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sábado, 2 de enero de 2016

MARGARITA MANGIONE, poeta y escritora argentina nos regala su poesía "Un año más - 1º de enero de 2016"

















Borges me enseñó que cada 1º de enero se debe escribir un poema, para no perder la costumbre de hacerlo durante todo el año. Acá está el mío, escrito en trova:
Un año más - 1º de enero de 2016
“No te des por vencido, ni aún vencido”
Pedro B. Palacios “Almafuerte”
Poeta argentino - 
13 de mayo de 1854- 28 de febrero de 1917

Un año más se ha marchado 
entre triunfos y fracasos,
que en el alma se han quedado
como alboradas y ocasos.

Si las dichas fueron muchas
y escasearon los dolores,
menores serán las luchas
para olvidar sinsabores.

Pero si fueron las penas 
las que en tu vida abundaron,
y están dentro de las venas
los venenos que dejaron,

atrapadas y en constantes
oleadas de gritos vanos,
a esos recuerdos frustrantes
déjalos de ti lejanos.

Aprende a vivir el día 
y a olvidarte del ayer,
si lo haces con alegría
nadie te hará entristecer.

Mira siempre hacia adelante 
pues si no, puedes caer,
muestra tu rostro radiante
y Dios te ha de proteger.

“Sempre avanti” nos decía
el poeta de “Almafuerte”,
ése, que tanto sabía,
de la vida y de la muerte.

Palacios nos enseñó 
a no darnos por vencidos,
en sonetos que escribió
con los versos más sentidos.

A no sentirnos esclavos, 
a levantarnos mil veces,
siendo feroces y bravos
a la virtud se enaltece.

El presente es un regalo 
que el Creador te ha ofrecido,
deja de lado lo malo
y no habrá día perdido.

Enfréntalo con el alma 
llena de fe y de esperanza,
toma la vida con calma
¡que así le dicha se alcanza!




Currículum Vitae breve de 
Marga Mangione  - Mayo de 2013


Poeta y Escritora. Fundadora, Directora y Coordinadora del Grupo Literario "Almafuerte” (19/12/2003) y del Grupo de Interpretación Teatral “Almafuerte” (9/04/2012) Auspiciados por la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Berazategui.

Nació en Quilmes, Buenos Aires, Argentina, el 23 de mayo de 1940. (Por error en su documento figura el día 22) Desde los dos años reside en Berazategui, a la que considera "Su Ciudad"(MI 
CIUDAD).  Escribe desde los quince años. Comenzó a participar en concursos a partir de 1996. Obtuvo hasta la fecha más de 50 premios en poesía y narrativa, y los siguientes Nombramientos y Nominaciones:


Dr. Honoris Causa en Literatura de la WAAC –Academia Mundial de Arte y Cultura – 
Miembro Vitalicio de la WAAC

Delegada-Embajadora de PAZ-IFLAC en Berazategui

Miembro de Honor Sociedad de Arte de Bolivia

Miembro Honorario Fundador de UNILETRAS-Colombia

Mujer Innovadora 2007 en Literatura – Honorable Legislatura Prov. de Buenos Aires  

Cónsul en Berazategui Movimiento Poetas del Mundo-Chile

Hija Predilecta y Miembro de Honor de SIPEA-México

Miembro Honorario Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana-Israel

Embajadora Círculo Universal de Embajadores de la Paz - Francia/Ginebra

Mujer Destacada 2013 - Honorable Senado de la Provincia de Buenos Aires.

Participó en más de 60 Antologías de Poesía y Narrativa. Publicó 3 Novelas, 3 Libros de cuentos y 4 Poemarios. Compiló 6 Antologías Tituladas: “Duendes del Sur” I, II, III, IV, V y VI del Grupo Literario “Almafuerte”


jueves, 2 de enero de 2014

HORACIO QUIROGA, escritor de notable popularidad en Uruguay y Argentina= su imagen lograda por el artista plástico uruguayo Ruben Galusso, radicado en Argentina







































Su padre Prudencio Quiroga (argentino) se casa y se radica en Salto Uruguay, con Juana Petrona Forteza a quien llamaban "Pastora", también argentina.

De ese matrimonio nace Horacio Quiroga el dia 31 de Diciembre de 1878, siendo el cuarto hijo del matrimonio.

Vida intensa la suya signada por la tragedia que continuó marcándolo hasta después de su muerte, y sus años (pocos en realidad) de su vida en la selva misionera forman la imagen de Quiroga que conocemos.

Pero Horacio fué un hombre de pensamiento muy profundo, enamorado de la vida y las mujeres...(jóvenes) intenso lector, y por sobre todo un excelente escritor.

Cada poco tiempo tomo uno de sus libros y al azar leo y vivo una y otra vez sus cuentos.

Este dibujo es mi muy modesto homenaje a quien me ha proporcionado tantos y tan buenos momentos de buena lectura. 

tinta china y lápiz color


El almohadón de plumas 
[Cuento. Texto completo.] 



Horacio Quiroga 


 Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer. 

Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial.

 Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre. 

 La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia. 

 En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido. 

 No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra. 

 Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.
 -No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja-. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida. 

 Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección. 

 Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor. 

 -¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra. 

 Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror. 

 -¡Soy yo, Alicia, soy yo! 

 Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando. 


 Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos. 

 Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor. 

 -Pst... -se encogió de hombros desalentado su médico-. Es un caso serio... poco hay que hacer... 

-¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa. 

 Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha. 


 Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán. 

Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón. 

 -¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre. 

 Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras. 

-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación. 

 -Levántelo a la luz -le dijo Jordán. 

 La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban. 

-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca. 

 -Pesa mucho -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar. 

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. 
Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. 
Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca. 

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia. 

 Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.

 Cuentos de amor de locura y de muerte, 1917

FUENTE DEL CUENTO: http://www.ciudadseva.com/

La ilustración y los datos biográficos los recibí del autor, mi amigo Ruben Galusso, al que agradezco y felicito.

Invito a mis lectoras/es a visitar su hermosa muestra virtual y viajera:
http://muestravirtual-y-viajera.blogspot.com.ar/


viernes, 26 de julio de 2013

BUENOS AIRES: Murió el artista plástico León Ferrari. El hombre que erizó los ánimos pacatos.

Por  | LA NACION















Enorme pena y vacío deja en el mundo
del arte la muerte de León Ferrari , que
nos dejó hoy, a los 92 años, tras una l
arga y fecunda vida. Fue un artista
comprometido con sus ideas y con su
credo estético al que suscribió con
convicción y sin claudicaciones.
 
" Civilización occidental y cristiana "
se llamó su obra más famosa, que en
tiempos del Di Tella lo llevó a la primera
plana de los medios y sacudió a la
crítica con el mensaje corrosivo y
político, en plena guerra de Vietnam, 
del Cristo crucificado en un bombardero.

Hombre de familia, amigo de sus amigos,
tierno, cálido, de inesperado sentido del
humor, la fama y el éxito del mercado le
llegaron tarde en la vida por las razones
menos pensadas. Su muestra prohibida
y piedra del escándalo en la sala
Cronopios del Centro Cultural Recoleta
lo colocó en el centro de una polémica
desatada por el contenido provocativo
de sus esculturas. Más de una vez había
erizado los ánimos pacatos con sus
dardos conceptuales, dirigidos a las
autoridades eclesiásticas y al poder militar.
Basta con recordar las portadas
intervenidas del Observatore Romano.
 

Pero aquella vez, la muestra de la
Cronopios y el láser de su pensamiento
provocaron el cierre de la exposición.
Lo que vino después era previsible.
Inevitable, dadas la magnitud y
grandeza de su arte: reconocimiento
del público y la valorización en el
mercado de sus obras que pasaron a 
cotizarse cinco, diez veces más.

Premio Costantini , Premio de Pintura
del Banco Central, seleccionado por
Robert Storr para la 52 Bienal de Venecia.
En esa oportunidad, el jurado internacional
le otorgó el León de Oro de Venecia,
máximo galardón. Parecía cumplirse el
derrotero de toda una vida. Allí, en Venecia,
lo crucé en el vaporetto rumbo al Lido,
junto a Alicia, su mujer de toda la vida.
Se reía y gozaba como un chico de ese
triunfo y de vivir en la magnificencia del
Excelsior rodeado de los figurones del 
 jet set del arte.



El Cristo de Ferrari crucificado en un bombardero. 
Foto: Archivo-LA NACION

Artista conceptual, su cuadro escrito marcó
un quiebre en la producción nacional del
siglo XX, es una obra liminar en la que se
miraron como en un espejo los jóvenes
finiseculares. El exilio durante la dictadura
lo encontró en San Pablo donde produjo
una selección de trabajos geniales años
inspirados en las autopistas paulistas más
tarde incluidos por Adriana Rosenberg
como curadora de la Bienal de Mercosur.


Con León Ferrari, el país pierde a uno de
sus artistas más originales . Pierde también
a un hombre íntegro, eternamente joven,
capaz de experimentar con materiales
inéditos y empezar de nuevo, otra vez, en
el último codo de la vida. Adiós, León.

Te vamos a extrañar. 

Twitter: @alicearte     |  
Mail: aarteaga@lanacion.com.ar

Alicia de Arteaga
        Se graduó de Licenciada en Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba, con Medalla de Oro y Premio Universidad. Fue becaria del Conicet en la Categoría de Iniciación a la Investigación durante dos períodos en los que realizó un trabajo de campo sobre los medios de comunicación masiva "La radio y su relación con el desarrollo socio cultural".             

Desde 1982 integra la redacción de La Nación. Inició las secciones Mercado de Arte y En la trastienda con información referida a subastas, exposiciones, arte y antigüedades. Fue editora de Información General y de la Revista de los domingos.

Actualmente edita la sección Arte que se publica los domingos en el Suplemento Cultura. Es vocal de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos y miembro de la Comisión de Cultura del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. Integra el Comité de Admisión de Arte BA, Feria de Galerías de Buenos Aires.             

Fue profesora adjunta de Géneros y Estilos Informativos en la carrera de Ciencias de la Información de la Universidad Austral, y en 2004 dictará la Cátedra de Arte y Comunicación, en la carrera de Gestión Cultural de la Universidad del Salvador.     

martes, 27 de julio de 2010

El poeta Jose Pivín
y 4 versiones de Photoshop-
Foto montaje










La mas sexy de las artistas de
cine norteamericano de los
años ' 50 del siglo XX,
MARILYN MONROE, sostiene
una foto del poeta Jose Pivín