jerusalem

El “fundamentalismo” es un término proveniente del corazón de la religión cristiana. Significa fe que se obtiene por la palabra de la Biblia. Ser un Cristiano fundamentalista, o seguidor de la Biblia, no significa ir por todos lados asesinando personas. El fundamentalismo islámico no existe tampoco. Es sólo Islam y punto. Más bien la pregunta que nos deberíamos hacer es cómo interpretamos el libro del Corán.
Vemos repentinamente que los más importantes voceros e intérpretes del Islam son políticos de occidente. Ellos conocen más que todos los oradores de las mezquitas, esos que gesticulan horribles sermones en contra de todo lo que sea judío o cristiano. Los políticos occidentales identifican un Islam bueno y un Islam malo, sabiendo inclusive hallar las diferencias existentes entre ambos. Pero existe un problema, ninguno de estos intérpretes occidentales sabe leer una palabra en árabe.

El idioma del Islam
Como se ve, mucho es lo que se oculta tras el lenguaje de lo políticamente correcto, de hecho se ha perdido la verdad. Por ejemplo, cuando en occidente hablamos sobre el Islam, tratamos de utilizar nuestro idioma y aplicar nuestra terminología. Hablamos del Islam en términos de democracia, fundamentalismo, parlamentarismo y toda clase de términos tomados directamente de nuestro léxico. Mi profesor, uno de los principales orientalistas en el mundo, dice que hacer esto equivale a un reportero tratando de escribir una nota sobre un partido de críquet usando términos del béisbol. No se puede utilizar para una cultura o civilización el lenguaje de otra. Para el Islam, usted tiene que utilizar el idioma del Islam.

Principios del Islam
Permítaseme explicar los principios que rigen la religión del Islam. Por supuesto, todo musulmán reconoce el hecho de que hay sólo un Dios.
Pero esto no es suficiente. Un musulmán reconoce no solo el hecho de que hay un Dios, sino que Mahoma es su profeta. Sin estos fundamentos de la religión, no se es musulmán.
Pero por sobretodo, el Islam es una civilización. Es una religión que primero y antes que nada establece un sistema legal exclusivo que sumerge individuos, sociedad y pueblos con reglas de conducta. Si usted es musulmán entonces debe comportarse según las reglas del Islam, las cuales son establecidas en el libro del Corán y difieren notablemente de las enseñanzas contenidas en la Biblia.

La Biblia
Expliquemos las diferencias.
Desde el punto de vista de los eruditos y estudiosos, la Biblia relata el nacimiento del espíritu de una nación en un largo período de tiempo. Pero más importante aún, la Biblia conduce a la salvación, y lo hace de dos maneras.
El judaísmo conduce a la salvación nacional — no solamente la nación queriendo tener un estado, sino una nación deseosa de servir a Dios. Esta es la idea que se encuentra detrás del relato bíblico hebreo.
El Nuevo testamento que se nutre de la Biblia Hebrea lleva igualmente a la salvación, pero personal. Luego, tenemos dos clasificaciones de salvación, las cuales con frecuencia se unen o yuxtaponen.
La palabra clave es salvación y esto significa que todo individuo es guardado por Dios Mismo quien lo guía a la salvación por medio de Su palabra. Es la idea contenida en la Biblia, ya sea que nos refiramos al Antiguo o Nuevo Testamento. Todas las leyes en el texto bíblico, hasta las más pequeñas, apuntan en realidad hacia este hecho de la salvación.
Otro punto sobresaliente de la Biblia es la idea de que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Esto intuye que usted no anda por ahí destruyendo la imagen Divina. Por supuesto, muchas personas toman las reglas de la Biblia para cambiarlas por completo. La historia es testigo de las masacres hechas en el nombre de Dios y de Jesús. No obstante, tanto el Judaísmo como la religión Cristiana hablan de honrar la imagen de Dios y sobre la esperanza de salvación, siendo éstos sus dos fundamentos básicos.

La esencia del Islam
Veamos ahora la esencia del Islam. El Islam nace con la idea que debe gobernarse al mundo.
Establezcamos un contraste entre las tres religiones. El Judaísmo habla de la salvación de un pueblo — simplemente que al final de la historia, cuando el mundo sea un mejor lugar para vivir, Israel como nación habitará en su propia tierra, gobernado por su propio rey y sirviendo a Dios. Por su lado el Cristianismo plantea la idea de que todos los habitantes del mundo pueden salvarse de sus pecados. El Islam por su parte habla sobre gobernar al mundo. En este momento podría hacer una cita directa en árabe de lo que dice el Islam, pero este no es el objetivo, así que lo haré en inglés, dice así: “Alá envió a Mahoma con la religión verdadera para gobernar sobre todas las religiones”.
La idea, entonces, no es que todo el mundo se convierta a musulmán, sino que el mundo entero se someta a la autoridad y dominio del Islam.
En el año 634 EC al establecerse el imperio Islámico, en siete años — 640 EC — se crea el centro del imperio. Se tomaron leyes y normas directamente del Corán y de la tradición atribuida al profeta Mahoma para crear un sistema jurídico o legal. Tanto judíos como cristianos podrían convivir bajo el régimen Islámico con la condición de cancelar un impuesto comunitario y aceptar la superioridad Islámica. Obviamente, los judíos y cristianos bajo el Islam fueron humillados y sigue siendo hoy así.

Mahoma sostiene que todo profeta bíblico es Musulmán
Mahoma reconoció la existencia, antes de él, de los profetas de la Biblia. Sin embargo, también Mahoma dijo que todos estos profetas eran musulmanes. Abraham era musulmán. De hecho, el mismo Adán fue el primero de ellos. Igualmente Isaac, Jacob, David, Salomón, Moisés y Jesús fueron musulmanes y todos sus escritos son similares al Corán. En conclusión, debido a que la totalidad de sus héroes fueron musulmanes la historia mundial es en realidad la historia del Islam.
De la misma forma, los musulmanes han aceptado el hecho que los profetas bíblicos traen consigo algún tipo de revelación. Según ellos Moisés, trajo el Taurat, que equivale a la Torá, y Jesús trajo el Ingeel, que equivale al Evangelio — y se conoce como Nuevo Testamento.
La Biblia vs. el Corán Luego, ¿porqué la Biblia no se parece en nada al libro del Corán?
Mahoma explica que tanto judíos como cristianos falsificaron los libros. Si los judíos y cristianos no hubieran falsificado y cambiado sus escritos, la Biblia sería idéntica al Corán. Sin embargo, debido a que cristianos y judíos poseen algo de la verdad y revelación, el Islam concede no destruirlos [por ahora] en una guerra.


Pero las leyes islámicas son muy claras — los judíos y los cristianos no tienen derechos a existir independiente. Pueden vivir bajo la norma del Islam que se les proporcione sometiéndose a las reglas promulgadas especialmente para ellos por el mismo Islam.

El dominio islámico y la Jihad
¿Qué sucede si los judíos o los cristianos no desean vivir bajo las reglas del Islam? Entonces sencillamente el sistema Islámico tiene que luchar contra ellos. A esta lucha se le llama Jihad. Jihad quiere decir guerra contra aquellos que no están dispuestos a aceptar el dominio superior islámico. Sean judíos, cristianos, politeístas o de cualquier religión. Esto es Jihad como no tenemos tantos politeístas, al menos no en Medio Oriente — la guerra se centra principalmente en judíos y cristianos.
Hace poco, leí un panfleto distribuido por Osama bin Laden. En él se hace un llamado a Jihad contra el principal líder del mundo cristiano: los Estados Unidos. No porque los norteamericanos sean aliados de Israel, sino por haber mancillado con sus mugrientos pies la tierra sagrada de Arabia. En el panfleto no se hace una sola referencia a Israel. Sólo habla de la profanación hecha por los Estados Unidos al hogar del profeta Mahoma.

Las dos casas
El Corán percibe al mundo dividido en dos — una parte, sometida en el presente al dominio del Islam y otra parte a someterse supuestamente en un futuro. En el Islam hay muy clara separación del planeta. Cada nuevo estudiante del Islamismo lo sabe. El mundo es considerado Dar al-Islam (casa del Islam) — es decir, el lugar donde el Islam gobierna — y el resto del mundo se denomina Dar al- Harb — es decir, casa de la guerra. El Islam no lo llama “casa de los no-musulmanes”, sino que lo califica como “casa de la guerra”. Es la casa de la guerra la que será conquistada al final de los tiempos. El mundo continuará siendo casa de la guerra hasta que se someta al total dominio y soberanía del Islam.
Así dice la norma, pero ¿por qué? Sencillamente, porque así lo declara Alá en el Corán. Alá ha enviado su profeta Mahoma y la religión verdadera para que la verdad triunfe y someta al resto de las demás religiones.

La Ley islámica
Dentro de la visión del Islam sobre este mundo existen igualmente estrictas normas que rigen la vida común de los mismos musulmanes. Básicamente en el Islam no existen diferencias entre sus escuelas legales.
Se pueden observar no obstante cuatro corrientes o facciones dentro del Islamismo en lo relativo al minucioso detalle de las leyes. En todo el mundo las naciones islámicas siempre han favorecido alguna de estas escuelas o corrientes.
La escuela de leyes islámica más rigurosa se llama Hanbali, y su origen proviene principalmente de Arabia Saudita. En la escuela Hanbali no hay sitio para juegos ni coqueteo con las palabras. Si el Corán habla de guerra, entonces significa guerra sencillamente.
Por siglos el Islam se ha caracterizado por perspectivas e interpretaciones diferentes. Gente muy valiosa atraída por las enseñanzas del Islamismo ha querido entender las cosas de manera diferente. Incluso se ha intentado extraer tradicionalismos de boca de los profetas con el fin de que mujeres y niños no sufran o mueran como consecuencia de la guerra. Existen así mismo tendencias mucho más liberales, pero no debemos olvidar que la corriente Hanbali es la más estricta siendo hoy por hoy la escuela que mayoritariamente se encuentra detrás de los actos terroristas en el mundo. Podemos hacer referencia a otras escuelas de leyes Islámicas, pero al hablar de la lucha contra los judíos o los Estados Unidos, es siempre la escuela de Hanbali la que resalta, se sigue y obedece.

Tierras e Islam
La civilización del Islam creó una importante y fundamental regla en relación con la tierra y es que ningún territorio sometido al dominio islámico podrá alguna vez ser des-islamizado. Si el enemigo [no-musulmán] logra conquistar el territorio dominado antes por el Islam, éste se considerará siempre propiedad del Islam.
De ahí que cada vez que se haga referencia al conflicto árabe-israelí, se escuche la palabra — territorios, territorios y más territorios. El conflicto árabe-israelí encierra otros aspectos, pero el tema de la tierra es clave.
El Islamismo no sólo ve la civilización cristiana como un adversario religioso, sino que la considera un tropiezo, un muro de contención, una molestia en el logro de las metas y fines islámicos.
El propósito del Islam es servir de fuerza militar divina, es decir el ejército de Alá, donde cada musulmán se convierte en un soldado de este ejército. El musulmán que entrega su vida luchando por diseminar y extender la cultura islámica se constituye en un shaheed (mártir) no importando la forma que muere, porque — y he aquí lo importante — se trata de la guerra eterna entre dos civilizaciones. Luego, el conflicto bélico nunca termina. Es una guerra que está allí porque Alá lo diseñó así. El Islam debe someter, regir y gobernar. El conflicto bélico nunca tiene fin.

Islam y Paz
En el Islam la paz únicamente puede existir dentro del mismo mundo Islámico; hay paz sólo entre musulmanes.
Para los llamados no-musulmanes, es decir los enemigos del Islam, sólo puede haber una opción — un cese al fuego hasta que el guerrero de Alá adquiera mayor poder. Es una guerra que continua hasta el final de los tiempos. La paz solo puede venir si el lado Islámico obtiene la victoria. En esta guerra las civilizaciones disfrutan únicamente de períodos de suspensión del fuego. La medida tiene su origen en un importante precedente histórico, al cual hiciera casualmente referencia Yaser Arafat al hablar en Johannesburgo después de la firma de Israel de los Acuerdos de Oslo.
Permítaseme recordar que aunque el documento de Oslo trata sobre paz — si lo lee usted ¡no lo creerá! Pensará que está leyendo algún relato de ciencia-ficción. Es decir, al leer los Acuerdos de Oslo no podrá creer que el documento fue firmado por los israelíes, gente tan versada y conocedora de la política y civilización Islámica.
Semanas después de la firma de los Acuerdos de Oslo, Yaser Arafat habló en una mezquita en Johannesburgo pronunciando un discurso donde pedía disculpas: “¿Creen ustedes que firmé algo con los judíos contrario a lo que dicen las reglas de nuestro Islam?” (a propósito, tengo una copia grabada de este discurso de Arafat y lo he escuchado de su propia boca). Y continúa Arafat: “No es así He hecho exactamente lo que el profeta Mahoma hizo”.
Cualquier cosa que se supone hizo el profeta Mahoma es un precedente. Lo que Arafat estaba diciendo era “Recuerden el relato de Hudaybiya”. En ese lugar el profeta hizo un acuerdo de paz por 10 años con la tribu de Kuraish. Pero a los dos años Mahoma entrenó a 10.000 soldados para marchar posteriormente sobre la Meca ciudad de los Kuraishis. Obviamente, Mahoma siempre tenía algún pretexto.
Así, en la jurisdicción Islámica, hay ahora un precedente legal que permite establecer acuerdos de paz por un máximo de 10 años. Pero, la Jihad [romper los acuerdos de “paz”] debe reactivarse en el primer momento disponible,
En Israel ha tomado más de 50 años a nuestro pueblo entender que no se puede discutir sobre paz [permanente] con los musulmanes. Al mundo occidental le tomará otros 50 años comprender que hoy se encuentra en estado de guerra con la pujante y fuerte civilización islámica. Debemos de una vez entender que al discutir sobre guerra o paz, no podemos enfocar el tema en términos belgas, franceses, ingleses o alemanes. Se habla de guerra o paz siempre en términos del Islam.

El alto al fuego como táctica
¿Qué hace que el Islam acepte o no un alto al fuego? En realidad una sola cosa — un enemigo demasiado duro y fuerte. El cese a toda acción bélica constituye solo una medida táctica.
A veces, el Islam tendrá que acordar un cese de las hostilidades en condiciones humillantes, y esto está permitido porque Mahoma también aceptó un cese al fuego en condiciones parecidas. Es lo que Arafat expresó con tanta vehemencia en Johannesburgo.
Cuando los políticos de occidente escuchan estas cosas rápidamente responden: “¿De qué me habla? Usted vive en la Edad Media. Usted no entiende los mecanismos modernos de la política y la diplomacia”.
Pero ¿cuáles mecanismos? No hay sitio para mecanismos políticos donde rige y acciona el poder. Además, quiero decir que — todavía no hemos visto el sangriento final. En el momento que el poder radical musulmán se apropie y controle de armas de destrucción masiva - químicas, biológicas o atómicas - éstas serán empleadas. No tengo la menor duda de ello.
Ahora que por fin sabemos que enfrentamos una guerra y que lo máximo que podemos obtener de ella son treguas transitorias, debemos preguntarnos cuál es el mayor componente en el cese al fuego árabe-israelí. Y es que el bando islámico es débil mientras el otro lado es fuerte. En los últimos 50 años, desde el establecimiento de su Estado, las relaciones entre israelíes y el mundo árabe se han basado exclusivamente en el poder disuasivo.

Cuando hay Islam, hay guerra
Lo que tenemos hoy en Yugoslavia y en otros países es debido a que el Islam logró meterse en estos sitios. Dondequiera que se permita el acceso al Islam, habrá guerra. La guerra viene simplemente como consecuencia de la actitud misma de la civilización Islámica.
¿Por qué se asesina salvajemente a los pobres de Filipinas? ¿Qué es lo que realmente pasa entre Pakistán y la India?

Infiltración islámica
Otro aspecto adicional que debemos recordar. El mundo Islámico no sólo se manifiesta abiertamente mediante una actitud bélica, sino que también batalla por infiltrarse.
Una de las cosas que occidente no entiende ni presta mayor atención es el hecho del tremendo crecimiento y desarrollo actual del poder Islámico dentro de las sociedades occidentales. Lo que sucedió en Norteamérica y en las Torres Gemelas hace poco no es algo que vino de afuera, sino de adentro. Y si Estado Unidos no despierta, un día de estos los norteamericanos se levantarán afectados — en el mismo país – con una guerra química o probablemente nuclear.

El final de los tiempos
Es relevante entender cómo cada civilización percibe el final de los tiempos. Sea Cristianismo o Judaísmo, sabemos exactamente la visión de los tiempos del fin.
En el Judaísmo, es referida por Isaías — paz entre las naciones, no sólo una, sino todas las naciones. La gente no tendrá necesidad de armas y la naturaleza misma sufrirá un cambio — un hermoso fin de días y el reino de Dios gobernando sobre la tierra.
Paralelamente, el Cristianismo muestra en el libro de Apocalipsis el día que Satanás será destruido. Desaparecerá el poder de las tinieblas y del mal. Esta es la visión Cristiana.
Veamos cómo el Islam concibe este tiempo. Hablo ahora como historiador. Para el tiempo final, el Islam ve al mundo completamente musulmán, bajo dominio total Islámico. Victoria completa y final.
No habrán cristianos, porque según las tradiciones Islámicas, los musulmanes ahora en el infierno deben ser reemplazados por otros, y los otros son los mismos cristianos.
Tampoco existirán judíos, porque antes de la venida del fin de los tiempos, estallará una guerra contra los judíos donde todos serán destruidos. Citaré ahora el enfoque de la mismísima tradición Islámica, de los libros leídos por los niños musulmanes en las escuelas: Todos los judíos morirán. Huirán para ir a esconderse detrás de los árboles y de las piedras, y en ese día Alá dará bocas a las piedras y a los árboles para expresar: “Oh Musulmán acércate aquí, hay un judío detrás de mí, asesínalo”. Esto es fundamental en el Islam. Sin lo anterior, el fin de los tiempos no puede llevarse a cabo.

¿Es posible poner fin a esta danza bélica?
La pregunta que en Israel nos hacemos es qué pasará con nuestro país, ¿hay posibilidades de terminar con esta danza bélica?
La respuesta es: “No. No, en un futuro inmediato”. Lo que sí podemos hacer es buscar la situación donde podamos conseguir relativa calma por algunos años.
Para el Islam, el establecimiento del Estado de Israel revirtió la historia del Islamismo. Primeramente, según el Islam el territorio islámico fue arrebatado por los judíos a los musulmanes. Ahora sabemos que para el Islam ceder un pequeño pedazo de tierra ni siquiera es aceptable. Así que todo aquel que piensa que la ciudad de Tel Aviv es un sitio seguro para vivir comete un gravísimo error. Tierras que alguna vez fueron sometidas al Islam, son ahora territorio de los no-musulmanes o infieles. Infieles, como los judíos, son independientes del dominio Islámico y han logrado crear su propio estado independiente. Para el Islam esto constituye anatema. Y aquí lo peor, Israel, estado no-musulmán, gobierna libremente sobre los musulmanes. Para el Islamismo esto es completamente inconcebible. Soy de los que creen que la civilización de Occidente debe mantenerse en unidad y apoyarse mutuamente. Aunque reconozco que no sé si esto será posible. Aun así, es Israel quien se encuentra en la línea frontal de batalla en la guerra entre civilizaciones. Israel necesita el apoyo de su civilización hermana, necesita la ayuda de Norteamérica y de Europa. Israel necesita la solidaridad de todo el mundo cristiano. De una cosa estoy seguro. El creyente cristiano puede ayudar y ver esta oportunidad como camino de salvación.

* Clase magistral dictada por el Prof. Moshé Sharon, profesor Emérito de Historia Islámica en la Universidad Hebrea de Jerusalem.

Septiembre de 2010

sábado, 23 de marzo de 2013

Un milagro: Bergoglio en las sandalias del pescador



Papa Francisco

 

 

 

 

 

 


No pude evitar sentir que los milagros existen cuando escuché que el elegido para ocupar la silla de Pedro era el cardenal Jorge Mario Bergoglio, porque debo admitir que tenía pocas esperanzas de que ese cónclave, que los medios nos presentan como una suerte de reunión de temibles burócratas, en apariencia alejados y ajenos a sus fieles, expertos en componendas, intrigas y traiciones, eligiera a un verdadero pastor, un hombre de fe y lleno de humildad –cualidad no menor en un cristiano: Jesús lavó los pies de sus discípulos- como lo es el Arzobispo de Buenos Aires.

Sin embargo sucedió. Habrá que creer que el Espíritu Santo descendió sobre las cabezas de los cardenales, como alguna vez, hace casi 2000 años, sobre las de los primeros discípulos. Como me dijo un amigo al que llamé poco después, no necesito esto para tener fe, pero un milagro, cada tanto, qué bien nos hace….

Soy cristiana pero no pertenezco a la Iglesia Católica.

 Mi padre, que es pastor protestante, comparte mi felicidad. Ambos hemos sido testigos de la vocación pastoral y 
ecuménica de Bergoglio en muchas oportunidades. Cuando las autoridades argentinas abandonaron a su suerte a las familias que perdieron a sus hijos en Cromañón, él estuvo allí para consolarlos y las puertas de la Catedral siempre abiertas para ellos. Un colega y amigo entrañable de mi padre, acabó sus días rodeado de amor y cuidado en un hogar para padres jesuitas porque Bergoglio, que lo había conocido en reuniones ecuménicas, gestionó un lugar para él allí cuando supo que estaba desamparado, pese a que no era católico.

Hace unos años sorprendió a los argentinos presentando en sociedad a su pastoral villera: un grupo de jóvenes sacerdotes que transmitían una mística impresionante por su compromiso con los pobres, viviendo entre ellos, soportando las amenazas del narco que está destruyendo a nuestros niños en los barrios más marginales.

Cuando en Argentina se sembraban desde el poder semillas de inútil discordia, él siempre trajo una palabra de unidad. No fue escuchado. Muchos políticos desertaron de sus Te Deum porque no soportaban tanta interpelación. A la desidia, a la venalidad, a la intemperancia. No querían cambiar. Pero todavía están a tiempo.

Siento que la elección de Bergoglio es comparable  a la de Juan Pablo II en el sentido de que es el anuncio de algo nuevo. Por primera vez un latinoamericano, por primera vez un Francisco. La elección del nombre es tremendamente significativa. Sobre todo viniendo de alguien cuyo compromiso con los pobres no es de palabra.

Hoy, cuando vi que el mundo entero estaba pendiente de un anuncio que, en la era de los smartphones y la instantaneidad de la información, iba a hacerse con métodos tan primitivos como son las señales de humo, me hizo feliz pensar que, cuando “todo lo sólido se desvanece en el aire”, todavía hay algo que resiste a la liviandad del ser, al relativismo que no puede sostener una verdad, que se deja llevar por la corriente.

Por eso quiero recordar unos párrafos de una homilía, del ahora Papa Francisco, pronunciada en el año 2006, que nos recuerdan que es un hombre en las antípodas del “pensamiento débil” que algunos filósofos quieren poner de moda:

“Es bueno recordar –decía Jorge Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires - que no es manso el cobarde e indolente sino aquel que no necesita imponer su idea, seducir o ilusionar con mentiras, porque confía en la atracción -a la larga irresistible- de la nobleza. Por eso nuestros hermanos hebreos llamaban a la verdad ‘firmeza’ y ‘fidelidad’: lo que se sostiene y convence porque es contundente, lo que se mantiene a lo largo del tiempo porque es coherente. La intemperancia y la violencia, en cambio, son inmediatistas, coyunturales, porque nacen de la inseguridad de sí mismo. Feliz por eso el manso, el que se mantiene fiel a la verdad”.

Desdichado el que no se mantiene mansamente en la verdad, el que no sabe en qué cree, el ambiguo (…). Desdichado el vengativo y el rencoroso, el que busca enemigos y culpables sólo afuera, para no convivir con su amargura y resentimiento. (…) Abramos los ojos, no es esclavo el que está encadenado, sino el que no piensa ni tiene convicciones.”

“Felices los limpios de corazón que no temen poner en juego sus ideales, porque aman la pureza de sus convicciones vividas y transmitidas con intensidad sin esperar los aplausos, el relativo juicio de las encuestas o la ocasión favorable de mejores posiciones. No cambian su discurso para acceder a los poderosos ni lo vuelven a desvestir para ganarse el aplauso efímero de las masas.

 Bienaventurados los que no entregan su palabra o su silencio a los que dominan. (…) Felices si seguimos el ejemplo de los que se animan a vivir con coherencia aunque no sean mediáticos. ”

“Felices si somos perseguidos por querer una Patria donde la reconciliación nos deje vivir, trabajar y preparar un futuro digno para los que nos suceden. Felices si nos oponemos al odio y al permanente enfrentamiento, porque no queremos el caos y el desorden que nos deja rehenes de los imperios”.

En las semanas previas a la elección del Papa, el mundo entero se dedicó a fijarle la agenda al futuro pontífice, a dictarle por anticipado lo que debería hacer. Pero el histórico cónclave de hoy eligió a uno que, como Juan Pablo II, dirá: “Doy los pasos que doy, no como los da el mundo, sino como yo los doy”.

foto: de Internet
Texto: http://opinion.infobae.com/claudia-peiro/
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Claudia Peiró

Editora de Especiales de Infobae.com. 
Licenciada en Historia (UBA) y periodista.
Fue columnista del diario Ámbito 
Financiero y de la revista La Primera.